periodismo

No irse a Madrid

A Jabois le dieron tanta carga que, después de publicar la columnata ‘Irse a Madrid’, acabó yéndose a la capital. Más que nada para que le dejaran tranquilo. Una vez en Madrid, se dedicó, libre de agentes de viaje, a hacer lo que le gusta: periodismo local pontevedrés; sin que nadie lo mandase de vuelta a las Rías Baixas. 

Siempre creí que lo que decía Jabois, “a veces pienso que en Madrid no deben tener otra cosa que hacer que esperarme a mí”, era una hipérbole. Ahora entiendo que se quedó corto. Me explico. 

Hará unos siete u ocho meses que envié un artículo mío a un grupo familiar. Y, una de mis tías respondió que cómo escribes, que deberías irte a Madrid. Y mi padre, oportunista, que claro, que es lo que yo siempre le he dicho. Hasta algún primo menor de edad me dio pasaporte para la capital. Entiendo que la columna era mala, pero tanto como para querer perderme de vista… Obviamente, me fui del grupo; con el pretexto de que marchaba a Madrid. 

A Jabois, en su columna, un camarero lo larga a la capital: “O que tes que facer é marchar para Madrid”. A mí me señaló la estación del Alvia un vecino, tras glosarle mi abuela mis virtudes como columnista, mientras me zarandeaba del brazo: 

—Este escribe. 

—Po quillo, lo que tiene que hasé e irte a Madrí — replicó el del 3ºB, como si fuera un primo gadita del camarero gallego. 

(…) 

Estuve un tiempo sin escribir nada, porque yo no quiero dejar Cádiz. Incluso hice un cursillo de mariscador, ya que entiendo que en Madrid no necesitan de eso. Hasta que hace poco rompí mi silencio y volví a darme a la escritura. Pero me salieron textos tan malos que cierto columnista de la capital se vino arriba y me pidió el número de móvil. Desde entonces, casi a diario, me manda mensajes de Whatsapp con enlaces a buhardillas y pensiones de mala muerte en donde ustedes se imaginan. “Hay que venirse a Madrid, amigo” me repite. 

No sé qué pasa en la ciudad del chotis: quizás las columnas se escriben solas o los teclados tienen más letras o las musas están más baratas. Parece que allende la Villa y Corte no llegara el WiFi, y las columnas las tuviésemos que enviar en un sobre por burro-taxi. Imagino hoy mismo a cientos de burritos, subiendo La Castellana, con grandes columnas de provincias pidiendo la dimisión de Rajoy. 

Esta mañana estaba bloqueado y no sabía sobre qué escribir, y le pregunté a este amigo columnista sobre qué escribir, y él me contestó con una palabra: “Madrid”. Entiendo que si me fuera para allá me pediría que escribiera sobre el Kichi y los cangrejos moros. 

Kichín Pamplina, cantautor de Plaza Mina

Arrugué mi camisa y salí de casa. La cita era a las 7, como en Las Ventas. 

Volvía Kichi a torear en su plaza, la de Mina. Aquella en la que pegaba megafonazos como liberado sindical, cuando desertaba de la que le correspondía en Tabernas. Pero no estuvo solo. Hasta seis teloneros, ¡seis!, le calentaron la silla. 

Alberto Garzón (rayo que no cesa) se cayó del cartel, a Pablo Iglesias le amenazaron con cortarle la coleta si la asomaba por aquí. Miguel Urbán, “becerro”, vino como único embajador de la Corte y Villa; aunque se dedicó a dar lecciones de Europa, como si a Cádiz no hubiera llegado el adsl o siguiéramos con la peseta. No comprendía el eurodiputado que, de él, la audiencia solo aceptaría recomendaciones de dónde comer los mejores gofres en Bruselas. 

Los adelantados habían tomado para sus juegos el ruedo central de la plaza de Mina, entre sol y sombra, privando a los niños de sus políticas de cada tarde (aunque alguno se coló por allí correteando para darle un aire de madurez al acto). La cosa, como era de esperar no empezó hasta las 7 y 25, y se alargó casi hasta las 9 por culpa del lenguaje inclusivo.  

