cajón de sastre

Tenemos que hablar

Creo que fue en el verano de lo de Iniesta. Mi amigo R. conoció a su novia P. en una barbacoa playera, de buena madrugada y con algo de sangre en el alcohol. La casualidad de que se encontrasen en tal estado y a esas horas propició que se cocinaran una imagen falsa del otro. Así, iniciaron a salir juntos y todas las noches. Durante ese agosto se emplearon en una suerte de escalada alcohólica, de carrera espacial por ver quién de los dos llegaba antes al coma etílico o al reino de la tarima. Todo por querer complacerse sin conocerse. Hasta que una tarde P. se plantó y, pese a creer que perdería a R., le dijo que ella “en verdad” no era “así”. Mi amigo, que tampoco era “así”, ya digo que lo celebró más que lo que nos vino de Sudáfrica. Me cuentan que desde entonces son felices dándose a la bicicleta de paseo y al cine. 

He rescatado esta historia de final sobrio, como un bombero de recuerdos, porque recientemente me vi en medio de otra similar. Ocurre que tengo un par de amigos, Casimiro Griego y Pepe Cabalga, que entre ellos solo se conocían por lo que yo le había contado al uno del otro y al otro del uno. No sé bien cómo los dibujé, que ambos pensaban que el otro era un borracho. Así, la cena en que se conocieron estaba yo sentado entre los dos, que, tímidos, apenas se dirigían la palabra. A esa hora que llaman la de las copas se dieron a una maratón alcohólica: que si la quinta del Buitre, la de Paco Gento, la de Mijatovic… Cuando ya buscaban la décima con más ansia que Tomás Guasch tuve que frenarlos: 

-¿Pero tú no tenías que coger el coche?- le pregunté a Casimiro. 

-Y tú, Pepe, ¿no aborrecías la ginebra? 

Así era. De ser por ellos, heladito y para casa. Todo fue por agradar al otro.  

Café, media y el diario

Desayuno, bar y periódico de la casa. Es viejo oficio de tinta de aceite y municipalidades varias. No soy practicante, solo turista y romántico de raíz. Me enamoro a lo grande con lo chico, a corto y de lo que nos va quedando.

En Sevilla, soy hermano del Mollete de Utrera con jamonazo de anoche. Me reclino sobre el ABSé, en una barra de espejo, chapa y matemáticas de tiza; estoy en una rancia abacería de sus céntricas serpientes: subrayado en virgen extra el artículo de Antonio Burgos. Viejo jodío gaditano. Esquelas regias. Summum. Leo y alterno con letraheridos, tataranietos de Gustavo Adolfo que dibujan un pleno con sonetos encolumnados, como Hércules como Curro con la muleta. Maestrantes, cortesanos, marineros y nomadejados. García Reyes, Barbeito, Paco Robles. El calor en adobo. Putas, príncipes y torerillos en La Alameda.

En Granada, me hicieron devoto de la hermandad del Santo Ideal. Los veranillos de setiembre, desayuno de reina en mesa coja, tilos y trinos de domingo, proyecta linajes en la piedra el sol que se filtra en Bibarrambla, en Trinidad, en La Mariana. Café Fútbol. Diario de beaturronas, de carocas y malafollá. Dxtes, camisetas grises y blancas horizontales. Lamelas. Un puñaíllo de Tico Medina. Andrés Cárdenas y déjense de poyas.

SUR. Mi más reciente placer. Hallazgo ya de viejo. Vocabulario propio. Siempre al desayuno: Nubes y pitufos. Vaya. Manolo, siempre y ahora, púgil a la contra. Caldo Mediterráneo. Los Mármoles, El Perchel a la sombra de agosto. Quintacolumnismo castellano con CP de Pedrega. Apellidos alemanes.Trujillismo. Atleta. Cartojal y lunares a la tarde.

Escribo en una servilleta. No lo muramos.

