48 horas con Snapchat

Me sentía como si alguien me hubiese lanzado el guante; quizás yo mismo, o la sociedad, o la juventud. Tenía que recogerlo y aceptar el reto de intentar hacerme con Snapchat en un tiempo determinado: 48 horas. Suele decirse que uno se siente mayor cuando va por la calle y los muchachos le llaman señor y le tratan de usted. Yo me sentí mayor cuando los adolescentes hablaban de Snapchat y yo arrugaba el gesto y les miraba con cara de “¿esto qué es lo qué es?”

Tenía que poner rauda solución a mi obsolescencia. Me puse manos a la obra, me dirigí al Store y descargué la aplicación del fantasmita. Una vez pasé el registro previo y elección de nombre de usuario, foto de perfil (dinámica por cierto) y demás; me encontré con el objetivo de la cámara apuntándome, y mi cara reflejada en la pantalla del dispositivo. Me dije que me había equivocado y que por error había accedido a la cámara del móvil. Pronto descubrí que no: aquello era mucho más complejo que una simple app fotográfica.

Sintióse mi persona como cualquiera de nuestros mayores cuando falto de contrincante le colocabas el mando de la Playstation entre las manos y lo ponías a jugar contigo al Pro Evolution; este pulsaba todos los botones del mando sin ton ni son en busca de cualquier combinación efectiva. Yo igual: presionaba con el índice en la pantalla, deslizaba el dedo hacia arriba, abajo, a la derecha; ora hacia atrás, ora regreso a la pantalla inicial… Involuntariamente logré sacarme cuatro o cinco selfies. Descubrí la opción de añadir texto a la foto y a uno de esos autorretratos no deseados lo bauticé con un “probando esta app tan rara”. Seguidamente, y no me pregunten cómo lo conseguí, compartí el logro en lo que se suponía que era mi perfil.

Caí en la cuenta de que no le había llegado a nadie, no tenía amigos… Me sentía frustrado; nadie iba a poder ser partícipe de mi consecución. Mis sensaciones debían ser parecidas a las del niño que llega el colegio nuevo durante la hora del recreo: ¡necesitaba encontrar amigos (en Snapchat)! Tras seguir un par de tutoriales en la web, conocí las vías para agregar amistades a tu perfil. Recurrí a mi agenda de Whatsapp, donde apenas encontré ocho contactos compatibles; la mayoría de ellos primos adolescentes o hermanos pequeños de amigos. Los míos no estaban: demasiado viejos. En fin, agregué a los que pude y mandé algún mensaje a modo de prueba y con el fin de dejar constancia de mi existencia en aquel universo pueril gobernado por la efebocracia.

Había leído y oído acerca de una de las funciones más populares de Snapchat, los filtros fotográficos. En su prueba y experimento, me puse a trastear con la cámara y pasé un rato divertido prestando el contorno de mi cara al rostro de amigos y familiares de los que guardaba fotos en la galería. También me disfrace de cánido, de zombi, de hawaiana…

Deslizando la pantalla dos veces a la derecha descubrí Discover (valga la redundancia); un apartado que llamó mi atención como periodista. Allí pude localizar distintos medios internacionales como CNN, MTV o National Geographic. Lógicamente accedí a ellos y descubrí un novedoso formato multimedia por el que exponer el contenido diario. Se me pasó por la cabeza que el futuro de los medios nacionales -en pos de conquistar al público más joven- pasaba por allí; me pareció muy atractivo la combinación en la misma pantalla de vídeo, audio, imagen y texto. Además el contenido resultaba ameno, atractivo por lo llamativo y fresco, y exento de distracciones. Creo que pronto veremos a EL PAÍS, a El Huffintong Post o a Neox con su propio canal en Discover.

Casualmente, en el informativo de la tarde, Antena 3 Noticias anunciaba su presencia en Snapchat; no como canal en Discover, sino como cuenta. En pos de ver su actividad en el medio traté de agregar esta cuenta a mis contactos. Tuve que remover cielo y tierra para conseguir el nombre de usuario de la cuenta de A3Noticias, ya que no he logrado descifrar aún el algoritmo del Snapcódigo (agregación de usuarios por medio de una suerte de código QR). Tras antena 3, engrosé mi escuálida lista de contactos con RTVE y Sefútbol. Comprobé que tanto A3 como TVE ofrecían de manera precaria el contenido que hay detrás de ‘bambalinas’, lo que no se ve en la tele. La Selección nacional, no publicó nada. Podemos considerar que estos medios se encuentran en fase beta, están explorando las posibilidades de Snapchat.

Una vez finalizaron las 48 horas decidí desinstalar la aplicación de mi móvil, presionado por el poco espacio que dispongo en el dispositivo. Pienso que actualmente no me es útil ni me resulta interesante la app, pero de aquí a un tiempo retornaré; cuando el periodismo (los medios) tengan mucho más presente a Snapchat. Por ahora se queda en una red para que los adolescentes jugueteen. Es complejo comprender su funcionamiento, hace falta tiempo y cierta pericia para hacerse con esta app, que no sigue un único camino recto, sino que se bifurca conformándose una suerte de espacio social con diferentes compartimentos estancos.

 

 

 

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