crítica

Fisking a la epístola de ‘Kichi’ a Monedero (muy deficiente, profe)

Querido Juan Carlos,

[después de coma no va mayúscula] Hay cosas que es mejor decirlas porque de no decirlas [callarlas: por no repetir verbo y ahorrar en palabras] se enquistan y se vuelven cancerosas [aquí, al menos una coma o punto y coma] y no en un año, ni en dos, ni en diez, más tarde, cuando ya la memoria se ha librado de la carga y el corazón ya no recuerda la herida [¡cuántas mentes ha destrozado la cursilería de Galeano], te hacen un agujero negro que crece en cualquier parte del cuerpo,[dos puntos] en el estómago, en el pulmón, en la garganta o en la lengua. Y todo por no decirlo, por no hablar.

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La preeminencia femenina

Mi Lolita:

Hablemos de la preeminencia, definida por tus vetustos académicos como “privilegio, exención, ventaja o preferencia que goza alguien respecto de otra persona por razón o mérito especial”; en el caso que nos requiere, de género.

Sí, la mujer ocupa un lugar preeminente, respecto al hombre, en ese terreno ponzoñoso que podemos definir como pre-sexual; es decir, en el ligue, el flirteo, el coqueteo. Es en este proceso primario (en su amplia acepción, entiéndeme) en el que vuestra superioridad natural respecto al varón es palmaria. Algunas sois viperinas, os valéis de y apoyáis en esta ventaja para jugar, exprimir y aprovecharos de vuestras víctimas de orden fálico. Otras, jugáis desarmadas, en pos de esa quimérica “Igualdad real”.

Bajemos, pues, al barro de lo concreto, para que me entiendas (y no me acuses de ‘mansplaining’, que sabes que me entra la risa):

Un hombre común, para ligar, -salvo los de estómago generoso-, debe trabajárselo mucho, y, aun así, no se asegura el pan al final de la jornada noctámbula. Un varón poco agraciado tiene que dejarse la piel, la vergüenza y hasta la cartera, si quiere, al menos, participar de la rifa (no te irrites, es una metáfora). Y ya, ese hombre tímido, carente de labia, tiene que esperar, como mínimo, una alineación astral.

A vosotras, con vuestro vestidito estampado de flores y vuestros labios teñidos carmesí, incluso sin labia, incluso sin atractivo, os basta poneros en medio de la pista o apoyar un codo sobre la barra para tener a siete ejemplares del sexo opuesto revoloteando cual moscardones en derredor vuestra. Y, entiendo, que esto os puede resultar agobiante. Y a ellos, humillante.

Pero la realidad del coqueteo, en definitiva, es de preeminencia femenina. ¡Atenta al verbo!: Una mujer liga cuando quiere, un hombre, cuando puede. Hay tanto en ese camino verbal: por ejemplo, la explicación a muchos actos indebidos del varón frente a la fémina (apoyados en la preeminencia física de este). Acciones sucias, violentas, injustificables, condenables, execrables, …pero comprensibles (repito que no justificables) desde este lado de la inferioridad masculina.

¿Acaso el derecho a importunar del hombre no se justifica por esta preeminencia femenina?

Permíteme retomar e introducir el bisturí en una idea anterior: Acordamos que vosotras, por lo común, sois buenas conocedoras de vuestras potentes armas. Algunas sois señoras, compañeras, que de verdad pretendéis una igualdad, y que generosamente renunciáis a vuestra naturaleza para entregaros al juego desarmadas. Pero, también estáis las que no dudáis en valeros de esa preeminencia para instrumentalizar al hombre. Para jugar con él como un perrito: el palito y la zanahoria, sin daros cuenta que lo estáis destrozando, joder. Conozco alguna que incluso no paga una copa.

¿Acaso, como varón, os pido que renunciéis a este privilegio natural? No, ¡en absoluto! Para prohibir, para remontar la naturaleza, ya está vuestra querida izquierda: populista, radical y digital. Solo defiendo el derecho a importunar del pobre hombre, por cierto, también natural.

Ahora, Lo, lánzame la primera piedra.

M.