Red social

Os confesaré algo. He redescubierto una vieja red social. Estoy tan enganchado. Me paso las noches conectado, experimentando con ella. Empecé con apenas tres seguidores, que eran amigos que decidieron unirse a la vez. Ahora, ya voy por la veintena. En esta comunidad debatimos de política, de fútbol, de cine, incluso de toros. También, cómo no, cotilleamos. No hay más etiquetas que las que penden de nuestras camisas de algodón o poliéster. El único filtro es el de las botellas destiladas, y el único hilo, el musical. No encontraréis ‘stories’, pero escucharéis estupendas historias. Aquí, los ‘likes’ no se expresan con un pulgar arriba o con un corazoncito; sino con una sonrisa, una caricia, una palmadita, un choque de manos o un beso. -Contacto y con tacto-. Y nuestro influencer tira cervezas. Anteanoche, tuve un ‘match’ con una chica, y le mandé un mensaje privado: “A rose is a rose is a rose”, escribí con bolígrafo azul en una servilleta. Pero lo mejor, lo adictivo, es lo libre que somos: nadie nos fiscaliza, ni se escandaliza porque conversemos en los márgenes de la corrección. Os animo a probarla. Se llama bar.

Hay más tontos que botellines (recuperado)

Así es, como decía el periodista Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, en España “hay más tontos que botellines”, a lo que el comunicador Carlos Herrera, añadiría: “De tontos que hay, entra uno por La Coruña y se cae otro al mar por Almería”. Entiéndase ‘tonto’ por su primera (falto o escaso de entendimiento o razón) y/o cuarta acepción en la RAE (dicho de una persona pesada, molesta). Un ejemplo claro de estos tontos a los que me vengo a referir es Alvaro Ojeda, sí, ‘el cateto de los videos’.

Este ‘señor’, se define en su web personal como “periodista, comunicador, publicista, polemista y showman”. Los dos últimos calificativos (polemista y showman), hace honor a ellos, con creces. A los que somos comunicadores y periodistas, nos hace un flaco favor definiéndose como tal. A los publicistas más de lo mismo. ¡Qué manera de arrojar a la basura y desprestigiar nuestro oficio! Ojeda, entérese bien lo que se entiende por periodista (o comunicador o publicista), y verá que discierne mucho de su repugnante labor. Por cierto ¿Dónde está su título de graduado o licenciado en Ciencias de la Comunicación?, ¿Y el de Publicidad? Por favor, no arrastre más nuestro oficio, que ya muy pisoteado y prostituido está. Autodenomínese eso, simplemente showman y polemista, que no precisan de carrera, o simplemente tonto, a secas.

A ‘Alvarito’, le vendría como anillo al dedo el dicho aquel de: “dele a un tonto un silbato, y verá usted el ruido que hace”. Aplicado a su terreno y actualizado quedaría tal que así: Dele herramientas de comunicación, como redes sociales, y el ruido que hará, será ensordecedor. Eso sí, un tonto no es nadie, si no tiene otros que le escuchen y difundan sus peripecias y sus sandeces. Por desgracia, y como lleva por título este artículo, en nuestro país, hay más tontos que botellines (de cerveza se sobreentiende); de ahí la fama y repercusión que alcanzan personajes como éste o muchos otros ejemplos que no pienso citar, llegando a convertirse en auténticos fenómenos de masas.

Y dirán; “pues vaya tío más imbécil el que escribe”, “sí precisamente está dándole bola al que tan a gusto denomina tonto”, “sí está entrando al trapo”… Todo tiene su explicación: No es que yo le siga, es que él me persigue allá donde vaya (redes sociales, televisión, prensa, eventos, boca a boca…). No escribo estos párrafos por envidia, o por no tener de que hablar, o simplemente por criticar. Cada uno es libre de expresarse, y si a este señor, la procedencia (que no la providencia), le ha concedido poca o nula inteligencia, y quiere hacer gala de ella, adelante, yo no me meto. ‘Amigo’, usted es libre de pensamiento y acción, lo que no sé, es si sabrá aquello mil veces repetido de que su libertad acaba donde empieza la de los demás. Y usted, ha traspasado esa delgada línea. Por ello, escribo estas líneas a modo de alerta, de denuncia si cabe. ¿Y denunciar el qué?

