Autor: Manuel López Sampalo

Periodista, políticamente incorrecto.

¿Rendición?

Atentos a la escena: Ayer por la tarde. Antesala de la consulta de la loquera (sanadora de melancolías, para lo cursis). Sentados a mi vera, con una silla de separación, una pareja de unos cuarentaitantos. Frente a nosotros una monja que acompaña a una señora mayor y de apariencia adinerada. Sor Fulana rompe el silencio, lanza un comentario que ninguno captamos, aunque todos sonreímos educadamente: lo mismo se podría estar ciscando en nuestras castas que preguntándonos la hora. Repite: “Digo, que el niño ha salido al abuelo”. Nos miramos mientras procesamos la frase. La novia o esposa responde confusa, “sí, el niño…”, y luego “no, no”. Salgo yo al quite: “Señora (hermana suena raro), no somos familia”. La monja, para arreglarlo: “Es que como él es tan alto y ustedes tan bajitos, pues pensaba yo que salía al abuelo”. Al rato, sin quererlo, me entero de que ellos estaban allí porque habían perdido a un hijo.

*

Pero, yendo a lo serio: Van tres días seguidos que me cruzo por la orilla a David Barral, haciendo lo que nunca hace sobre el césped: correr. Quizás deba plantearse pasarse al fútbol-playa. Como futbolista se le recordará no por sus goles, sino por un tuit: el de la sandía.

*

Anoche terminé la novela ‘Rendición’, de Ray Loriga. Notable. Se me ha quedado grabada la frase del protagonista sin nombre cuando llegan a la Ciudad Transparente: “donde no hay pudor, no hay rubor”, recuerda que le dijo su madre. Pienso en esta potente sentencia mientras imagino la mierda inodora bajando, mostrándose, por esas tuberías de cristal, o el sexo, también sin olor, a la vista de todos. Saco dos reflexiones del libro de Loriga.

Una es que el autor ignora en su distopía que muy pronto lo audiovisual será audiolfativovisual. Imagina un futuro inodoro, cuando ya hay prototipos de pantallas con olor: Piénsense viendo Gladiator oliendo la sangre, el sudor, el hierro quemado. O leyendo con una pinza en la nariz los tuits de Rufián.

La otra es que el protagonista, en realidad, no se rinde. Él resiste hasta que es posible. Como Cristiano Ronaldo en el Real Madrid, o como el Real Madrid con Cristiano Ronaldo: ¿La resistencia tiene que ser hasta la muerte? Y aquí dos máximas tópicas, pero ciertas: Más vale una retirada a tiempo y Adaptarse o morir.

Por cierto, que no me sorprende del libro que el autor no les haya puesto nombre al protagonista de la novela ni a su mujer; sino que yo no se los haya puesto. Ni siquiera rostro.

*

Volviendo a Cristiano. Bellísima la portada de Marca hoy. Pero se dejan el gol más importante que ha marcado CR7 a su paso por el Madrid: el que metió con la camiseta del Granada. Testarazo que nos dio la victoria en Los Cármenes por uno a cero. Gracias, Cris.

*

El martes en lo de Alsina. Entrevista al diputado de la CUP, Vidal Aragonés. El presentador de ‘Más de uno’ le pregunta que si Torra se bajó los pantalones en su reunión con Sánchez. El cupero responde que ellos no responden a cuestiones LGTBIfóbicas… Estos rufianes, además de al champú, tienen fobia a la inteligencia en cualquiera de sus manifestaciones.

*

Me despierto cada mañana, desde el 7 de julio, a eso de las 7,40 sin necesidad de despertador; basta con dejar dos dedos de la persiana abierta. Digo que me levanto temprano, sin necesidad, y con la ilusión de un niño en Reyes, para ver los encierros de San Fermín. El culpable: Chapu Apaolaza, que me ha ‘emponzoñado’, aún más si cabe, con la relectura de su libro ‘7 de julio’: que, si no lo han leído ya, no sé qué c*** hacen con su vida.