A la hora que comenzó a hablar Lola Cazalilla, no se registraba ni media entrada al coso: cuatro amigotes de la comparsa, dos viejos sindicalistas y los privilegiados del kichismo en barrera de sombra; o sea: Paco Cano (aka Sinmu, aka Sinver), Barcia y demás camelos.  

No le sentó bien a Cazalilla que un tal Ernesto Alba, portagrito de IU en Andalucía, despotricara de “los bienvestidos de Ciudadanos” siendo ella la candidata de Cs por Adelante Kichi. Reivindicó la futura concejala la dignidad y a Ana Camelo, que es como reivindicar la cultura y a Álvaro Ojeda. Añadió que Cádiz necesita vitamina K, “de Kichi”, mientras nos ofrecía la K de kursi. Terminaba leyendo un popurrí de Juan Carlos Aragón, y cuando iba por la mitad ponía cara de que mejor hubiera sido un cuplé, aunque rematase con sacada de nabo. 

Cuando tomó la palabra la otra concejalable, Eva Tubío, sobrevolaban el ruedo las cotorritas argentinas aclimatadas al sudapopulismo del acto; sus graznidos se confundían con los de la Tubío, poniéndole un punto de coherencia al discurso. 

No fue el descubrimiento de la tarde la número cuatro de AK, Lorena Garrón, que solo hizo pelearse con el micro; el hallazgo fueron las perlas que dejó la juntaparlamentaria Ángela Aguilera, y que he tenido a bien recogerlas para su goce: “Los fascistas no vienen del cielo”, “Acordaos cuántas ruedas nos han puesto en el camino” o, mi favorita, “Cs lleva 40 años apuntalando el sistema bipartidista”.  

Cerró el acto el alcalde alcaldable, que siguiendo la tónica de sus compañeros se apropió de la figura de Juan Carlos Aragón, paz descanse, hasta titular su perorata “Cádiz resiste”. Este kichilicuatre, que guarda aspecto como de cantautor o de pedirte fuego, se acordó de las bondades de su mandato, tapando las vergüenzas como sus michelines; como quien vende un crecepelo efectivo, pero omitiendo que te deja estéril. Estuvo cumbre cuando afirmó rotundo que ellos no hacían populismo, para acto seguido marcarse un ejercicio impecable de dicha práctica: “El bastón de Salvoechea volverá a donde tiene que estar, en las manos del pueblo”. 

En fin, pamplinas. Y los niños, sin plaza.  

Mi alternativa

Escribo a porta gayola mientras escucho Al-cantar-a-Manuel, de Mayte Martín: “A la sombra de una barca/ me quiero tumbar un día/ y echarme todo a la espalda / y soñar con la alegría.” Me inspira como ver torear a El Juli. Leí hace unos días las declaraciones de un torerillo jiennense y pelirrojo, debutante en San Isidro, que decía que él quería ser torero, no quería recoger más aceituna. Yo me siento así cuando escribo: no quiero estudiar más oposiciones a ordenanza o a secretariucho, quiero ser escribidor, quiero ser columnista. Y por eso me arrimo al toro, a sabiendas de la cornada, como Roca Rey, que se los pasa por la taleguilla.


LL se acoge a sagrado en lo español, como la KSB, y el aligátor caraqueño vuelve a morder. Me vienen a la cabeza los versos de Neruda, que los parafraseo: “Nicolás Maduro se llamó el murciélago. / Era redondo de alma y de barriga / pestilente, ladrón y circunflejo, / era un gordo lagarto de pantano, / un mono roedor, un loro obeso, / era un prostibulario maleante, / cruzamiento de rana y de cangrejo.” Se le pique bien a la bestia.


El quite se lo dejo al de La Puebla, Morante de Vox, que pasea el río por la marisma con los ecos de su capote.


Vaya el primer par de banderillas contra los inclementes que se han aprovechado de un lapsus de la periodista María (Roca) Rey para lapidarla. Los segundos palitroques, con la bandera nacional, se claven en el lomo de los ofendiditos que se han horrorizado por un titular ingenioso de la “referencia dominante”. Y cómo no, los últimos avivadores, precisamente para eso, para el buey Marius, aka Ferdinando, cuando Silvia Barquero le esté dando de comer ramitas. (“La madre o el perro”, que diría el Chapu).