Pues denunciar su falta de ética personal, la cual hace pública mediante sus vídeos y difusiones, en los que hace acopio de un lenguaje chabacano y corrosivo. Denunciar el innumerable número (valga la redundancia) de colectivos a los que degrada y denigra constantemente y se mofa de ellos en tono burlón. A las mujeres, las veja cual machito que se ampara en leyes de siglos pasados. A los que no comparten su ideología política -no definida pero cercana al totalitarismo y con tintes falangistas-, los pisotea y recurre a agravios y ofensas personales. Llega incluso a dar muestras de discriminaciones étnicas. No contento con ello, en sus vídeos, humilla constantemente a personas anónimas que tienen la mala suerte de encontrarse en el lugar y a la hora equivocada. Hasta algún animal que otro ha tenido que ser blanco de su peculiar sentido del humor.

Eso sí, todo esto maquillado por una máscara de buena persona. Se cree que por sacar de vez en cuando a algún pobre desgraciado en sus videos y hacer alarde de que el contribuye a su causa, va a ser redimido. Pues claro que no, señor Ojeda. incoherente con sus principios -los que ya no preconiza-, maquilló también su aspecto y tono, atrás dejó las pintas de señorito jerezano, de patilla y camisa Espagnolo; ahora viste ‘modernito’, que eso de parecer un ‘fachoide’ vistiendo da mala imagen. Ya no va despotricando a diestra y siniestra contra el gaditano y el Cádiz Club de Fútbol, no, ahora es fan, que le dan de comer en Radio Marca.

Sin más, espero que sirva de algo; ya sea para cambiar la atención y opinión de sus seguidores, o quién sabe si incluso moderar las apariciones del propio Ojeda (pobre utópico de mí). Y por cierto, vaya imagen que da de nuestra Andalucía… así cualquiera nos quita el sambenito.

Cornadas

En julio y agosto uno disimula su paro moviéndose entre los veraneantes.

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A dos minutos de comenzar el encierro de hoy, con un punto sádico y otro poético, el comentarista de San Fermín para RTVE dijo: “Ahora ya no hay marcha atrás. Esto es una cárcel sin techo”.

“Las teles nos enseñan el calentamiento, pero nos ocultan el partido.”, decía el periodista Rubén Amón a raíz de las polémicas declaraciones del alcalde de Pamplona, Asirón, en las que sugería unos Sanfermines sin corridas de toros. Cuanto más animalismo, menos humanismo.

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Mi amigo Casimiro (muy de Miquel Silvestre) volvió más hombre, y con las manos quemadas, de su hazaña en moto: Perpiñán-Cádiz en una jornada. Ahora bebe a morro los litros de Cruzcampo y hace ‘manspreading’ sin pedir permiso ni perdón. La pasada juerga, un amigo común, le preguntó a eso de las tres y pico que cómo se iba a levantar “mañana” a las siete para ir a currar. Y él, tan pancho, soltó que “con Herrera”.

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El siete de julio no hace falta que suene el despertador porque Chapu ya está despierto: es más, no ha llegado a estar dormido en toda la noche. Se ha contenido en la cama como Bolt en los tacos. Le pesan en la cabeza los pacharanes de anoche. Va en sigilo hacia el baño y no se afeita porque ahora luce barba. Canta copla en la ducha para exorcizar las ideas obsesivas y mandar al carajo la ansiedad. Sabe, como los que lo sabemos, que el miedo no es a la muerte, sino al miedo, al Pánico. Tampoco se sienta a la mesa de la cocina: se toma, la taza temblando, un café sobre la encimera. Da dos sorbos y lo deja. (…) Ya está frente al santo moreno en la cuesta de sus pesadillas. Sus Termópilas. Los dos minutos que van del segundo al tercer canto/rezo le matan, le están reventado el sistema nervioso. Es ESA decisión, ante la última puerta de salida, la que lo deja a orillas del pánico. (…) Se le pasó el tren y ya no hay opción. Gora San Fermín!, cohete, y toro. (…) Luego, LA VIDA.

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Juan José Padilla, no solo ha bailado con la muerte, como cualquier torero. Padilla se la ha follado, en dos ocasiones, y ha vuelto, con estigmas, para contarlo.

Cuando el toro introdujo el pitón por el cuello de Padilla y lo sacó por su ojo izquierdo, el periodista Paco Ballesta se encontraba en la casa familiar del torero, a las afueras de Jerez. Le dijo a su cámara que dejase de grabar, que paraban el reportaje. Los padres del diestro, que vieron la cogida por la tele, no lo quisieron así, y les dieron la venia para continuar: eso era el toreo y el sufrimiento de una familia. Gracias a su generosidad, pudieron captar la esencia, no del toreo, sino de la misma vida.