El proceso

“El mundo se divide en dos: Los que viven como Dios manda, y los que mandan viven como Dios”. J.C. Aragón

 

En la Universidad, así como en la vida en general, rige la ley de la balanza. Los contrapesos hacen que, si alguien sube, otro baje. Es decir, donde hay beneficio, hay perjuicio. Estos días han colmado la palestra mediática los casos de los beneficiados, de los favorecidos universitarios: el anverso de la moneda. Yo les contaré un caso kafkiano, el mío propio, que junto al de algunos compañeros, está grabado en el reverso de la misma moneda: donde nos hallamos los perjudicados, a quienes se nos puso unos pesitos para que bajara nuestro platillo y subiera el de los otros.

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La lengua mordidita

La lupa mediática nacional ya no hay quien la aparte del Teatro Falla hasta que acabe el Concurso. Toca convivir (cantar) con esa presión añadida. Mas dudo que los autores de carnaval se amilanen ante esta situación de perenne vigilancia mediático-social; es más, en las sucesivas fases arreciarán, seguro, las letras críticas contra esta inquisición extramuros y a favor de la libertad de expresión.

Cuesta creer que la amenaza con los juzgados pueda atemorizar a los autores, parapetados tras el ‘animus iocandi’ (intención de broma) y confiados en una justicia local conocedora de la fiesta. Aunque cabe resaltar que el ‘animus iocandi’ hay que tomarlo como lo que es, un amortiguador y contextualizador de la posible ofensa; no un justificante de un delito de odio: no todo vale, y sí es delito encubrir el odio dentro del humor.

Pero como sucedía con la Ley Fraga, la censura más eficaz, que puede acallar a los autores, es la propia: la temida autocensura. Escribir con cortapisas, llenar el papel de borrones o teclear con el dedo corazón diestro acariciando sobre la flecha de retroceso, son los síntomas más evidentes de esta práctica abortista. Por desgracia, ya es una realidad que la pluma de los autores carnavaleros sucumbe ante la inquisición digital de lo políticamente correctísimo: o sea, los tuiteros insomnes que fiscalizan hasta la letra más inocua de la última comparsa. No vaya a ser que llamen parienta a la mujer, suegra a la suegra, o negro al negro.

 

 

El perro andalú

Vayan estos tres relatos a la atención del Instituto Andaluz de la Mujer, a la de la Junta:

Con apenas dieciocho año recuerdo salir de juerga por El Puerto a finales de verano. Callejeando, un amigo y yo, nos desviamos del resto en busca de una esquina tranquila donde cambiarle el agua al canario. Un par de puretonas (tendrían 15 años más que nosotros) iban riendo detrás nuestra, y una de ellas agarró las nalgas de mi amigo. La reacción de este fue inmejorable, “¿puedo yo también?”, preguntó amablemente. Y ¡pum!, palmadita de vuelta en el pompis de la pureta. La cosa quedó empatada.

Me contó mi padre que, también con dieciocho años, salía de casa tras las uvas para dirigirse a su primer cotillón. Caminaba por las calles del centro de Granada cuando un par de jóvenes exaltadas de su edad empezaron a gritarle desde una ventana próxima “¡tío bueno!” y de ahí para arriba. Él, nervioso y distraído, chocó contra una farola y se hizo una brecha en la frente.

En mi colegio cada año se celebraba (y se celebra, supongo) un torneo de fútbol del que participaban todas las clases de secundaria y bachillerato. La final de este era el gran evento de la fiesta de la escuela. Al partido asistían principalmente niñas con los nombres del guapito o chulito de turno pintados en ciertas partes de su cuerpo. Apoyaban a este o a otro jugador con gritos y cánticos tales como “¡Pepe, guapo!”, “Juanito, buenorrooo” y aún más “Paco, capullo, queremos un hijo tuyo”.

Y me pregunto: ¿Son estas mujeres unas cerdas por gritar barbaridades?, ¿son gallitas por “opinar libremente sobre nuestro aspecto físico”?, ¿son pulpas por palpar traseros? ¿son buitras, son búhas, son gorrionas?

Yo creo que no.

Si consideramos que todo hombre es un potencial acosador o violador, y toda mujer una posible víctima, el pacto por la igualdad está roto: lo rompen ustedes mismos al dividirnos en agresores y víctimas, en animales y mujeres. Lo único que van a conseguir por ese camino es desnaturalizar las relaciones entre mujeres y hombres y agrandar la brecha entre los dos géneros.