Chapu, es hoy la punta de lanza del periodismo taurino. Portavoz de la Fundación Toro de Lidia y comentarista de San Isidro para Movistar. Para el desconcierto de los que estén prejuzgando a Apaolaza les diré, si no lo saben, que no es ningún monstruo. Por poneros un ejemplo, que rompa sus esquemas, ganó en 2017 el galardón de periodismo de Unicaja por un artículo precioso sobre las dos egregias travestis gaditanas, La Petróleo y La Salvaora. Aquí va un extracto: “Me sirvieron un DYC. Quería preguntarles por la lucha gay, la censura y toda la vaina y entonces la Petróleo abrió fuego: ‘Nosotras somos las artistas porque cantamos con nuestra voz, no como las demás’. Comprendí que se merecían una entrevista de estrellas y hablamos de la copla y del arte y de Concha Piquer. ¿Qué importaba el sexo o el travestismo de cada uno? Allí, con los rellenos de silicona encima de la mesa comprendí lo que era ser reportero. De alguna manera, esa noche nací como periodista. La Petróleo me hizo un hombre.”

(Perdonen que hable tanto de mí, pero es lo que tengo más a mano).

Anuncios

Cornadas

En julio y agosto uno disimula su paro moviéndose entre los veraneantes.

***

A dos minutos de comenzar el encierro de hoy, con un punto sádico y otro poético, el comentarista de San Fermín para RTVE dijo: “Ahora ya no hay marcha atrás. Esto es una cárcel sin techo”.

“Las teles nos enseñan el calentamiento, pero nos ocultan el partido.”, decía el periodista Rubén Amón a raíz de las polémicas declaraciones del alcalde de Pamplona, Asirón, en las que sugería unos Sanfermines sin corridas de toros. Cuanto más animalismo, menos humanismo.

***

Mi amigo Casimiro (muy de Miquel Silvestre) volvió más hombre, y con las manos quemadas, de su hazaña en moto: Perpiñán-Cádiz en una jornada. Ahora bebe a morro los litros de Cruzcampo y hace ‘manspreading’ sin pedir permiso ni perdón. La pasada juerga, un amigo común, le preguntó a eso de las tres y pico que cómo se iba a levantar “mañana” a las siete para ir a currar. Y él, tan pancho, soltó que “con Herrera”.

***

El siete de julio no hace falta que suene el despertador porque Chapu ya está despierto: es más, no ha llegado a estar dormido en toda la noche. Se ha contenido en la cama como Bolt en los tacos. Le pesan en la cabeza los pacharanes de anoche. Va en sigilo hacia el baño y no se afeita porque ahora luce barba. Canta copla en la ducha para exorcizar las ideas obsesivas y mandar al carajo la ansiedad. Sabe, como los que lo sabemos, que el miedo no es a la muerte, sino al miedo, al Pánico. Tampoco se sienta a la mesa de la cocina: se toma, la taza temblando, un café sobre la encimera. Da dos sorbos y lo deja. (…) Ya está frente al santo moreno en la cuesta de sus pesadillas. Sus Termópilas. Los dos minutos que van del segundo al tercer canto/rezo le matan, le están reventado el sistema nervioso. Es ESA decisión, ante la última puerta de salida, la que lo deja a orillas del pánico. (…) Se le pasó el tren y ya no hay opción. Gora San Fermín!, cohete, y toro. (…) Luego, LA VIDA.

***

Juan José Padilla, no solo ha bailado con la muerte, como cualquier torero. Padilla se la ha follado, en dos ocasiones, y ha vuelto, con estigmas, para contarlo.

Cuando el toro introdujo el pitón por el cuello de Padilla y lo sacó por su ojo izquierdo, el periodista Paco Ballesta se encontraba en la casa familiar del torero, a las afueras de Jerez. Le dijo a su cámara que dejase de grabar, que paraban el reportaje. Los padres del diestro, que vieron la cogida por la tele, no lo quisieron así, y les dieron la venia para continuar: eso era el toreo y el sufrimiento de una familia. Gracias a su generosidad, pudieron captar la esencia, no del toreo, sino de la misma vida.

Dos días atrás, Ballesta había estado reportando en el domicilio de Padilla, en Sanlúcar de Barrameda; allí se ve al torero, poco antes de ir a citarse con la muerte –su amante- en una alcoba de Zaragoza, llevando a su niña en coche al colegio, entrenando por las playas del Coto, charlando con los vecinos. Aún era un grumete.

***

A comienzos de mayo de 2008, Alberto Contador disfrutaba junto a su pareja de unos días de relax en las playas de Chiclana de la Frontera. A 48 horas de comenzar el Giro de Italia, le llamó su director de equipo: necesitaban cubrir de urgencia una baja importante. El pistolero se quitó el bañador, se sacudió la arena y tomó un avión para Palermo. Tres semanas después cruzaba vestido de rosa la meta de Milán. Era el segundo español después de Induráin.