[Y antes de entrar con la muleta, quiero brindar este toro a Jesús Nieto Jurado, un Pedro Luis de Gálvez millenial: ahí va la montera, Maestro; cámbiela por la gorra].


Solos ya la bestia y el menda. La Ansiedad y la Muerte. En el horizonte, la Vida. Le doy dos pases al natural: que pacte Sánchez a su izquierda.
Recuerdo a Borges, “me legaron valor, no fui valiente”. Mi sempiterna compañera de viaje, la bicha, me seca la boca, me paraliza y me disocia, pone a Manuel en tercera persona. No le da tiempo a rumiar, la sangre morena que atasca la autopista corazón-cabeza, porque el toro le ha cabeceado.


Acostado en la arena solo quiere ser arena.


Pero se acuerda de Alcántara (“tendré ya que figurarme, don Manuel, que también somos paisanos en la muerte infatigable”), de Aragón y del Balica. Y de su madre despertándole para ir al cole. Y con legañas de sangre negra se incorpora. La espada en el paño de la muleta, que va de derechas. Vuelvo al yo. Me descalzo y pido música al maestro Tejera. Suspiros de España, FJL. Serie magistral de derechazos.


Y la plaza unánime pide indulto, como snchz con los golpistas. Porque a mi bestia, a mi bicha, a mi miedo no se le mata, se le torea, se convive con él, se le acoge. Decirle te quiero, ¡te quiero, ansiedad!, y no te temo. ¿Qué sería yo sin ti? Quizás un periodista en Madrid, pero desde luego no sería el que soy, Manuel López Sampalo.


Se abre la puerta del Príncipe. Me llega el olor del azahar apretado del crepúsculo. La brisita atlántica me da en la cara. Y renace el mundo, de colores, de flores, de amigos, “de libros de madrugada, el verano y tus pestañas”. Me canta El Pali desde una silla sobre el espejo cenital del Guadalquivir. Quién pone la manzanilla, que nos vamos pa la Feria. “Que la vida hay que tomarla, ole, ole ole y ole, de cachondeo”.

El oro del Perú

Al niño de José Mari Manzanares le pasa lo que al de Santiago Amón, que son figuras en lo suyo sin alcanzar a padre. O eso hablan los que han vivido. Lo de Suárez Illana –ayer en La Maestranza – es más como lo del chico de Paquirri.

El alicantino Manzanares resucitó el domingo con guapura bailando un toro con apéndices blanquiazules como una libélula oronda.

Roquita, que es virrey de la República del Perú, tiende los puentes de sangre que volaron San Martín y O’Higgins. Se deja los alamares en el filo de las astas como ofreciendo el último oro del Perú, y se pasa la vida y el toro por la taleguilla. Morir para vivir: ¡resurrección! Y domingo. Sevilla y don Mario Vargas Llosa –paisano tuyo, Roquita, ¡y mío! – en el tendido. Y el Juli, ahí es poco, que le brinda el primero al Nobel. No habrá faena, Roquita, pero ya la tarde tiene su literatura; y la mañana ya la tuvo: que dicen que pregonó García Reyes de Puerta del Príncipe. Y que allí estaba en el coso Alberto, el escribidor de Sevilla, y a su verita Carlos Herrera, que comía pipas como le come audiencia a la Ser.

No sé qué tiene la Plaza, Roca, pero allí no van mujeres, allí va la flor de la eugenesia a verte: francesas, portuguesas y sevillanas como Esperanzas, Trianas y Macarenas. Vale, sí, también estaba Esperanza Aguirre

Yo tampoco sé en qué momento se jodió el Perú, Roquita, pero ten por seguro que contigo y Mario, tu bandera sangre y blanca (como tu vestido) que pendía ayer en la plaza marinera, también es la mía.

“Firme y feliz por la reunión”.

