humor

No irse a Madrid

A Jabois le dieron tanta carga que, después de publicar la columnata ‘Irse a Madrid’, acabó yéndose a la capital. Más que nada para que le dejaran tranquilo. Una vez en Madrid, se dedicó, libre de agentes de viaje, a hacer lo que le gusta: periodismo local pontevedrés; sin que nadie lo mandase de vuelta a las Rías Baixas. 

Siempre creí que lo que decía Jabois, “a veces pienso que en Madrid no deben tener otra cosa que hacer que esperarme a mí”, era una hipérbole. Ahora entiendo que se quedó corto. Me explico. 

Hará unos siete u ocho meses que envié un artículo mío a un grupo familiar. Y, una de mis tías respondió que cómo escribes, que deberías irte a Madrid. Y mi padre, oportunista, que claro, que es lo que yo siempre le he dicho. Hasta algún primo menor de edad me dio pasaporte para la capital. Entiendo que la columna era mala, pero tanto como para querer perderme de vista… Obviamente, me fui del grupo; con el pretexto de que marchaba a Madrid. 

A Jabois, en su columna, un camarero lo larga a la capital: “O que tes que facer é marchar para Madrid”. A mí me señaló la estación del Alvia un vecino, tras glosarle mi abuela mis virtudes como columnista, mientras me zarandeaba del brazo: 

—Este escribe. 

—Po quillo, lo que tiene que hasé e irte a Madrí — replicó el del 3ºB, como si fuera un primo gadita del camarero gallego. 

(…) 

Estuve un tiempo sin escribir nada, porque yo no quiero dejar Cádiz. Incluso hice un cursillo de mariscador, ya que entiendo que en Madrid no necesitan de eso. Hasta que hace poco rompí mi silencio y volví a darme a la escritura. Pero me salieron textos tan malos que cierto columnista de la capital se vino arriba y me pidió el número de móvil. Desde entonces, casi a diario, me manda mensajes de Whatsapp con enlaces a buhardillas y pensiones de mala muerte en donde ustedes se imaginan. “Hay que venirse a Madrid, amigo” me repite. 

No sé qué pasa en la ciudad del chotis: quizás las columnas se escriben solas o los teclados tienen más letras o las musas están más baratas. Parece que allende la Villa y Corte no llegara el WiFi, y las columnas las tuviésemos que enviar en un sobre por burro-taxi. Imagino hoy mismo a cientos de burritos, subiendo La Castellana, con grandes columnas de provincias pidiendo la dimisión de Rajoy. 

Esta mañana estaba bloqueado y no sabía sobre qué escribir, y le pregunté a este amigo columnista sobre qué escribir, y él me contestó con una palabra: “Madrid”. Entiendo que si me fuera para allá me pediría que escribiera sobre el Kichi y los cangrejos moros. 

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Mi primera eco

Hoy me hicieron mi primera eco. Estaba en el Registro de la Universidad echando unos papeles, y la secretaria tenía dudas sobre un documento de los cientaitantos que le había entregado, y llamó a su superior: un señor adusto y trajeado de unos sesenta años. Dio el okey a dicho escrito y se quedó pasando mis documentos burocráticamente hasta parar abrupto en un folio tintado de negro con una suerte de habichuelita blanca en el medio. Me miró por encima de sus gafas, le miré con cara de yo no he sido, me miró la barriga, me la acaricié intuitivamente y pensé: primero que “qué hago” y segundo que “me estoy poniendo bonico, hoy salgo a correr”.

“Esto es suyo, supongo, enhorabuena”, me dijo alargándome la fotocopia de la ecografía. Me salió darle las gracias, a veces soy demasiado cortés, pero seguidamente le devolví el papel diciendo que no era mío. “Estaba con sus papeles”, y me lo volvía a dar. “Sí, lo he traído yo, pero no…” Me interrumpió: que me lo llevara, que él ya tenía tres y una edad, me suelta. Entonces me acordé de la chica rubia con barriga incipiente, que estaba a mi lado en la fotocopiadora, y de que le llevaría a su marido un título de periodismo. Estaba resignado, a veces hay que aceptar lo que te viene, sin más; agarré la ecografía de las manos de aquel secretario jefe y salía, torero, abrazado a ella, cuando en la puerta, la primera secretaria, sonriendo: “¿Niño o niña?” “Son mellizos, señora”, le respondí, ya dispuestos al disparate. Total: ahora hasta dudo de si en unos meses me examinaré de unas oposiciones o me fumaré, nerviosérrimo, un cigarrillo tras otro en la puerta del paritorio.