Dos días atrás, Ballesta había estado reportando en el domicilio de Padilla, en Sanlúcar de Barrameda; allí se ve al torero, poco antes de ir a citarse con la muerte –su amante- en una alcoba de Zaragoza, llevando a su niña en coche al colegio, entrenando por las playas del Coto, charlando con los vecinos. Aún era un grumete.

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A comienzos de mayo de 2008, Alberto Contador disfrutaba junto a su pareja de unos días de relax en las playas de Chiclana de la Frontera. A 48 horas de comenzar el Giro de Italia, le llamó su director de equipo: necesitaban cubrir de urgencia una baja importante. El pistolero se quitó el bañador, se sacudió la arena y tomó un avión para Palermo. Tres semanas después cruzaba vestido de rosa la meta de Milán. Era el segundo español después de Induráin.

Tengo un maillot amarillo, y no es un maillot cualquiera. Es de líder del Tour y lo compré hace unos cuantos veranos en Londres. Mi madre, médico, fue a un congreso a Pamplona del que participaría Miguel Induráin, le metí el maillot en su maleta, y le dije que me lo trajera firmado, por favor. A la vuelta, con permanente negro, rezaba a la espalda del maillot esta inspiradora dedicatoria: “A Manolo. Que logres tantos éxitos como batallas luches. Miguel Induráin.” Lo tuve un buen tiempo pendido del corcho de mi habitación. Hace poco, mi madre, carcajeándose, me dijo que era falso, que si acaso no me había dado cuenta que era su letra, que Induráin nunca apareció por el congreso.

“Últimamente se muere tol’ mundo”

Reconforta saber que la gente sigue muriendo. Supone un alivio abrir el periódico por la página de las necrológicas y comprobar que la vida continúa su curso natural, pese a que el resto de noticias parezcan anunciar un cataclismo, una inminente implosión del mundo.  

En una esquela, como en una croqueta de abuela, cabe de todo. Desde un poema hasta un artículo de opinión, pasando por un anuncio publicitario: como aquella que pedía una oración por el alma del finado y a continuación aprovechaba para vender “Seat Ibiza rojo, seminuevo”. Que están muy caras las esquelas y hay que aprovecharlas. 

Mi amigo y maestro José Manuel envió siete veces al diario local una carta crítica contra el alcalde y no se la publicaban, ya que el regidor movía los hilos del rotativo. Harto, se presentó en el despacho del director y zanjó el asunto siguiendo un código mafioso propio de la mismísima ‘Ndrangheta: Puso 150 mil pesetas sobre la mesa para que le publicasen una esquela a toda página en el periódico. El mensaje era claro, una cruz y debajo el nombre del alcalde, además de desearle descanso con todos sus muertos. Dos semanas después dejaba la alcaldía. 

Lo de mi tía abuela María parece puro morbo macabro, pero no es más que fruto de su carácter beaturrón y cumplidor. Ella, desde hace 30 años, lo primero que hace al levantarse es abrir el periódico por las necrológicas. A la manera que hoy Facebook nos recuerda los cumpleaños, a ella el papel le avisa de si tiene que darle a algún conocido sus condolencias. En una ocasión leyó el nombre de su mejor amiga, Josefa García García, e inmediatamente llamó a su casa: la propia y supuesta finada le cogió el teléfono, y mi tía le dijo que la echaría de menos y que le pasara con su marido para acompañarle en el sentimiento. 

Desde que he redescubierto la prensa en papel, estoy deslumbrado con este género periodístico: tanto que ya no quiero ser columnista, sino esquelista. La muerte es un tema muy interesante y que nunca se agota, porque como dijo mi amigo Tony cuando falleció Rita Barberá: “últimamente se muere tol’ mundo”. 

Tacita de Lata

Cádiz ha sido La Habana, ha sido Pamplona y ahora es Marsella. Parece que la ciudad, al igual que los gaditanos, le ha cogido el gusto a disfrazarse.