Liberales en un 207

Tanto parecía aquello un bautizo pijo, que cuando llegué al lugar realmente pensaba que lo era: felicité a los padres, le pellizqué un cachete al niño y pregunté dónde era lo de Rivera

No era precisamente un crío al que se consagraba en la pileta bautismal del Atlántico, sino más bien una señora que cumplía 207 años, ¡Felicidades Pepa! Un número, 207, que evoca cierto modelo de Peugeot, coche en el cual hoy día, y como dice el ingenio, seguirían cabiendo los genuinos liberales españoles. Uno de ellos es José Ramón Bauzá, expresidente balear, quien ya sin portar la alianza del PP venía soltero acompañando a Rivera en su ya tradicional ofrenda floral, como rito iniciático de la primavera, a la Constitución gaditana. 

Decía que Albert se acompañó del boticario balear para que vendiera las recetas de su farmacopea anti(pan)catalanista. Parecía Bauzá, entre conde y matador, con su patrico y sus ricitos en la nuca, el mar de fondo, navegar en un catamarán en las aguas de Menorca. 

El escenario del coloquio, el Parador Atlántico, era el mismo en el que hace justo 7 años, en la celebración del Bicentenario de la Constitución, se tomaron las fotos de José Mari Aznar, otro dizque liberal, saliendo a hacer running de buena mañana, Federico en los cascos y sus machacas detrás.

Distraído de la trivial tertulia, captó poderosamente mi atención un grupo de jóvenes, como de nuevas generaciones naranjitas, formados en pelotón tras el coloquial escenario, que parecían los liberales de Torrijos, muchos años después, esperando a ser fusilados. Aunque los únicos disparos fueran los flashes de las cámaras, y ellos más que dispuestos a morir por la Libertad parecieran convencidos a hacerlo por un quinto puesto en una lista de provincias.  

Acabo Albert su speech con un “¡Viva Cai, viva La Pepa y Viva España!” Le faltó darle un viva a Malú.  

8M: Pasacalles taurino

La quedada del machihembrado, que diría Umbral, era en hora taurina (18h), y el ‘meeting point‘ donde la antigua plaza de toros de Cádiz, cuyos paredones de sangre roja fueron demolidos en el ’76 por los estigmas que dejaron los fusiles franquistas. Desde entonces no ha visto Cádiz más torero que el de la chirigota, hasta que esta tarde hizo el paseíllo morado José Luis Ábalos, hijo del novillero ‘Carbonerito‘ antes que ministro en funciones. 

Marchaba Ábalos, con hechuras de banderillero gordo, casi a la cola de toro de esta suerte de pasacalles de chirigota larga con ribetes morados como de penitencia cuaresmal y santa y puta inquisición. Se dejaba ver Carbonerito jr, el pecho palomo, la chaqueta de tenor y el llavero del Cortijo asomando por el bolsillo del pantalón. Flanqueado por su cuadrilla en la que figuraba el alcaldable panzasanchista Fran González y el susánida Juan Cornejo. La estampa invitaba a que sonara Suspiros de España y a rematar la faena en Casa Manteca apurando un Tío Pepe y un papelón de chicharrones de Chiclana. 

Pero la realidad era bien distinta y disonante: al paseíllo sociata lo acompañaban las voces agudas del gineceo hormonal con el popurrí acostumbrado: que si “mi coño”, que si “el patriarcado”, que si “el capital criminal”, etc. Si Heliodoro Ábalos, paz descanse, levantara la cabeza. 

En fin, que había manifa más allá del fomentador, y ésta al girar el coso taurino y enfilar la Avenida comenzó a estirarse y formarse en abanicos, como un pelotón ciclista en persecución: por el ritmo de batucada con apretón o de procesión con cielo negro pareciera que encabezaran el grupo los Sky de Thomas y Froome. No me sorprendió ver por allí, entre banderas guerrepublicanas, juventudes comunistas (sumo oxímoron), pezoneras y ombligos morados al sobrio concejal de Ciudadanos, JMPD, como una más haciendo el lila: pintaditos los cachetes con el símbolo de la mujer. Y digo que no me chocó porque en tiempo de elecciones… 

Pero como uno es cronista de los márgenes, como un Jesús Quintero sin teatro, fui a pescar en el caladero último, a ese fin de fiesta que los Locales tienen que ir azuzando con varas como pastores a mulillas. Y, ¡oh!, bendito regalo de la simbología: tras una cutrepancarta de ‘Podemos Cádiz’, quince, literalmente quince, viejos rockeros comunistas, una concejala kichista con megafonía y un Histórico profesor de la UCA que unta la manteca en pan en clave marxista. Olor a vinazo reseco al sol y a naftaleno. “Por el barrio de La Viña quiso el destino que se encontraran/ la peñita de Fidel Chano y la peñita del Chele Vara./ Y salió sin querer esta revolución”. 