Tengo un maillot amarillo, y no es un maillot cualquiera. Es de líder del Tour y lo compré hace unos cuantos veranos en Londres. Mi madre, médico, fue a un congreso a Pamplona del que participaría Miguel Induráin, le metí el maillot en su maleta, y le dije que me lo trajera firmado, por favor. A la vuelta, con permanente negro, rezaba a la espalda del maillot esta inspiradora dedicatoria: “A Manolo. Que logres tantos éxitos como batallas luches. Miguel Induráin.” Lo tuve un buen tiempo pendido del corcho de mi habitación. Hace poco, mi madre, carcajeándose, me dijo que era falso, que si acaso no me había dado cuenta que era su letra, que Induráin nunca apareció por el congreso.

Sin memoria

Imagina que le quitan el Mundial a España. Que no hubo gol de Iniesta. Y, por tanto, no hubo beso de Iker y Sara. Tampoco tú besaste, entre la euforia y las olas, a esa chico o chica que pintó de naranja tus mofletes con los suyos. Desde luego, al siguiente abril no nació tu hija, fruto de la pasión. Y la estrella se ha descosido. 

Ahora, deja de imaginar, y recuerda que a Amstrong sí le quitaron, -¡zas!, de un plumazo-, siete Tours de Francia. Quedando estos desiertos. Inexistentes. A mí, con esto, me robaron siete veranos de la infancia. Siete julios en los que para ese niño el Tour era sinónimo de verano, y el verano lo era de vida.  

Quién me devuelve el tiempo y las ilusiones invertidas. Quién y por qué me quitó las siestas con mi padre al calor de la Vega de Granada y de la voz de fondo de Perico y Carlos. Por qué me saquearon la magia que suponía levantarse por la mañana, abrir el periódico y consultar la clasificación y el perfil de la etapa del día. Y a quién le molestó, hasta erradicarlo, que a la tarde me fuera con la bici por los carriles a emular a mis ídolos.  

¿Por qué le quitaron los Tours a mi antihéroe robándome así lo más preciado de la infancia, que es el héroe? 

No tengo respuestas.  

El único consuelo es que hoy, cuando me cruce al pedante, al soberbio de turno, podré decirle, mirándole a la cara y sin miedo a que me corrija, que Lance Amstrong ganó siete Tours de Francia. Y así, recuperar, aunque solo por un día, aquella infancia que me expoliaron.  

Gafas de poeta

Hoy es de esos días en los que haces por ser columnista. Que el artículo no te llueve, pero estás dispuesto a morder la jornada hasta arrancarle las palabras que aquí escribes. Porque sabes que cada día tiene su crónica.

Te vas, entonces, a la playa, a caminar deprisa; que sabes que el movimiento excita tus meninges y agita tus neuronas (pides perdón a los neurocientíficos), y las pone a doscientos. Nada: hoy no es el día. No hay tema. No estás… Pero te empeñas.

(…) [Pedro Simón te enseñó estas elipsis]

Te acuerdas de aquel ejercicio que os mandó el profesor de escritura creativa, Cronopio Argüez: “Poneos las gafas de poeta y a la vuelta del fin de semana me traéis poesía sacada de la cotidianeidad”. Tú, siempre a última hora, viste la lista de la compra que dejó tu madre sobre la mesa de la cocina, y que decía,

“Leche

Huevos

Pan”.

Y, pillo que eres, como Iago Aspas en el área chica, añadiste “Besos”. Entonces así quedaba el ejercicio poético de andar por casa:

“Leche

Huevos

Pan

Besos”.

Y rememoras al profesor porque te quitas las gafas de sol al atravesar la muralla de Cortadura, límite entre lo urbano y lo salvaje. Ya sin gafas y en territorio virgen, pisas un charco salado, y te viene a la mente, no sabes por qué, Jesús Nieto Jurado, -hijo de Umbral y la Cibeles-: que te pidió un papelito en tu próxima columna. Y cavilas cómo escribirá él sus artículos. Él, no sabes; pero tú, sí. Y aquí se enciende la chispa, ya tienes electricidad. Gracias, Jesús.