8M: Pasacalles taurino

La quedada del machihembrado, que diría Umbral, era en hora taurina (18h), y el ‘meeting point‘ donde la antigua plaza de toros de Cádiz, cuyos paredones de sangre roja fueron demolidos en el ’76 por los estigmas que dejaron los fusiles franquistas. Desde entonces no ha visto Cádiz más torero que el de la chirigota, hasta que esta tarde hizo el paseíllo morado José Luis Ábalos, hijo del novillero ‘Carbonerito‘ antes que ministro en funciones. 

Marchaba Ábalos, con hechuras de banderillero gordo, casi a la cola de toro de esta suerte de pasacalles de chirigota larga con ribetes morados como de penitencia cuaresmal y santa y puta inquisición. Se dejaba ver Carbonerito jr, el pecho palomo, la chaqueta de tenor y el llavero del Cortijo asomando por el bolsillo del pantalón. Flanqueado por su cuadrilla en la que figuraba el alcaldable panzasanchista Fran González y el susánida Juan Cornejo. La estampa invitaba a que sonara Suspiros de España y a rematar la faena en Casa Manteca apurando un Tío Pepe y un papelón de chicharrones de Chiclana. 

Pero la realidad era bien distinta y disonante: al paseíllo sociata lo acompañaban las voces agudas del gineceo hormonal con el popurrí acostumbrado: que si “mi coño”, que si “el patriarcado”, que si “el capital criminal”, etc. Si Heliodoro Ábalos, paz descanse, levantara la cabeza. 

En fin, que había manifa más allá del fomentador, y ésta al girar el coso taurino y enfilar la Avenida comenzó a estirarse y formarse en abanicos, como un pelotón ciclista en persecución: por el ritmo de batucada con apretón o de procesión con cielo negro pareciera que encabezaran el grupo los Sky de Thomas y Froome. No me sorprendió ver por allí, entre banderas guerrepublicanas, juventudes comunistas (sumo oxímoron), pezoneras y ombligos morados al sobrio concejal de Ciudadanos, JMPD, como una más haciendo el lila: pintaditos los cachetes con el símbolo de la mujer. Y digo que no me chocó porque en tiempo de elecciones… 

Pero como uno es cronista de los márgenes, como un Jesús Quintero sin teatro, fui a pescar en el caladero último, a ese fin de fiesta que los Locales tienen que ir azuzando con varas como pastores a mulillas. Y, ¡oh!, bendito regalo de la simbología: tras una cutrepancarta de ‘Podemos Cádiz’, quince, literalmente quince, viejos rockeros comunistas, una concejala kichista con megafonía y un Histórico profesor de la UCA que unta la manteca en pan en clave marxista. Olor a vinazo reseco al sol y a naftaleno. “Por el barrio de La Viña quiso el destino que se encontraran/ la peñita de Fidel Chano y la peñita del Chele Vara./ Y salió sin querer esta revolución”. 

 

Empapelados

Y amanecerá la ciudad empapelada, con rostros a tamaño real que ni (re)conocemos. Como si se hubieran precipitado los Reyes Magos, disfrazados de diligentes scouts de Partido, dejando durante la noche el papel de los regalos extendido y pegado en las marquesinas, farolas, fachadas e incluso en los laterales de los autobuses. No busquen dentro el regalo, sino en el propio papel: una sonrisa blanqueada con Photoshop y la eterna promesa del cambio: “Ahora sí”, exclamarán unos; “Ahora sí que sí”, responderán otros; “Es la hora”, prometerán aquellos; “Por Andalucía”…
 
En Sevilla, devotas de La Macarena y de La Esperanza, madrugarán para rezarle, junto a los taitantosmil funcionarios, a los carteles tamaño fachada-corteinglés de la auténtica reina de Sevilla, La Susana. Los viñeros, ya que no podrán votar a su Ilustre Vecina Teresa, envolverán el pescado de la mañana con su jeta. Los chavales malagueños jugarán al basquet en el río entre carteles de Imbroda, al que en sus tiempos muertos grafitearán el pelo que les tomará.
 
Es un deber cívico controlar a nuestros representantes, por lo que no sería una mala idea tomar un rotulador bien gordo para responder inquieriendo a sus promesas en vez, o además, de pintarle un bigotito hitleriano a Juanma Moreno (Bonilla), unos cuernos a SS, o sea, Susana Díaz, o hacerle una mella a Juan Marín. ¿”Ahora sí”, qué?, ¿”Es la hora” de qué, del café?, ¿”Por Andalucía” qué pasa, aparte del Guadalquivir?, y así con todo.