 

La Vida Moderna

Al grito de “¡Moderno, que eres un moderno!” recibieron ayer los taxistas a Albert Rivera en la puerta de Atocha. Me evocó las entradas de David Broncano al plató de ‘La Resistencia’: “¡animal, mastodonte, intrépido!” El periodista John Müller, finísimo, dijo en lo de Alsina que ese “moderno” era el “¡Vivan las caenas!” de hoy.  

Lo del taxi tiene difícil solución, porque el enemigo no es Cabify, ni Uber, ni siquiera Ciudadanos, “es el mercado, amigo”, que diría R.R. Lo apuntó con acierto Iñaki Gabilondo en la SER: “Con las luces largas, es evidente que se enfrentan [los taxistas] a un rival al que no se puede vencer, un cambio de página de la historia, al que hay que adaptarse. Inexorablemente”. 

Mientras, el propio Rivera defendía en lo de Herrera el “derecho a elegir de los ciudadanos en el siglo XXI”. Comparto su tesis, y añado que no se puede anteponer el bien de un sector laboral al de la sociedad; o, mejor dicho, frenar el avance social con fueros, monopolios y llantas apiladas en llamas. Como si los periodistas en su momento hubiesen saboteado la conexión a internet para obligar al lector a pasar por el quiosco. 

Es justa y necesaria, sí, una legislación de iguales para los competidores.  Lo que ya no sé, es si hay razón en las peticiones a escala de los taxistas. Si la hubiera, desde luego, la pierden con las formas. Y es que estos taxistas, de tanto escucharlo, se han convertido en Jiménez Losantos, miles de Federicos al grito de “¡Muera la libertad!”. 

Aparecerán, al tiempo, mesiánicos, Iglesias y Abascales para desconectar los caballos de los Prius y tirar personalísimamente de ellos. Abanderar la marcha absolutista de los ‘gilets jaunes’ castizos, “¡Mueran los negros!” 

La rebelión de los palos selfies y David Gistau

Eran el día (domingo) y la hora (11,30) de misa. Si fuera un mitin del PP allí no iba ni Dios, literalmente. Pero era Ciudadanos el que casi abarrotaba la antigua fábrica de tabacos de Cádiz, aunque eso sí, con más militancia que ‘votancia’.

Albert Rivera se dejó las muletas en casa, por lo que me chafó el gran inicio de crónica que tenía preparado; lo que no es óbice para que os lo suelte igualmente:

La imagen del Presidente de Cs encaramándose al escenario del ahora Palacio de Congresos, ayudado por dos muletas, supone una metáfora potentísima de lo que es hoy el partido naranja o, al menos, de lo que pretende ser:

Una formación que quiere dejar de servir de muleta del bipartidismo para ser el que se apoya en ellos para gobernar, ya sea con la izquierda o la derecha. A eso aspira Cs en Andalucía, a liderar la Junta apoyándose en el PP. Y por qué no, si fuera posible, en el PSOE, o incluso en los dos a la vez. Como Rivera subiendo los escalones con sus soportes: ora derecha, ora izquierda.

El partido “liberal-progresista” quiere culminar de una vez el proceso freudiano de matar al padre, y hacerse con el volante del coche familiar, relegando al progenitor al asiento de copiloto, quien apenas podrá dar consejos de seguridad, “no corras”.

Pero bajemos de las metáforas pseudopolitológicas al barro de lo tangible.