Tú: escribes los artículos mentalmente (piensas que todos lo hacen así). A veces te encuentran, a veces los buscas. Juegas con la metáfora: Es como cuando enciendes una vela en una tarta de cumpleaños, hay ocasiones en las que gastas tres mecheros y un paquete de cerillas para que prenda, y otras que a la primera ¡chas! Bien, una vez que llamea la primera vela, la tomas en tus manos, la volteas, y vas prendiendo una por una el resto. Las velas son las ideas, y el fuego es esa electricidad de la que hablaba.

Como los artículos sueles fraguarlos en movimiento, es común que te pillen lejos de casa, por lo que tienes que acelerar el paso para volver y lanzarte lo antes posible sobre el papel para reposar ahí las ideas supervivientes. Tú lo explicas como cuando tu primo pequeño juega en la orilla y te pide que le traigas arena seca, vas hasta ella y la tomas con las manos en forma de cuenco, es inevitable que mientras marchas aprisa hacia la orilla se te vaya escurriendo parte entre los dedos.

Sueltas, junto a tu primito, esa arena que te ha quedado, con premura y alivio. Es decir, te abalanzas sobre el folio, ni has cerrado la puerta de casa, y de manera cuasi automática, -como el pianista que toca de memoria-, tu mano baila con papel y boli al compás que le dicta tu mente, sin filtro. Otra vez la electricidad. Una vez te has vaciado de ideas te quedas aliviado y extenuado, respiras, como cuando eyaculas (perdón, pero no encontré metáfora más exacta). Te das una ducha. Y ya relajado abres el portátil y en un Word pones en orden el producto caótico de esa explosión de culebras de tinta azul. Un poquito de colonia, y voilá!

Le has robado un artículo al día.

“Últimamente se muere tol’ mundo”

Reconforta saber que la gente sigue muriendo. Supone un alivio abrir el periódico por la página de las necrológicas y comprobar que la vida continúa su curso natural, pese a que el resto de noticias parezcan anunciar un cataclismo, una inminente implosión del mundo.  

En una esquela, como en una croqueta de abuela, cabe de todo. Desde un poema hasta un artículo de opinión, pasando por un anuncio publicitario: como aquella que pedía una oración por el alma del finado y a continuación aprovechaba para vender “Seat Ibiza rojo, seminuevo”. Que están muy caras las esquelas y hay que aprovecharlas. 

Mi amigo y maestro José Manuel envió siete veces al diario local una carta crítica contra el alcalde y no se la publicaban, ya que el regidor movía los hilos del rotativo. Harto, se presentó en el despacho del director y zanjó el asunto siguiendo un código mafioso propio de la mismísima ‘Ndrangheta: Puso 150 mil pesetas sobre la mesa para que le publicasen una esquela a toda página en el periódico. El mensaje era claro, una cruz y debajo el nombre del alcalde, además de desearle descanso con todos sus muertos. Dos semanas después dejaba la alcaldía. 

Lo de mi tía abuela María parece puro morbo macabro, pero no es más que fruto de su carácter beaturrón y cumplidor. Ella, desde hace 30 años, lo primero que hace al levantarse es abrir el periódico por las necrológicas. A la manera que hoy Facebook nos recuerda los cumpleaños, a ella el papel le avisa de si tiene que darle a algún conocido sus condolencias. En una ocasión leyó el nombre de su mejor amiga, Josefa García García, e inmediatamente llamó a su casa: la propia y supuesta finada le cogió el teléfono, y mi tía le dijo que la echaría de menos y que le pasara con su marido para acompañarle en el sentimiento. 

Desde que he redescubierto la prensa en papel, estoy deslumbrado con este género periodístico: tanto que ya no quiero ser columnista, sino esquelista. La muerte es un tema muy interesante y que nunca se agota, porque como dijo mi amigo Tony cuando falleció Rita Barberá: “últimamente se muere tol’ mundo”. 

Vivir como Mágico, escribir como Gistau

Si no se puede escribir como David Gistau, al menos uno intenta parecérsele. Para ello, es fundamental dejarse crecer la barba y la talega. Además, uno agrava su voz y afina su acento, y de manera automática al hablar colisiona una palabra con la otra, como un dominó, porque la mente le opera a una velocidad endemoniada. Y, si es necesario, se pone unos guantes de boxeo. 

De tanto leer a los buenos columnistas compulsivamente, no he aprendido a escribir como ellos, pero sí a vivir como ellos. Por consecuencia, he conocido que, para ser un prestigioso columnista, no hace falta escribir, sino vivir como tal. 