#NoSeasAnimal

Antología de la mentira (en construcción)

Poema* 1: Los hechos 

Bajo el subtítulo se leía: 

“Era un matrimonio de mediana edad. Ella era ama de casa y soñadora. Él era médico. Era la hora de comer, y estaban en la sala de estar junto a la chimenea.” 

Ese fue el relato que ofrecieron los diarios. 

Él no es médico, sino un celador jubilado. No es de mediana edad, tiene 68 años. No era la hora de comer, era medianoche. No estaba en la sala de estar, sino en la terraza: por lo que tampoco había chimenea.  

Ella no existe.  

Está soltero. 

Vive solo. 

 

Poema 2: Mátrix mediático 

Le pidieron que escribiese un relato distópico. Mas no le hizo falta recurrir a su imaginación. Le bastó con sacar de su mochila el diario del día y empezar a pasar las páginas ante los presentes: 

Referéndum ilegal: Editorial contundente: con sus mossos, su Fiscalía, sus patriotas, sus rufianes, sus anarquistas y su olé que viva la Guardia Civil. 

Elecciones alemanas. 

Caminata del presidente por Washington. 

Victoria del Real Madrid y derrota del Atleti. 

Boda del torero con la farandulera. 

Televisión y 

tiempo soleado. 

El escribiente cerró el periódico y preguntó al auditorio: ¿Ven ustedes suicidios por alguna parte? Pues yo, tampoco. 

 

(*) Estos escritos no son poemas, pero puestos a mentir. 

Cádiz es Pamplona (comentario de ‘7 de Julio’, de Chapu Apaolaza)

El libro ‘7 de julio’ llegó a mis manos de manera azarosa, diría que mágica. Como buen humano débil, tengo mis vicios y mis compulsiones: el mío es caro pero instructivo, se trata de comprar libros por Amazon, por impulso, sin pensarlo: reconozco sentir placer al clicar y añadir al carrito, y luego cuando llega a casa y rompo el cartón y tomo en mis manos el nuevo libro y huelo sus páginas… El caso es, que el día del chupinazo de 2017 sentí una atracción repentina y fugaz por una fiesta que me era totalmente desconocida y ajena, necesitaba saber algo de ella. Me vino el libro de Chapu a la mente, ya que sabía de su existencia por ser seguidor del buen hacer de la editorial Libros del K.O.; tenía también ‘Fiesta’ rondándome la cabeza. ¿Cuál de los dos comprar y leer? “‘7 de Julio’, está claro”. “No, mejor ‘Fiesta'”. “Bueno, mejor los dos”. Clic, clic.

Así, la noche del lunes 10 estaba sentado en mi butaca de leer con ‘7 de julio’ en las manos, sin saber qué me iba a deparar. (Pensé en leer primero, a modo de telonero a Chapu, para luego pasar a Hemingway… Ahora tengo cierto miedo de comenzar ‘Fiesta’, no vaya a ser que eche por tierra todo lo que Chapu ha despertado en mí).

Puedo afirmar y afirmo que el libro de Chapu me ha inoculado el veneno de San Fermín. Esa noche de lunes me acosté tarde leyendo, el libro me atrapó y perdí la noción del tiempo. Pero no me importó, puse el despertador del móvil a las 7 y 45, media hora antes de lo habitual: necesitaba corroborar por la tele y en directo lo que había leído en el libro. Normalmente pongo tres alarmas en el móvil, con tres minutos de diferencia cada una, para así despertar de manera más suave con la última. La mañana del martes 11 me incorporé en la cama como un resorte, a la primera, impulsado por una energía, por un motivo potente y desconocido. ¿Cuál era?, pensé en esos cuatro o cinco segundos de ubicación que uno necesita al despertar. “Hostia, el encierro”. Corriendo al sofá y La 1 puesta.

Era verdad, no me mintió. En la tele me encontré, corroboré, lo que Chapu me había narrado la noche anterior. El rezo de menos 3, el canto que desde 2009 también se hace en euskera, el pequeño santo moreno, el rezo de menos 1, los pocos valientes en la cuesta de Santo Domingo, las caras de tensión de los corredores más conscientes, los estiramientos, el cohete, los cencerros. El encierro.