Nada más entrar en el salón de actos me encuentro en la fila de prensa a mi admirado David Gistau repanchigado en la butaca, con una chupa de motero y aires de púgil entre round y round. Me siento detrás de él y abro el cuaderno para copiarle la crónica que creo que está escribiendo en el móvil. Luego pienso que es mejor ir de legal y pedirle que al acabar el acto, como si fuera un partido amistoso, intercambiemos crónicas. “Sales ganando, David”, le diría. Pero para mi sorpresa y gozo, no escribe, sino que repasa en el iphone los resultados de la Liga 1|2|3.

Sergio Romero, el primero de Cs por Cádiz, actúa de telonero. Gistau, al verle, se vuelve y me comenta que “todos se parecen a Rivera”, le respondo que “sí, el partido de los guapitos”. “Menos Juan Marín”, coincidimos ambos entre risas. Mientras, el político sanluqueño larga el topicazo del “vagón de cola”, se pone rotundo para afirmar que “A partir del día 2 de diciembre se separan los caminos de PSOE y Andalucía”, ¡ja! Acaba con una cursi metáfora de un faro, una luz y unos espejos.

Turno de la valiente Inés Arrimadas, que en esta larga campaña está haciendo del puente aéreo BCN-XRY un cercanías. La lideresa critica la relación de monopolio que pretende Susana Díaz (La reína del peronismo rociero, Carlos Mármol dixit) con el acento andaluz. Pero no es Inés la más apropiada para hablar de acentos: ella que en el Parlament parla como si fuera de El Masnou de toda la vida y cuando baja por aquí, recupera el acento jerezano por ensalmo. DG se gira de nuevo para comentarme que “está repitiendo lo de ayer en Sevilla, calcao”. Ay, si Inés fuera la candidata, suspirarán muchos.

Sube al ‘speaker’s corner’ el candidato Juan Marín entre gritos de “¡Presidente!”, mientras a mi espalda una señora disgustada le comenta a su marido: “Anda hombre, presidente… si luego le das los votos a los socialistas. Yo lo he votado y lo voy a volver a votar, pero con la nariz… (y se tapa la suya, como cuando huele mal)”. Amén, señora, le diría si estuviéramos en misa. Como buen joyero, Marín se guarda el collar de perlas cultivadas para sacarlo al final: “Yo quiero liderar un gobierno con el apoyo del PP”.

Pone el colofón al acto el líder, Albert Rivera, que como es habitual en Cádiz hace referencia a los “valientes liberales que hace 206 años pusieron la primera piedra del liberalismo europeo”. Habla en clave nacional, con críticas feraces y feroces al PSOE de Sánchez y a los nacionalismos. Reivindica Alsasua frente Atsasu y a Nicolás Redondo Terreros frente a Ánder Gil, “que llamó perros a las víctimas”. Se refiere además a la relación bipartidista PPSOE como “los pimpinela”, que fingen enfadarse mientras pactan los miembros del CGPJ.

Tiene Carlos Herrera un espacio de opinión en OK Diario titulado ‘No sin mi palo selfie’. Pues eso pensarán los líderes de Cs, no cerramos el acto sin nuestro palo selfie, que como en el spot de campaña Juan Marín toma en su mano ambidiestra y retrata a los mandatarios en el escenario con los ciudadanos (y ciudadanas) de fondo: “¡Na-ran-ja!”

Cuando desperté, Gistau ya no estaba allí.

gistaau

David Gistau reflexiona

Maestro Galdámez

Se va, y dice que no vuelve. 

Que ya está harto de los políticos y de los madrugones a las cinco y cuarto, me confiesa ojeroso con su eterno cigarrillo entre los labios. 

José Manuel Galdámez Cabalga es hombre con dos calles en Ayamonte, su cuna. De allí partió con su madre y hermanos a Sevilla, a su mundo de Triana, en pos de la prosperidad. Se enganchó al micrófono en Figueras, cuando hacía la mili. Amenizaba el exilio sureño, desde una emisora local, con música de la que siempre ha sido su patria: el folclore andaluz.  