Gitanos

Detrás del chiste, del tópico, hay un sustrato de verdad. Partimos de aquí.  

Claro que, como en una caricatura, se exageran los rasgos característicos para alcanzar el efecto deseado, en este caso el humor, mediante la hipérbole. Pero el chiste, o el chiste tópico, se basa en una realidad: los enanos no llegan al interfono y a los andaluces nos gusta la siesta. Cierto. Cuando un chiste escuece, para bien o mal, es porque ha tocado verdad. Tanto se aproximó a la realidad el humorista Rober Bodegas en su polemizado monólogo (“Ya no se pueden hacer chistes de gitanos. Cada vez que alguien hace un chiste de gitanos llegaba una carta pidiendo que no se hiciese eso más.”) que recibió más de 400 amenazas de gitanos. Fast check. 

Muchos gitanos —no todos, claro— se refugian en una identidad colectiva, como otros tantos grupos identitarios: homosexuales, negros, judíos, indígenas, etc. Disuelven su individualidad en la identidad grupal. Son antes gitanos, por ejemplo, que ciudadanos. Van por la vida siendo gitanos, o negros o judíos. O catalanes. Algunos viven de ello. Cuando el calé renuncia a ser un individuo, no puedes tratar inter pares con María Romero o Pedro Cortés, ciudadanos; tratas con un gitano y, por ende, con todos. 

Estos gitanos a los que me refiero, que son numerosos, no sé si mayoría, viven en clanes y se rigen por una cultura propia. Siguen unas leyes ancestrales, paralelas a la Ley que todos nos hemos dado, que en ocasiones cruzan tangencialmente los márgenes constitucionales rompiendo la convivencia. Usan ciertos códigos mafiosos que no tienen cabida dentro de una sociedad democrática y avanzada. A mi padre, por ejemplo, que fue médico internista en un hospital público le amenazaron físicamente en repetidas ocasiones si no curaba a uno de los suyos. “Nosotros hemos pedido que vivan acordes a nuestras normas sociales, y ellos supongo que necesitan tiempo”, dice Bodegas en su monólogo, no sin razón.  

Estos grupos identitarios, los calés entre ellos, encuentran al tonto útil en la izquierda tuitiritera. Que les concede una suerte de bula, de derecho de pernada, para pasarse el feminismo esencial, por ejemplo, por L’ Arc de Triomphe; véase el burka en la mujer islámica o la prueba del pañuelo en la gitana en nupcias. (“Esto es un payo que el día de su boda no le mete un pañuelo en el coño a su mujer”, cuenta Bodegas irónicamente). El palo de su limbo moral, puesto por la tuitirizquierda, está mucho más alto. Su machismo radical se queda en el limbo, justamente (“pero que yo no lo vea”). Nuestra izquierda tuitiritera, obviamente, usa el doble rasero moral con su identitarismo. 

Escribo desde Jerez de la Frontera, donde precisamente no hay frontera entre payos y gitanos. Jerezanos. Aquí se ríen con el gordito Bodegas.

Antifranquistas de Twitter

En qué momento se había jodido el Perú, Zabalita.

[Escena 1]

Vaciábamos ya la cuarta (o quinta, o sexta, no lo sé) de Fra Angélico, “bebida de puticlub” según Reverte, cuando formulé la pregunta. Los amigos, ellos, tan correctos de Instagram para afuera, tan sucios de Whatsapp para adentro. Gente del tiempo. Decía que solté sobre la barra la pesada cuestión, como un atún:

-Entre un animal, digamos un perro, y un humano, ¿a cuál salvaríais la vida?

-Al humano, supongo. – dijo el más íntimo falangista, equidistante en la calle. (Suponía).

Apreté más. – ¿Diez perros o un humano?

Silencio. (Nadie dijo un humano).

Y más aún: – ¿Y si el perro es vuestro?

– ¡Al perro! – bocinaron dos amigos al unísono.

(“animalitos”, pensé). Y no quise entrar a debatir de caracoles, de los que dan buena cuenta en primavera. Tan animales (las cabrillas) como un perro, tan humanistas (las cabrillas) como estos friends.

[Escena 2]

Es mediodía del jueves, hace calor, y me abanico con el diario El Mundo. En casa. Le doy, por fin, su uso y lo desdoblo por la contratapa. Allí, una foto coloreada de un tal Manu Sánchez, y pienso, “vaya carajote”. Bajo la mirada al titular, leo y de la arcada que me provoca corro al váter. Sabía a Fra Angélico.