El pasado viernes caminaba con unos amigos por el Malecón gaditano, o sea, el Campo del Sur; íbamos a cenar y a tomar unas copas en la taberna habitual. Nos quedamos muy confusos al ver que de las farolas del paseo marítimo pendían carteles de unas supuestas elecciones municipales marsellesas. Necesitábamos una respuesta a aquella súbita incógnita, y empezamos a elucubrar las teorías más peregrinas y descacharrantes:

Una decía que si era una performance de ‘El Kichi’. Otro, que se habían equivocado los encargados de correos con el envío de carteles electorales, y los montadores ya que estaban los colocaron ahí… “Eso es cosa del Pedro Sanche’, que na’ más llegar al gobierno ya está haciendo cosas raras”, soltó otro. Yo: que si había sido una gamberrada nocturna de un grupo de borrachines gabachos. En fin…

Y, de la sorpresa pasamos al análisis estético-político (eso sí: con mucha guasa): “Esos son los Podemos franceses, no ves que salen cinco o seis en un cartel y van todos en camiseta cutre”. “Ese tiene cara de buena gente, yo le votaría, … ah, no, que es socialista, mira la flor roja”. “Hostia, este es el típico que apoyaría tu padre, tiene pinta de ser del partido de Le Pen”. Y: “Esta es la mía, guapa, y además creo que es de Macron”.

No despejamos la incógnita hasta la mañana siguiente, cuando supimos por la prensa local que se iban a rodar unas escenas de una película, ‘The Rhythm Section’, en la que Cádiz haría de Marsella. (Pese a que aquí la marsellesa se cante con otra letra.)

Parece que Cádiz es el escenario perfecto para, a bajo coste, hacerla pasar por la ciudad que sea, menos por Cádiz, claro. Aunque sin faltar a la verdad, Cádiz alguna vez ha hecho de sí misma: Recuerden al Capitán Alatriste, Vigo Mortensen, desembarcando con Los Tercios en La Caleta, o, la mítica y folklórica ‘Viudita Naviera’ de Pemán.

Cádiz, como buena doble cinematográfica, se disfrazó de La Habana, y poco tuvo que customizarse, para ver salir de las aguas de su playa a una deslumbrante Halle Berry, mientras Pierce Brosnan, la contemplaba tomándose un Martini en el chiringuito.

En una ocasión la ciudad hizo de Pamplona para acoger el rodaje de la película ‘Noche y día’, en la que Cameron Díaz y Tom Cruise son la pareja protagonista; y, entre escena y escena, un toro se escapó del corral sembrando el pánico por las calles de Cádiz. Afortunadamente se quedó en una anécdota más de las que atesora la ciudad.

Y, digo yo: ¿No es más lógico que Marsella haga de Marsella; La Habana, de La Habana; Pamplona, de Pamplona…, y, sobre todo, Cádiz, de Cádiz? Será que lo que brilla en nuestras aguas no es la plata, sino, corrigiendo al poeta, la lata.

 

Coda: ¿Marsella es Cai con más moritos? / ¿Cai es Marsella con más Podemos? 

Tinder

Mi amigo I. se ha pasado Tinder: Se va a casar con su actual pareja, J., a la que conoció por la app de la llamita blanca. También, su anterior novia, le pescó por allí. Entre una y otra medió una semana. Si eso no es pasarse Tinder, que venga Sobera y lo vea. Obvia decir que I. tan confiado en las apps pide trabajo mediante DM en Instagram. Y, es que, por algo le decimos ‘El Animal’.

Un ejemplo más de fortuna tinderina, es el de A., otro buen amigo. A. contactó con la polaca más buenorra del orbe, que, por casualidad, pasaba el verano de ‘au pair’ en San Fernando. Una noche, se enamoraron, y ¡hala!, viajes de novios a París, a Polonia, a Portugal, a Marruecos… Pero A. se quedó en el nivel 38, ya que, aquello lo acabó por romper la distancia. No en vano, se le conoce como ‘El Monstruo’.

Tengo otros colegas, que se piensan que el Tinder es el Candy Crush, y los cabrones, antes de haber llegado a la nueva ciudad ya han gastado todos sus likes, ¡y te piden vidas!:

-Déjame probar desde el tuyo.

-Lo que faltaba, que suplantes mi identidad.