Hoy, sé que para ser columnista de éxito hay que cumplir con tres requisitos básicos: beber ordenadamente, vivir desordenadamente y escribir casi bien. Por ese orden, siendo el último prescindible. Por ejemplo: Un columnista serio no puede planificar más allá de la columna de mañana. El auténtico columnista ingenia sus mejores piezas en la resaca de un martes (las buenas columnas no las levanta el sacrificio, sino el vicio). El columnista fetén solo debe preocuparse por el dinero si no le llega para convidar a la siguiente cerveza o al próximo whisky: es entonces cuando este siente la necesidad de escribir (he aquí el motor de la columna).  

De ahí que, los maestros de la columna, como tiende a pensarse, no fueron ni González-Ruano, ni Umbral, ni siquiera Larra. El paradigma de gran columnista fue Mágico González: que no escribió ni una sola línea pero, con su ejemplo, sentó las bases de la ortodoxia vital de la canalla columnística. Así Jabois, por ejemplo, cuando quiere empaparse de estilo no bucea en las antologías de Camba, sino que se pone a ver en Youtube compilaciones de jugadas del ‘mago’, no con el Cádiz, sino en la noche de Cádiz.   

Yo, lo dicho: quiero ser Gistau. Para ello no pienso dejarme las retinas leyendo ni irme a cubrir una guerra, pudiendo quedarme en el sofá repanchingado viendo un partido del Mundial, atusándome la creciente barba, fumándome un Ducados tras otro, alternando con buches de cerveza. Mañana presumiré de talega en la playa y de columna en mi blog. 

Guárdame el sitio, que ahora vuelvo

“Guárdame el sitio, que ahora vuelvo”. Eso le dije ayer en la playa a un amigo cuando me levanté a dar el paseíto. Salí por la otra punta de la playa y me fui directo a casa a comer. Anoche recibí un whatsapp de este amigo en el que me decía “He cumplido, tu toalla sigue en su sitio”. Esta mañana, cuando he vuelto a bajar a la arena a recoger mi toalla con el escudo del Real Madrid me he encontrado con que un vagabundo dormitaba sobre ella. Me acerqué cautelosamente y le pregunté al señor si era del Madrid, a lo que me respondió con un gruñido en alemán. Entendí que sí y se la dejé.

“Guárdame el sitio, que ahora vuelvo” es también lo que le debió decir Mariano Rajoy al señor que ocuparía su cargo de registrador de la propiedad cuando este se metió en política. Hoy, por fin, más de tres décadas después, Mariano le dijo como el que ha ido al baño y ha vuelto: “Ya estoy aquí, gracias”. Informaba un periodista por Twitter que el expresidente llegaba 50 minutos tarde a su puesto de trabajo en el registro, Manuel Jabois le corregía: no, llega con 35 años y 50 minutos de retraso.

Y, es que, hay personas cuyo único empeño vital es dedicarse a lo que no son. Como el sucesor del propio Rajoy en la Moncloa, Pedro Sánchez, que teniendo todas las condiciones para ser jefe de planta de El Corte Inglés se empeñó, a toda costa, en ser Presidente del Gobierno. Y todo por poder hacer running, ante las cámaras, por los jardines monclovitas.

O Iñaki Undargarín que, nacido para el balonmano, quiso jugar a ser duque empalmado. Ayer, el diario El País, en una elocuente crónica, daba pistas de su posible vuelta al deporte de la pelota en la mano: “Sin otros presos en el módulo, sus actividades deportivas se limitarán a jugar al frontón en el patio”, decía la última frase.

Otro caso más provechoso es el de Antonio Escohotado, que pidió una excedencia de su puesto de funcionario en Madrid para irse a Ibiza y allí experimentar con las drogas y el sexo, fundar la mítica discoteca Amnesia y dar con sus huesos en la cárcel, para salir de allí con ‘Historia General de las Drogas’ escrito.

El alcalde de Cádiz, ‘Kichi’, es otro maestro de la excedencia. Al poco de obtener una plaza como profesor de Historia se dio de baja por depresión. Una baja que encadenó con una liberación en un sindicato de maestros. Se le acababa el cuento, y no se le ocurrió una cosa mejor que presentarse a la alcaldía de Cádiz. Todo fuera por no volver a las aulas.