A su vuelta a la vida civil, se pateó Sevilla y media, de emisora en emisora. Todos los micrófonos se los encontró cerrados a su voz juvenil. Por currículo portaba un papel en el que solo había escrito una palabra en letra capital y subrayada: ILUSIÓN. Una ilusión que se tornaba desesperación tras el continuo rechazo. Su última bala la disparó contra un joven director de una emisora local, un tal Paco Lobatón. Se vio que erró el disparo, ya que aquel periodista jerezano se mantuvo incólume y firme en su negativa. De vuelta a casa, derrumbado, se paró y se sentó ante una virgen, y conversó con ella. No sabemos que se dijeron, pero cuando por fin, tarde, entró por la puerta del hogar, su madre le comentó que le había llamado un tal Lobatón.  

Al siguiente día empezó a serlo todo en la radio hispalense: pinchadiscos de música clásica, conductor del espacio radio-fórmula (una canción, una noticia), descubridor de talentos musicales, locutor deportivo, voz de la Semana Santa, director de informativos. Casi siempre ligado a la cadena COPE, donde conoció al amor de su vida, Mari Carmen. 

Cuenta humildemente, aunque orgulloso, entre sus mil y una anécdotas (esas que narra entre copa y copa), que él le hizo la primera entrevista a un por entonces jovencísimo desconocido José Manuel Soto. Idéntica situación con Pastora Soler.  

Sevillista irracional, me cuenta que cuando narraba los goles del Betis ponía todo el énfasis posible para disimular su disgusto. Un profesional pasional. Me dará una colleja si cuento que cuando le marcaban al Betis, lo celebraba con el puño apretado por debajo de la mesa mientras trataba de poner su voz más compungida.  

Me abrió, hará cinco años, la portada del cielo, o sea, de la Feria de Abril; donde los porteros de las mejores casetas nos franqueaban el paso al reconocer al mejor locutor que ha tenido Sevilla en sus tres pasiones: La Semana Santa, la Feria y El Rocío. 

No se le cayeron los anillos, como se suele decir, cuando la COPE le pidió que bajara a Cádiz a cubrir la vacante en Informativos. No se lo pensó. Se lo repensó después de decir que no. Afirma que sintió que su querida madre bajó para empujarle a tomar la última gran decisión de su carrera profesional. 

En Cádiz, se tuvo que reinventar como profesional. No le quedó otra. Aquí no había técnico ni becarios. Solo estaba su voz de aguardiente para informar a toda una Bahía. Bajó al barro de las ruedas de prensa de los politicuchos locales, donde se sentó a la mesa, como uno más, con becarios de la calaña de un tal Manuel López, que por entonces andaba por la SER.  

Me agradece haberse cruzado conmigo, porque dice que le tendí la mano el primero. Cuando fui becario tuve un buen jefe en la SER, y un Maestro, para toda la vida, en la COPE. Qué fortuna la mía. 

Creí que era uno más de sus embustes, mas no fue así. Hoy, viernes 28, cuando cumple 59, a las 14:29 se despide con un “hasta siempre”. 

Pues sí, se va y dice que no vuelve. Pero, torero como es… volverá.

Abascal en casa de Kichi. Crónica del acto de VOX en Cádiz

Si no estuviera en un mitin de VOX pensaría que estaba en un mitin de VOX. Y es que hay veces, las menos, que uno encuentra lo que esperaba.

Marines con plaza en La Isla de León: la piel curtida, el pelo al rape y la musculatura aparatosa. Niñas pijas y guapas venidas de El Puerto, de Jerez (Vista Hermosa, El Centro Inglés, Puerto Sherry, El Altillo School. El fruto dulce y fresco, eugenésico, de la endogamia patriótica). Viejos ‘legías’, pendencieros y amputados. Doctores y abogados que frisan la jubilación y que perdieron los complejos: escuchantes de ES Radio, lectores de ABC, con gafas de cristales redondos y camisas de marca, pantalón de pinza y patrico en los pelos que van quedando. Banderas de España por doquier: en la correa del reloj y cinturón, bordada en la camisa, pulseras, en gorros, en los zapatos.  

Españoles tan heterogéneos convergentes allí, en El Palacio de Congresos de Cádiz, por una misma idea: España. La única de VOX. 