“Soy de izquierda, andalucista, republicano y feminista”, eso decía el tipo. Comprenderán que no siguiera leyendo: no quise acabar con el bote de Primperán.

A la tarde leo un tuit muy analgésico del escritor portuense Enrique García Máiquez comentando El Titular: “No sé quién es, pero ha hecho pleno al quince. Enhorabuena”. (Los comentarios al trino reforzaban la analgesia: “y vegano y runner”).

Reflexiono en la distancia, no lo dudo: A este tipo lo entrevistan hace cincuenta años y el titular sería más conciso, más sobrio: “Soy franquista”.

[3, colofón]

Hay gente que se adapta muy bien a los tiempos. Nadar a favor, como un atún. Vivir fácil. Todo son ventajas.

¿Rendición?

Atentos a la escena: Ayer por la tarde. Antesala de la consulta de la loquera (sanadora de melancolías, para lo cursis). Sentados a mi vera, con una silla de separación, una pareja de unos cuarentaitantos. Frente a nosotros una monja que acompaña a una señora mayor y de apariencia adinerada. Sor Fulana rompe el silencio, lanza un comentario que ninguno captamos, aunque todos sonreímos educadamente: lo mismo se podría estar ciscando en nuestras castas que preguntándonos la hora. Repite: “Digo, que el niño ha salido al abuelo”. Nos miramos mientras procesamos la frase. La novia o esposa responde confusa, “sí, el niño…”, y luego “no, no”. Salgo yo al quite: “Señora (hermana suena raro), no somos familia”. La monja, para arreglarlo: “Es que como él es tan alto y ustedes tan bajitos, pues pensaba yo que salía al abuelo”. Al rato, sin quererlo, me entero de que ellos estaban allí porque habían perdido a un hijo.

*

Pero, yendo a lo serio: Van tres días seguidos que me cruzo por la orilla a David Barral, haciendo lo que nunca hace sobre el césped: correr. Quizás deba plantearse pasarse al fútbol-playa. Como futbolista se le recordará no por sus goles, sino por un tuit: el de la sandía.

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Anoche terminé la novela ‘Rendición’, de Ray Loriga. Notable. Se me ha quedado grabada la frase del protagonista sin nombre cuando llegan a la Ciudad Transparente: “donde no hay pudor, no hay rubor”, recuerda que le dijo su madre. Pienso en esta potente sentencia mientras imagino la mierda inodora bajando, mostrándose, por esas tuberías de cristal, o el sexo, también sin olor, a la vista de todos. Saco dos reflexiones del libro de Loriga.

Una es que el autor ignora en su distopía que muy pronto lo audiovisual será audiolfativovisual. Imagina un futuro inodoro, cuando ya hay prototipos de pantallas con olor: Piénsense viendo Gladiator oliendo la sangre, el sudor, el hierro quemado. O leyendo con una pinza en la nariz los tuits de Rufián.

La otra es que el protagonista, en realidad, no se rinde. Él resiste hasta que es posible. Como Cristiano Ronaldo en el Real Madrid, o como el Real Madrid con Cristiano Ronaldo: ¿La resistencia tiene que ser hasta la muerte? Y aquí dos máximas tópicas, pero ciertas: Más vale una retirada a tiempo y Adaptarse o morir.

Por cierto, que no me sorprende del libro que el autor no les haya puesto nombre al protagonista de la novela ni a su mujer; sino que yo no se los haya puesto. Ni siquiera rostro.

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Volviendo a Cristiano. Bellísima la portada de Marca hoy. Pero se dejan el gol más importante que ha marcado CR7 a su paso por el Madrid: el que metió con la camiseta del Granada. Testarazo que nos dio la victoria en Los Cármenes por uno a cero. Gracias, Cris.

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El martes en lo de Alsina. Entrevista al diputado de la CUP, Vidal Aragonés. El presentador de ‘Más de uno’ le pregunta que si Torra se bajó los pantalones en su reunión con Sánchez. El cupero responde que ellos no responden a cuestiones LGTBIfóbicas… Estos rufianes, además de al champú, tienen fobia a la inteligencia en cualquiera de sus manifestaciones.