Los momentos previos a la salida de los toros sentí cierta ansiedad, angustia, un hormigueo en los dedos de las manos, dificutad para tragar saliva y un estrechamiento del esófago. Lo mismo que había sentido de noche con el relato de Chapu, un superdotado en la capacidad de transmisión de sentimientos, un transcriptor de la vida. El encierro fue rápido, 2 minutos y diez segundos, y apenas pude fijarme en las carreras de los mozos ante las astas, ya que mi atención se centraba en la supervivencia de estos. En la repetición multicámara de TVE, ya sí pude disfrutar.

Antes mencioné la inoculación del veneno sanferminero, y prueba de ello es que esa mismo martes a la hora de comer, muy serio yo, frente a mi abuela en la mesa, le dije con voz de quien decide ir voluntario a la guerra: “Abuela, el año que viene me voy a correr los sanfermines”. Esa tarde-noche, tapeando con un amigo le solté: “Quillo, el verano próximo nos vamos pa’ Pamplona a correr, con dos huevos”. ¿Qué mejor prueba de que la llama había prendido en mí, de que por culpa de Chapu me había envenenado en una sola noche de lectura?

El miércoles, el jueves y el viernes repetí ese rito recién creado. Alarma a las 7:45 y la tele enchufada. Me habitué a esa leve ansiedad mañanera que acentuaban los cantos al santo de menos tres y de menos uno y disparaba el bum del cohete; aunque el jueves viendo el encierro y habiendo leído la noche anterior el capítulo de la muerte, cambié de opinión y pensé “no corro, ni de coña”; la ansiedad me dominó solo de pensar que el próximo julio yo estaría allí. El viernes, de nuevo decidí que corría. Sentimientos viejos: la euforia; monstruos antiguos: la ansiedad, la puta ansiedad, pero aplicados a algo nuevo. Al nuevo mundo en el que acababa de desembarcar. San Fermín.

Cuando Chapu habla en su libro de Pamplona, yo pienso en Cádiz; cuando habla de San Fermín, yo pienso en el Carnaval de Cádiz. Dos  fiestas a priori en la antípodas, pero que si se rasca un poco en ellas, el fondo es el mismo: un baile entre la vida y la muerte, una exaltación de la vida. Escribía Martínez Ares para la comparsa La Eternidad, que Cádiz es “la tierra donde tropiezan y donde descansan los vivos y los muertos”. ¿Acaso no es eso la Pamplona de los sanfermines? Juan Carlos Aragón con Los Millonarios comparó el Carnaval con una religión laica (valga el oxímoron):

[…]todas las calles de Cádiz/ también son el templo de una religión/
que da a la vida sentido, /por eso te digo, si vienes de fuera /o si eres de aquí
pero aún no te enteras /qué es el Carnaval:/
No es una fiesta más ni una feria de tantas, /es un modo de estar de la gente de Cádiz,/
que hace de su cantar su semana más santa, /su semana de gloria, de olvido y pasión./
Y como tal religión tiene oración, /culto y profeta, canto, castigo y perdón, /resurrección, música y letra,/
y como tal religión, /mi religión, /tú las respetas.

¿No son acaso los sanfermienes eso mismo? Una religión laica en la que se venera a San Fermín, en muchos casos, desde posiciones ateas; una fiesta en la que no hay más dios que el toro. Acaso es San Fermín una simple fiesta más o una feria de tantas; no es acaso un modo de estar, de vivir. Una semana de gloria, de olvido y pasión. Desde la jota del día siete, hasta el “pobre de mí”, pasando por los rezos al santo, no son más ni menos que oraciones. No son acaso los corredores más destacados, profetas de la trayectoria del toro, del devenir de la fiesta. ¿No es cierto que son componentes del encierro el castigo y el perdón concedidos por el toro? Acaso no es otra cosa el encierro, la fiesta, que una resurrección.

Mil kilómetros separan a Cádiz de Pamplona. Pero la distancia es solo física, ya que estamos “pegados por la saliva” como dijo el sabio, ligados por la muerte y la vida, por la sangre, por el vino. Cádiz, tan idosincrásica no se entiende sin Pamplona; Pamplona, tan foral ella, no se entiende sin Cádiz; por ello la importancia de coser un país por los márgenes, sin necesidad de pasar por la imposición de un Estado Central.

