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Crítica: Nos vemos en esta vida o en la otra. Manuel Jabois

Nos encontramos ante una historia que pedía a gritos ser contada; era necesario su conocimiento. La suerte es, que estos hechos, fundamentales para comprender como se fraguó el mayor atentado terrorista en España, hayan ido a parar a manos de Manuel Jabois: magnífico narrador que hace fácil lo complejo. El relato de estos acontecimientos sirven para desmentir algunas teorías conspiranoides que a día de hoy algunos periodistas (y no periodistas) sostienen; en las que se le atribuye el atentado de Atocha a la banda terrorista ETA, y se relacionan con los comicios generales que se celebrarían tres días después.

Como suele decirse, muchas veces la realidad supera la ficción: he aquí una prueba más de ello: el guión es inimaginable. ¿Quién iba a ser capaz de relacionar el atentado del 11 M con unos chavales asturianos de mala vida? Lo relatado estremece, te atrapa y no te suelta hasta llegar al fin. Sí es verdad que hay un fragmento en el que se hace complicado seguir los sucesos por la aparición simultánea de muchos actores; especialmente uno puede entrar en un embrollo con los nombres árabes. Al final del libro se presenta el dramatis personae donde se describe a cada uno de los actores de la crónica (Jabois: ya la podías haber puesto al principio, o al menos avisar de su existencia al inicio).

La pluma de Jabois se nota; esa manera tan fresca, cercana y ágil de narrar los hechos, ayuda (y mucho) al seguimiento de los acontecimientos. No me sorprende tanto la supuesta asepsia del autor del libro, que no valora directamente lo acontecido; como la complicidad o empatía que uno llega a desarrollar con el pilar de esta obra: Gabriel Montoya (también conocido con El Gitanillo o Baby). Quizás la antes mencionada asepsia del autor no es tal, ya que aunque sea un mero transmisor, el enfoque y el punto de inicio y final de la narración despiertan sentimientos empáticos hacia el joven interlocutor – que no protagonista-. No hay que olvidar que la opinión es un componente intrínseco de la crónica.

Afirma el autor en una entrevista que Gabriel Baby no es el protagonista de lo narrado: y así es. Para localizar al protagonista de toda historia, basta con preguntarse: ¿quién es el que quiere conseguir algo? (ese algo es el objetivo principal del relato). En este caso son los islamistas radicalizados los que tienen como objetivo atentar contra los ‘pecadores occidentales’ por un supuesto y equívoco designio divino de Alá. Otra cosa es que El Gitanillo sea el personaje que más aparece en la crónica junto a Emilio Trashorras (un cocainómano desequilibrado); algo lógico, ya que es él (Baby) quién se confiesa al periodista en la entrevista que fructifica en este libro.

Parece increíble que un relato que da comienzo con uno grupo de chavalitos porreros en su barrio del norte de España perdiendo el tiempo…, desemboque en la matanza del 11M. Al presentar este cuadro inicial, invita a pensar cómo se tendrán que retorcer los hechos para que estos jovencitos barriobajeros acaben relacionados con los yihadistas responsables del atentado.

Salvando las distancias, la manera en que el autor narra lo inenarrable, y la sangre fría de los protagonistas recuerda a la obra más conocida de Truman Capote. Como sucedió con ‘A sangre fría’ este relato tiene muchas papeletas para ser trasladado a la gran o pequeña pantalla. 

Cabe destacar dos momentos sobrecogedores de la crónica: la profanación del cadáver del agente de policía asesinado en la inmolación de los terroristas en Leganés; hecho poco conocido, y que resulta brutalmente trágico y tétrico. El propio autor explica en el libro el posible porqué de la no relevancia en los medios y su no traslado a la opinión pública. Otro momento conmovedor, que supone un giro brutal en el relato, es el capítulo que comienza con la historia del hijo de uno de los terroristas cuando acude el propio 11 de marzo de 2004 a su colegio y pasa por delante del lugar de autos, se cruza con ese océano proepiléptico de sirenas en la gran ciudad paralizada y atónita; llega a clase, y como un superviviente más de la masacre es aplaudido por sus compañeros. Paradojas, casualidades. Él es inocente.

Antes de finalizar, quiero dejar una doble cuestión: ¿Sucedió todo tal y como se narra en el libro? ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de mentira en lo que Baby le cuenta a su interlocutor?