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Me despierto cada mañana, desde el 7 de julio, a eso de las 7,40 sin necesidad de despertador; basta con dejar dos dedos de la persiana abierta. Digo que me levanto temprano, sin necesidad, y con la ilusión de un niño en Reyes, para ver los encierros de San Fermín. El culpable: Chapu Apaolaza, que me ha ‘emponzoñado’, aún más si cabe, con la relectura de su libro ‘7 de julio’: que, si no lo han leído ya, no sé qué c*** hacen con su vida.

Chapu, es hoy la punta de lanza del periodismo taurino. Portavoz de la Fundación Toro de Lidia y comentarista de San Isidro para Movistar. Para el desconcierto de los que estén prejuzgando a Apaolaza les diré, si no lo saben, que no es ningún monstruo. Por poneros un ejemplo, que rompa sus esquemas, ganó en 2017 el galardón de periodismo de Unicaja por un artículo precioso sobre las dos egregias travestis gaditanas, La Petróleo y La Salvaora. Aquí va un extracto: “Me sirvieron un DYC. Quería preguntarles por la lucha gay, la censura y toda la vaina y entonces la Petróleo abrió fuego: ‘Nosotras somos las artistas porque cantamos con nuestra voz, no como las demás’. Comprendí que se merecían una entrevista de estrellas y hablamos de la copla y del arte y de Concha Piquer. ¿Qué importaba el sexo o el travestismo de cada uno? Allí, con los rellenos de silicona encima de la mesa comprendí lo que era ser reportero. De alguna manera, esa noche nací como periodista. La Petróleo me hizo un hombre.”

(Perdonen que hable tanto de mí, pero es lo que tengo más a mano).

“Últimamente se muere tol’ mundo”

Reconforta saber que la gente sigue muriendo. Supone un alivio abrir el periódico por la página de las necrológicas y comprobar que la vida continúa su curso natural, pese a que el resto de noticias parezcan anunciar un cataclismo, una inminente implosión del mundo.  

En una esquela, como en una croqueta de abuela, cabe de todo. Desde un poema hasta un artículo de opinión, pasando por un anuncio publicitario: como aquella que pedía una oración por el alma del finado y a continuación aprovechaba para vender “Seat Ibiza rojo, seminuevo”. Que están muy caras las esquelas y hay que aprovecharlas. 

Mi amigo y maestro José Manuel envió siete veces al diario local una carta crítica contra el alcalde y no se la publicaban, ya que el regidor movía los hilos del rotativo. Harto, se presentó en el despacho del director y zanjó el asunto siguiendo un código mafioso propio de la mismísima ‘Ndrangheta: Puso 150 mil pesetas sobre la mesa para que le publicasen una esquela a toda página en el periódico. El mensaje era claro, una cruz y debajo el nombre del alcalde, además de desearle descanso con todos sus muertos. Dos semanas después dejaba la alcaldía. 

Lo de mi tía abuela María parece puro morbo macabro, pero no es más que fruto de su carácter beaturrón y cumplidor. Ella, desde hace 30 años, lo primero que hace al levantarse es abrir el periódico por las necrológicas. A la manera que hoy Facebook nos recuerda los cumpleaños, a ella el papel le avisa de si tiene que darle a algún conocido sus condolencias. En una ocasión leyó el nombre de su mejor amiga, Josefa García García, e inmediatamente llamó a su casa: la propia y supuesta finada le cogió el teléfono, y mi tía le dijo que la echaría de menos y que le pasara con su marido para acompañarle en el sentimiento. 

Desde que he redescubierto la prensa en papel, estoy deslumbrado con este género periodístico: tanto que ya no quiero ser columnista, sino esquelista. La muerte es un tema muy interesante y que nunca se agota, porque como dijo mi amigo Tony cuando falleció Rita Barberá: “últimamente se muere tol’ mundo”. 

Vivir como Mágico, escribir como Gistau

Si no se puede escribir como David Gistau, al menos uno intenta parecérsele. Para ello, es fundamental dejarse crecer la barba y la talega. Además, uno agrava su voz y afina su acento, y de manera automática al hablar colisiona una palabra con la otra, como un dominó, porque la mente le opera a una velocidad endemoniada. Y, si es necesario, se pone unos guantes de boxeo. 

De tanto leer a los buenos columnistas compulsivamente, no he aprendido a escribir como ellos, pero sí a vivir como ellos. Por consecuencia, he conocido que, para ser un prestigioso columnista, no hace falta escribir, sino vivir como tal. 