* * *

Permítaseme la coda: La Cádiz de hoy, la del Kichi, no puede estar más alejada del mundo del toro. “Ciudad libre de espectáculos con animales”, así ha sido declarada hace poco. Un alcalde, que ignorante él, tacha a la fiesta con trazo grueso de “maltrato animal”. Pero pese a que Cádiz desde los años setenta no tiene plaza de toros, por causa del estigma franquista (se hizo de las paredes del coso un paredón), no hay que olvidar jamás la importancia que tuvo la esplendorosa Gades en el toreo. La ciudad puede presumir de algunos hitos de la tauromaquia como la invención del toreo a pie, el ser pionera a la hora de construir un ruedo, o acoger el primer mano a mano entre Juan Belmonte y Joselito El Gallo. Casi ná.

¡Gora San Fermín y viva el Carnaval!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ojeda con dos cojones (en defensa de la incorrección política)

Hace casi dos años que escribí un artículo, “Hay más tontos que botellines”(mi blog cerró, aquí lo recuperé) bastante crítico con Álvaro Ojeda, del cual a día de hoy no me arrepiento (hay etapas) pese a que haya cambiado mi percepción del sujeto. En las siguientes líneas pretendo desmontar mi propia opinión pasada y defender, en la medida de lo posible, a Álvaro Ojeda.

La palabra que más repetí, por activa y por pasiva, en mi citado y enlazado texto fue “tonto”. Sí, (des)califiqué a este tipo de tonto hacia arriba. Me equivoqué: ¿Cómo pude yo llamar a Ojeda tonto? Ojeda no tiene de tonto un pelo, que yo sepa nadie le ha dado nada hecho: todo lo que tiene (la influencia, la fama, el empleo-el dinero) se lo ha ganado él solito desde la nada. ¿Se puede (des)calificar de tonto a alguien que comenzó con una cámara barata, una silla y su palabra, se hizo viral, formó una legión de seguidores, y hoy colabora en un diario nacional cobrando lo que Inda no le pasa a sus niños y le publican y vende libros? Simplificando la cuestión, ¿es tonto alguien que de la nada ha logrado empleo, remuneración, fama e influencia (y no precisamente en cantidades exiguas)? Ahí dejo eso…

Mi artículo en cuestión fue muy aplaudido y recibí en el blog un número de visitas desorbitantes (para mis números habituales): en torno a 150mil usuarios pasaron por el post, cuando lo habitual es que no superase los 300 usuarios por entrada. Me pregunto cuál fue el secreto del éxito de dicha opinión vertida…, como una fórmula de la Cocacola lo busco y lo busco en pos de la receta del éxito (si hubiese tenido ese número de visitas por artículo otro gallo cantaría en mi carrera profesional como periodista). ¿Fueron las musas?, ¿la temática?, ¿el sitio y el momento?… Hay algo de lo que si tengo certeza que contribuyó a la buena acogida de la paliza verbal a Ojeda, y es la corrección política que utilicé en el texto, totalmente impropia de mí (huyo de ella, tengo pesadillas con ella). ¡Cuán fácil es criticar a Ojeda (políticamente incorrectísimo y controvertidísimo,… ah y de derechas) y que te aplaudan! Prueben a hacerlo con Jiménez Losantos o con Sostres, el resultado será similar. Eso sí, no se les ocurra meterle mano a Wyoming, al Follonero o a Preescolar.

Sigo, párrafo aparte, desmenuzando mi artículo y su política corrección. En este vine a decir que Ojeda era un intolerante que no respetaba las ideologías diferentes, que era un machista retrógrado, un fascista y un etcétera de calificativos sacados del manual de bolsillo de insultos de la nueva izquierda (y lo de cuñado porque aún no se llevaba…). Y es cierto que este señor sea algo machista, ¿y qué?, que tire la piedra el que no tenga su ramalacito machistoide; además no creo que Ojeda se enorgullezca de ello, ni hace apología de su machismo (al menos de forma [mal]intencionada). Que no tolera o respeta otras ideologías… él no pone la mordaza ni censura a nadie, simplemente da su opinión libre, natural, desnuda, puede que hasta sin pensarla. Critica a Podemos o al independentismo de manera, muchas veces, agresiva y desacertada: ¿Y? ¿Acaso Podemos no es un partido liderado por una cúpula endogámica, agresiva y desacertada (más en sus propuestas que en su análisis)? ¿No es el independentismo una agresión a España y un desacierto absoluto? Y aunque no lo fueran, este hombre (y tú) puede decir lo que le salga de los cojones: siempre ateniéndose a las consecuencias. Si no te gusta, no lo escuches. Y ¿qué tiene Ojeda de “falangista”? El color de la camisa, porque de los ideales primigenios de José Antonio Primo de Rivera (junto a Ruíz de Alda y cía.) a los que preconiza Ojeda hay siete galaxias.

