Joven periodista: ¿oxímoron?

No descubro América si afirmo que hoy en día el periodismo no es viable, ¿verdad? Los jóvenes no podemos vivir de su usufructo, salvo en contadísimas excepciones. Hace 20, 30 o 40 años el periodista -o abogado, o médico, o economista…- finalizaba la carrera y seguidamente ingresaba en una radio, en un periódico o en una televisión con contrato vitalicio. Eso sí era un periodismo seguro, un medio de vida digno. Hoy en día un elevadísimo porcentaje de los estudiantes de periodismo salen de la carrera directos a la gestión del vacío; toca buscarse la vida en otros menesteres. Las soluciones: otra carrera, unas oposiciones, trabajar de lo que surja -en casa o en el extranjero-, saltar al vacío y emprender… ¿Cuántos buenos periodistas se están perdiendo? ¿Cuántos han tenido que renunciar a su vocación en pro de buscarse un futuro tangible? ¿Qué estamos haciendo? ¿Cuántos saurios -con o sin título de periodista- engrosan las plantillas de los medios cobrando un pastizal, realizando una labor mediocre fruto de la acomodación y la inmovilidad, no dando oportunidad a las nuevas generaciones? Repito, ¿qué estamos haciendo? Mejor dicho, ¿qué nos están haciendo? Cuánto talento derrochado, madre mía… Hace falta un puñetazo en la mesa ya. Habría que aprovechar este paradigma cambiante fruto de la digitalización de los medios para pillar en fuera de juego a la gerontocracia y hacernos con las riendas de nuestro presente y futuro.

Hay un reducto heterogéneo, un porcentaje ínfimo de la juventud que consigue vivir, sobrevivir o malvivir del periodismo. Varios son los casos:

Está el becario sempiterno. Ese atontado egoísta que no hace favor ninguno a sus quinta de compañeros de profesión, aceptando trabajar por dos cochinas pesetas e incluso gratis y haciendo una labor esclava y multiusos en la redacción. Si tú te tiras cinco años trabajando por 300 euros al mes, laborando tanto o más como cualquier compañero de plantilla, ¿qué necesidad tiene el medio de cubrir esa vacante con un contrato digno? ¡Fuera!, no aceptes. Las becas son efímeras; 3, 6 meses, no más; el tiempo preciso para aprender el funcionamiento del oficio y establecer algún contacto con el mundo laboral. Hace poco la Federación de Asociaciones de la Prensa Española lanzaba una campaña en contra de la aceptación de estas prácticas vejatorias, a la cual me sumo y aplaudo desde aquí.

Otro caso es el del trepa, pelota, o dicho de forma vulgar (“con perdón de las damas”, como diría Maradona), el mamavergas: dícese de aquel que no le importa tres carajos a quién haya que pisotear para llegar donde se propone. Desvergonzado hasta el extremo, esa es su principal y única virtud; bueno, esa y la de agacharse bajo la mesa del director, ya sabéis a qué me refiero… De tanto pasearse por la redacción gastando saliva, le acaban concediendo el empleo deseado, por pesado y complaciente. Es como el político que llega a la cúspide del partido; mediocre y fiel a la consigna marcada (y con la lengua a prueba de ojetes). Luego, de ahí salen los Marhuenda o los Ojeda de turno. Este último caso es el del infiltrado que le cae en gracia a los poderosos; también lo incluimos dentro de este apartado.

Una manera heroica, aunque indignamente digna (oxímoron) de tratar de pervivir en el oficio y no renunciar al sueño (al acto de dormir sí renuncias), es la del multiempleado digital. Me refiero a quien trata de buscarse la vida emprendiendo y colaborando con 40 mil medios, pero que no llega a recaudar quinientos euros mensuales. Para él no hay respiro: Ahora crónica para X periódico deportivo, reseña para tal revista cultural, nueva entrada en su blog, grabación de un nuevo podcast para su programa radiofónico online, revisar en Google Analytics por donde se le están yendo las ventas de su empresa de ecommerce, finalizar la práctica del cursillo de herramientas digitales, implementar campaña SEM en redes sociales del nuevo magazine digital que acaba de fundar ¿Y dormir cuándo? ¿Y vivir?

Otro pilar (Rubio) importante del periodismo emergente de hoy en día, son las dos tetas. La tía más tonta de la carrera, si está buena y es un poquito zalamera, tiene el futuro asegurado. Al contrario, el número uno de tu clase, por muy genio que sea en el oficio del plumilla, lo tiene crudo. Siempre se ha dicho que “dos tetas tiran más que dos carretas”. En el caso del periodismo, se podría decir que dos tetas tiran más que una carrera, que dos másteres, que cinco idiomas… Ante las cámaras siempre va a ver sitio para la chica guapa y tonta. Ejemplos tenemos a patadas en la televisión: Carbonero, Pilar Rubio, la siesa del Intermedio, la de la pizarrita de La Sexta Noche, la Pedroche… No sé si calificar esta práctica generalizada de emplear a las dos tetas y la cara bonita como machista. Realmente no sé si la culpa es de quién contrata, del público que demanda a la buenorra de turno, o de ellas, que de sobra saben que no están capacitadas, o que hay compañeros con mucho más nivel para el puesto, y en cambio lo aceptan sin decir ni mu, sabiendo que están ahí por lo que están. Sonrisita y felación. Oye, pero que hay excepciones: ahí está Ana Pastor por ejemplo.

Pese al kafkiano panorama anteriormente expuesto, aun queda un pequeño rayo de esperanza en este cielo gris casi negro del periodismo. Ese haz luminoso lo integran los Jorge Bustos, los Hughes y los Jabois. Periodistas jóvenes que triunfan actualmente en medios nacionales y suponen un ejemplo para los que empezamos. Raras avis, románticos amantes de las letras clásicas, que han conseguido progresar mediante la meritocracia. Son ejemplo, paradigma de un nuevo periodismo que tiene sus referentes en un luminoso pasado que ellos han rescatado del olvido: en Camba, en Ruano, en Chaves Nogales, en Alcántara… Genios de la palabra que se han abierto un hueco entre los grandes porque se lo han ganado a pulso y han sido recompensados. Por que han leído hasta dejarse las retinas. Referentes motivacionales para los que estamos en ese punto de indecisión de tirar o no la toalla.

 

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3 comments

  1. Me parece un artículo lleno de tópicos y obviedades, sin aportar demasiado. Sin mencionar el machismo que delata.

    Además, se te olvidó poner un tipo de periodista: aquellas personas que después de estudiar la carrera y el máster nos hemos especializado en una rama y hemos acabado con un trabajo digno antes de los 25, sin poner las tetas por delante, ni pisar a nadie. También existimos.

    De todas formas, me parece que lo que dices refleja una parte importante de la realidad que está bien que no se olvide.

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