Hoy, sé que para ser columnista de éxito hay que cumplir con tres requisitos básicos: beber ordenadamente, vivir desordenadamente y escribir casi bien. Por ese orden, siendo el último prescindible. Por ejemplo: Un columnista serio no puede planificar más allá de la columna de mañana. El auténtico columnista ingenia sus mejores piezas en la resaca de un martes (las buenas columnas no las levanta el sacrificio, sino el vicio). El columnista fetén solo debe preocuparse por el dinero si no le llega para convidar a la siguiente cerveza o al próximo whisky: es entonces cuando este siente la necesidad de escribir (he aquí el motor de la columna).  

De ahí que, los maestros de la columna, como tiende a pensarse, no fueron ni González-Ruano, ni Umbral, ni siquiera Larra. El paradigma de gran columnista fue Mágico González: que no escribió ni una sola línea pero, con su ejemplo, sentó las bases de la ortodoxia vital de la canalla columnística. Así Jabois, por ejemplo, cuando quiere empaparse de estilo no bucea en las antologías de Camba, sino que se pone a ver en Youtube compilaciones de jugadas del ‘mago’, no con el Cádiz, sino en la noche de Cádiz.   

Yo, lo dicho: quiero ser Gistau. Para ello no pienso dejarme las retinas leyendo ni irme a cubrir una guerra, pudiendo quedarme en el sofá repanchingado viendo un partido del Mundial, atusándome la creciente barba, fumándome un Ducados tras otro, alternando con buches de cerveza. Mañana presumiré de talega en la playa y de columna en mi blog. 

Guárdame el sitio, que ahora vuelvo

“Guárdame el sitio, que ahora vuelvo”. Eso le dije ayer en la playa a un amigo cuando me levanté a dar el paseíto. Salí por la otra punta de la playa y me fui directo a casa a comer. Anoche recibí un whatsapp de este amigo en el que me decía “He cumplido, tu toalla sigue en su sitio”. Esta mañana, cuando he vuelto a bajar a la arena a recoger mi toalla con el escudo del Real Madrid me he encontrado con que un vagabundo dormitaba sobre ella. Me acerqué cautelosamente y le pregunté al señor si era del Madrid, a lo que me respondió con un gruñido en alemán. Entendí que sí y se la dejé.

“Guárdame el sitio, que ahora vuelvo” es también lo que le debió decir Mariano Rajoy al señor que ocuparía su cargo de registrador de la propiedad cuando este se metió en política. Hoy, por fin, más de tres décadas después, Mariano le dijo como el que ha ido al baño y ha vuelto: “Ya estoy aquí, gracias”. Informaba un periodista por Twitter que el expresidente llegaba 50 minutos tarde a su puesto de trabajo en el registro, Manuel Jabois le corregía: no, llega con 35 años y 50 minutos de retraso.

Y, es que, hay personas cuyo único empeño vital es dedicarse a lo que no son. Como el sucesor del propio Rajoy en la Moncloa, Pedro Sánchez, que teniendo todas las condiciones para ser jefe de planta de El Corte Inglés se empeñó, a toda costa, en ser Presidente del Gobierno. Y todo por poder hacer running, ante las cámaras, por los jardines monclovitas.

O Iñaki Undargarín que, nacido para el balonmano, quiso jugar a ser duque empalmado. Ayer, el diario El País, en una elocuente crónica, daba pistas de su posible vuelta al deporte de la pelota en la mano: “Sin otros presos en el módulo, sus actividades deportivas se limitarán a jugar al frontón en el patio”, decía la última frase.

Otro caso más provechoso es el de Antonio Escohotado, que pidió una excedencia de su puesto de funcionario en Madrid para irse a Ibiza y allí experimentar con las drogas y el sexo, fundar la mítica discoteca Amnesia y dar con sus huesos en la cárcel, para salir de allí con ‘Historia General de las Drogas’ escrito.

El alcalde de Cádiz, ‘Kichi’, es otro maestro de la excedencia. Al poco de obtener una plaza como profesor de Historia se dio de baja por depresión. Una baja que encadenó con una liberación en un sindicato de maestros. Se le acababa el cuento, y no se le ocurrió una cosa mejor que presentarse a la alcaldía de Cádiz. Todo fuera por no volver a las aulas.

Y no podían faltar en este catálogo de disfrazados la alcaldesa de Barcelona Ada Colau y la Presidenta de la Junta Susana Díaz. Nacida una, como dijo Felix de Azúa, para ser pescadera en La Boquería, y otra para regentar una charcutería en Triana.

En fin, como decía la popular copla: “Màxim Huerta si no sabes gestionar pa’ que te metes”.