Mi experiencia en Tinder, como en el Super Mario, es penosa: no creo haber pasado del nivel dos. Me quedo en el puto cutre “Buenass!!, qué tal! =)” y ya no sé cómo seguir, cuando, en contadas ocasiones, me responden: “Bieen, y tú?”. No es lo mío, sinceramente: En una ocasión me crucé a mi prima, y de lo nervioso que me puse de pensar que me descubriera allí, deslicé el índice hacia la izquierda lo más rápido posible con la mala suerte de que pulsé ‘super like’.

Es curioso que nos dé pudor reconocer que usamos app de ligues, como Tinder. No escondo que cuando alguien ve en la pantalla de mi móvil el círculo con la llamita blanca, me pongo del color que la rodea. Y joder, ¡qué tío no ha usado nunca Tinder! Las chicas, en cambio, salvo para jugar, no creo que lo necesiten. Ya dije en otra ocasión que ellas lo tienen mucho más fácil para ligar: les basta ser y estar. El cortejo, por naturaleza y no por patriarcado (entonces la del pavo real y el ciervo, por ejemplo, serían sociedades machistas), casi siempre ha correspondido al macho.

Y, bueno, la mayoría de chicas que están en Tinder tienen alguna tara [me da a mí que esto no pasa la censura de la 3ª ola]. Valga el caso de otro colega, Q., que conquistó chateando a una gachí guapa, culta y cariñosa, y cuando quedaron en persona resulta que tenía una pupila hacia Sanlúcar y la otra hacia Cartagena. No pudo mirarla cara a cara en toda la cita, ¡y eso que era la primera!

El proceso

“El mundo se divide en dos: Los que viven como Dios manda, y los que mandan viven como Dios”. J.C. Aragón

 

En la Universidad, así como en la vida en general, rige la ley de la balanza. Los contrapesos hacen que, si alguien sube, otro baje. Es decir, donde hay beneficio, hay perjuicio. Estos días han colmado la palestra mediática los casos de los beneficiados, de los favorecidos universitarios: el anverso de la moneda. Yo les contaré un caso kafkiano, el mío propio, que junto al de algunos compañeros, está grabado en el reverso de la misma moneda: donde nos hallamos los perjudicados, a quienes se nos puso unos pesitos para que bajara nuestro platillo y subiera el de los otros.

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CORRER

Cuando salgo a correr, escribo. Estos artículos o reflexiones que periódicamente publico los escribo mentalmente mientras corro por la playa, luego solo me queda dejar que mis dedos bailen sobre el teclado del portátil de manera automática, como el pianista que toca por enésima vez la pieza.

Desconozco científicamente por qué mecanismo mi mente se pone a funcionar con claridad y alto rendimiento cuando corro: las ideas explotan como fuegos artificiales. Supongo que el movimiento agita las neuronas y las conecta con resultado de hiperactividad creativa.

Además, correr es para mí el ansiolítico más efectivo cuando la ansiedad se dispara. Con el sufrimiento físico, la exigencia mental y el posterior agotamiento, además de tapar la ansiedad (como cuando te duele la cabeza y te pegas un pellizco para desenfocar el dolor), libero buena parte de ese veneno negro que me carcome.

Junto con la lectura, el hábito de correr se ha convertido en uno de los pilares de mi frágil estabilidad. En estas dos disciplinas (lectura y running) el sufrimiento es preciso para llegar al placer: la imposición y la constancia son los escalones para traspasar la muralla del hábito. Luego todo es más fácil.

Pero como toda rutina, la motivación es fundamental para sostenerla. Aunque correr y leer llevan el placer implícito de la adicción (la liberación de endorfinas y el goce intelectual), hay días que esta no basta y el estímulo hay que buscarlo fuera. Para correr, me ayuda mucho la música (Martínez Ares y Juan Carlos Aragón siempre están en mis auriculares). También hay que aprovechar los impulsos motivacionales (chutes estimulantes que se generan tras ver una etapa del Tour o un partido del Granada, por ejemplo) para, sea la hora que sea, ponerse los tenis y salir. Las camisetas que me pongo, por tonto que parezca, las elijo a conciencia para sentirme más motivado: la de la Legión, la rojiblanca horizontal del ascenso.