A la entrada de la antigua fábrica de tabacos no hay colas como cuando viene Albert Rivera a perorar de La Pepa. En los aledaños se ven las primeras banderas de España que ondean y orientan al despistado. En la misma puerta del salón de conferencias hay dos mesas con merchandaising, que no tienen otra función que la del independentismo: trocear y vender España. Y un cartel verde que reza “Actúa”. Dentro, los asistentes que aguardan se hacen selfies patriotas, hablan de política y medios: de la tesis de Sánchez, de “La Secta”, de FJL. 

Con puntualidad oxoniense aparece cabizalto el Presidente de VOX Santiago Abascal, los españoles presentes se ponen en pie, dan palmas atronadoramente y ondean las rojigualdas al aire acondicionado; suena música épica a lo Gladiator, como no podría ser de otra forma. Abascal tiene pestañas de ternero, los ojos y el físico de un toro bravo y una barba aguda y negrísima que evoca a un comerciante turco del siglo XVII, como de novela de Pamuk. Desde otro ángulo guarda cierto parecido con Scar, el malo del Rey León.  

Tres teloneros calientan la patria allí reunida, cargos provinciales y autonómicos. Un tal Juan Carlos Sáinz, Presidente Provincial, cuenta la anécdota con los “demócratas podemitas” que les esperaban a las puertas de sus reuniones a cantarles “Si somos uno o dos, ya somos más que VOX”. “Hoy tendrían que buscar una rima con miles”, dice orgulloso. Habla del “pirata Piccardo”, de revertir la “injusta” Ley de Género y “luchar” por la custodia compartida, que, “por experiencia propia”, deja a los padres “relegados a cajeros automáticos”. Entra en lo personal, emociona, su hija mayor ya no le trata, y “la chica va por el camino”, confiesa. Antes del Presidente Nacional, sube a hablar Salud Anguita (vaya apellido para ser de VOX), dizque Vicesecrataria Nacional, con acento de la Andalucía oriental, “qué buena está”, comenta uno de tantos carlosherreras. 

Santiago Abascal entra como un Miura a su discurso, “¡Buenas tardes, FUERA AUTONOMÍAS Y GIBRALTAR ESPAÑOL!” Enloquecen los patriotas. Parece evocar el quinto precepto del decálogo de las remontadas de Juan Gómez ‘Juanito’: “La primera jugada tiene que acabar en la línea de fondo o arrancar un grito desde las gradas”. Aunque VOX no tiene nada que remontar, ya que no tiene nada que perder. Por eso el discurso tan al ataque, tan ofensivo, en el que hasta el portero sube a rematar los saques de esquina.

S.A. Pide elecciones ya y asegura que VOX entrará en el Congreso. No da tregua, marca una cadencia marcial. Se refiere al “licenciado Sánchez”, “por culpa del registrador Rajoy”, como “cómplice de la invasión migratoria y el tráfico de seres humanos”. Tiene para todos: para Soros, para “la derechita cobarde” que se abstiene ante “una expropiación a la Iglesia”, dice por la exhumación de Franco. Y se acuerda también de “la veleta naranja”, “Riveleta”, que “se mueve según marcan las encuestas”. Hace pública una propuesta personal: “Implantar el servicio militar obligatorio de nuevo”. ¡Bum! 

Como hilo conductor de su arenga patriótica se refiere a la “España viva”, la de los españoles sin complejos: “Vamos a llamar al pan, pan, y al vino, vino”. Frente a la “España muerta”, “que solo piensa en desenterrar a los muertos y resucitar los odios”. Se produce un momento catártico en el Palacio cuando Abascal toca el tema de la independencia de Cataluña e inflama su discurso contra los golpistas; y los patriotas aplauden a rabiar, y se levantan y aplauden más fuerte aún, y Abascal alza su tono, ya de por sí alto, por encima de los aplausos, y aquello ‘pega un explotío’ de euforia. 

Finaliza tan arriba como empezó: con un “¡Viva España!”. Y los patriotas, a una sola voz, cuadrados, “¡Viva!”. Suena el himno nacional. Cuando snchz estuvo en este mismo escenario, en su tour Peugeot, sonó La Internacional.  

Sale uno a la calle, empatriotado, y le choca, le contrasta fuertemente, “la España viva” de Abascal con la Cádiz comatosa del Kichi.