Y no podían faltar en este catálogo de disfrazados la alcaldesa de Barcelona Ada Colau y la Presidenta de la Junta Susana Díaz. Nacida una, como dijo Felix de Azúa, para ser pescadera en La Boquería, y otra para regentar una charcutería en Triana.

En fin, como decía la popular copla: “Màxim Huerta si no sabes gestionar pa’ que te metes”.

La lectora de Arcadi

Hace dos veranos coincidí en un taller de escritura creativa con una chica que tendría dos años menos que yo entonces y, que ahora, salvo sorpresa, debe seguir teniéndolos. Coñas aparte, era una chica bajita, de pelo naranja ensortijado u ondulado (no recuerdo bien), de rostro dulce adornado con pecas en los mofletes y las paletitas bien separadas; pero que bajo la carcasa de fragilidad enseñaba su insumisión con su coqueto borderío. Por su vestimenta alternativa y su bici en la puerta la prejuzgué como el prototipo podemichi. En un ejercicio por parejas intercambié autores con ella: me dio a Onetti, yo le di a Houllebecq. Acabando la clase de su boca salió el nombre: Arcadi, susurró. ¿¡Cómo!?, me sorprendí yo. Arcadi Espada, repitió. Ella: me encantan sus artículos. Yo: ¿Has leído Raval?, mañana te lo traigo. A la mañana siguiente antes de caminar hasta el aula, le di un beso al angelito de la portada y guardé Raval, del amor a los niños en mi mochila. No coincidí con ella, esta vez, en el ejercicio. Así que, por vergüenza, ya que igual que la cojo, la pierdo muy rápido: la confianza, digo, volví con Arcadi a cuestas.
En el tiempo de descuento del último día de clases ella se me arrimó como diciendo qué hay de lo mío. Quédatelo, yo ya lo he leído, le dije dudando. Lo tomó en sus manos, lo guardó en su bolso-mochila y se alejó sobre la bicicleta por la calle Columela arriba. Esta tarde, ordenando mi estantería eché en falta Raval. Y a ella. No me importaría volver a leerlos.

El oro de Moscú

La esperanza de vida media de los españoles está cifrada en 83 años. Lo cual se traduce en vivir 20 mundiales: que según se mire, pueden ser demasiados o poquísimos. Mis abuelos cumplieron, año arriba o abajo, con la media: y jamás vieron a la Selección Española ganar la Copa del Mundo. Tengo primos que con cinco años ya habían ‘ganado’ un Mundial y dos Eurocopas.

Yo, con el de Rusia, llevo seis mundiales. El de Estados Unidos, obviamente, no lo cuento porque con el biberón en la mano y el chupete en la boca no estaba para protestar por el codazo de Tassoti a Luis Enrique (que luego con los años comprendí que bien merecido se lo tenía).

Mis primeros recuerdos de un campeonato del Mundo, el de Francia ’98, son muy difusos. Con seis años que tenía entonces, solo me viene a la memoria una cantada de Zubizarreta ante Nigeria, creo. Clemente siempre cabreado. Subir corriendo de jugar en la placita para ver a España vestida de blanco contra Australia. Recuerdo mejor, quizás por mi primer Fifa o por los cromos, la gran selección francesa: Barthez, Deschamps, Blanc, Desailly, Vieira, Zidane, Karembeu, Trezeguet, Henry, Dugarry…

De Corea y Japón, 2002, de quien mejor me acuerdo es de la madre del árbitro Al-Ghandour. Madrugar un sábado para con la ilusión del niño que yo era ver a España meterse en semifinales. Joaquín en la prórroga que centra desde la banda derecha y el Moro que remata de cabeza. Y después lo que vino… Y el flequillo y los goles de Ronaldo cuando aún no era gordo ni cristiano.

En la fase de grupos del de Alemania, 2006, nuestra Selección sentó las bases sobre las que luego, a los cuatro años, construiría una victoria épica y ética. Fue el Mundial de hacernos con un TDT para seguir por La Sexta la narración del genial Andrés Montes con sus “Tiburón Pujol” y sus “Suit Iniesta”. Fue también el de la prepotencia de Marca y de un país que quiso jubilar a Zidane antes de hora. El bueno de Zizou se jubilaría a sí mismo como debe hacerlo todo gran jugador: en una final y cabeceando el pecho de un contrario, como un muflón, derribándolo.

El de 2010 en Suráfrica fue Nuestro Verano. Empezó con el Waka Waka de Piqué ante Suiza, hasta que Villa, investido del espíritu del 7 de España, acalló las bubucelas a base de golazos. Casillas que para guay. Un cabezazo de Pujol que, de haber existido aún, rompería el muro de Berlín. Y, finalmente, el pie y el beso del santo, y el 114 en el que Iniesta tal y como cuenta en el libro de De la Morena: “…y, ¡mira por donde!, Cesc que me la pone perfecta y ¡pam!, para dentro.” Y la celebración, en la que el de Fuente Albilla se ganó la amarilla más amortizada del mundo, por su amigo Dani Jarque.

Luego, Brasil, y la venganza que se tomó Holanda en forma de goleada: especialmente doloroso el cabezazo acrobático de Van Persie. Nefasto Mundial para nuestros intereses, con la selección de Chile marcándonos un gol ya desde los himnos. Poco más: la goleada que le infligió Alemania a los anfitriones en semifinales. Los partidos entre la selva y la playa.

Y, en este que mañana empieza en Rusia, esperábamos traernos, por fin, de vuelta, el oro de Moscú, no llevarles el Hierro de Vélez-Málaga. En fin.

CARMEN CALVO Y LA RAE

“En el papel que leían en la mesa solo ponía consejo de ministros. Pero la vicepresidenta pensó que eso no podía ser, […] e improvisó sobre la marcha ‘Ministras y ministros’. Fue una sorpresa para todos, incluido Sánchez. Los demás luego se habrían ido sumando espontáneamente a la idea”, relata Iñigo Domínguez en El País. 

Ante la avalancha de dudas sobre la formulación de la vicepresidenta Carmen Calvo, la RAE, rauda, se pronunció vía Twitter: “La fórmula ‘Consejo de Ministras y Ministros’ es gramaticalmente aceptable si se desea evidenciar la presencia significativamente mayoritaria de mujeres en el nuevo Gobierno.” Y también: “En ‘Consejo de Ministros’ se usa el masculino con valor genérico, en referencia a un colectivo formado por mujeres y hombres”. A lo que añado el recordatorio de que una de las características fundamentales del lenguaje es la concisión. Y la también ministra de Igualdad, para más inri, es andaluza (egabrense, no cabrona), donde más se economiza el castellano: Recuerden al popular youtuber Amerizano: “Ancabuela”. 

Es obvio, que dijera lo que dijese la Real Academia, la vicepresidenta Calvo podría jurar, dentro de un margen de respeto a la Constitución, como le saliera de sus ministrables. La RAE, la sacrosanta Academia, no es dueña de nuestra rica lengua: es una simple entidad prescriptora. 

Otra cosa es la eficacia de la fórmula acuñada por la vicepresidenta socialista. ¿Acaso la señora Calvo no se dio cuenta de que el mensaje feminista estaba implícito en la potente imagen –¡11 ministras y 6 ministros!- que abriría las portadas de todos los diarios del país? ¿No fue consciente de que con su redundancia ponía en evidencia la capacidad y fortaleza de la mujer, que no necesita de estos artilugios verbales ni de cuotas que justifiquen su posición? Por cierto, una paridad inexistente, como explicaba Enrique García-Máiquez en el Diario de Cádiz: “pero la paridad, si es impar, deja de ser paridad. Y eso es lo que pasa en su gobierno [de Sánchez] con más mujeres que hombres, y todos estamos tan contentos”. 

No recuerdo haber leído o escuchado, en estos días, alguna crítica a la capacidad de estas once ministras para ocupar sus puestos de responsabilidad. Nadie ha señalado a ninguna con el dedo y le ha dicho que si está ahí es por la cuota de género. En cambio, sí he apreciado muchas críticas a dos de los ministros varones, Màxim Huerta (Cultura y Deporte) y Grande-Marlaska (Interior). Casualmente ambos homosexuales: 

Al bueno de Huerta le han llovida críticas de todos los colores prejuzgando su incompetencia, y aún ni si quiera había jurado el cargo. El caso de Grande-Marlaska, por su extensa, relevante y controvertida trayectoria como magistrado, merecería un capítulo aparte: aunque en pocas palabras, puedo adelantar que las feroces críticas procedentes del machismo-leninismo por su supuesta cercanía al PP y su también supuesta ideología conservadora son la cáscara de nuez en la que esconden su verdadero desprecio al capitalismo homosexual. 

Vicepresidenta, no era cuestión de ministras y ministros, sino de ministros y ministros.