Vale, Ojeda es bastante inculto, es cateto y es un patriotero: es verdad, pero ¿acaso no es así el españolito medio? ¿Qué tiene de malo? Es el quinto pecado capital, la Envidia (perdón por la mayúscula) la que lleva al redil a despellejarlo. ¿Cuántos periodistas (y no periodistas) como yo, desempleados, envidiamos un puesto como el de este hombre? A mí, me jode mucho poner Telecinco y ver el circo de colaboradores no-periodistas que están cobrando un pastizal en torno al periodismo rosa (por cierto, una rama periodística tan respetable como cualquier otra); también me jode ver que Ojeda, que no tiene título de Periodismo (como Carlos Herrera, como Wyoming, como Lama…) esté en la pomada precisamente del periodismo nacional. Me jode, pero me aguanto, porque es que es lo que hay, es el panorama que nosotros mismos hemos creado y alimentamos. Volviendo al artículo, en el que le ataqué por su ausencia de titulación periodística y el desprestigio de la profesión que estaba favoreciendo. Pero, ¿es que acaso está profesión no está por los suelos? ¿Cuán mínima será la cuota de culpabilidad de Ojeda?

“Ladran, luego cabalgamos”: Esta expresión o cita popular que se le atribuye erróneamente al Quijote de Cervantes, podría ser perfectamente el leitmotiv de Ojeda. Y es que si los fariseos custodios de la corrección política y de la moral hacen ruido es que Ojeda está cabalgando. Si hay decenas de páginas en redes sociales donde se agrupan odiadores profesionales de Ojeda, si el Jueves lo animaliza cada miércoles sin falta, si le conceden premios al “tonto”, al “cuñado”, al “gilipollas” del año… es que está haciendo daño; es que tiene influencia y está jodiendo. Ojeda le está haciendo mucha pupita a la autodeminada progresía; sin más armas que su palabra.

Posdata: No entiendan mi abrupto cambio de opinión como un ataque de bipolaridad o ausencia de criterio, tómenselo como lo que es, una maduración de la opinión de alguien que está en proceso de formación, abriendo los ojos. Yo ni lo sigo (a Ojeda), ni lo seguiré, porque ni me hace gracia ni me entretiene, pero lo respeto y desde aquí aplaudo su osadía, su naturalidad y su estoicismo. Pero sobre todo, aplaudo su Libertad (perdón de nuevo por la mayúscula).

 

Plaga de gñus

Tras el Cola Cao y la habitual tostada con virgen extra, lo primero que hice esta mañana fue dirigirme al quiosco a por un ejemplar de El Jueves: mi tacto necesitaba sentir que la portada de la discordia era real, que no era fruto del engaño digital, del Photoshop. Ruborizado y apocado pedí a la amable quiosquera la revista con la esperanza de que me respondiese que no la tenían porque el número había sido secuestrado (pobre iluso de mí, con lo contento que hubiese vuelto a casa con EL MUNDO o el ABC bajo el brazo); ella me debió entender mal, ya que me miró con cierta compasión y me dijo:

-Sí hijo, sí, hoy es jueves.- Yo pensé: <<No, señora, no he pronunciado esa perogrullada, soy simple, pero no tanto>>.

-No, no, que digo que quería la revista El Jueves.-logré expresarme por fin con claridad.

-Ah, sí. Son dos con cincuenta.

Una vez con la revista en mis manos me quedé mirando la portada fijamente, analizando cada detalle (he de decir que me costaba mantener la mirada ante tal dechado de obscenidad). Lo que mas me irritó de la portada fue la inclusión de Rivera y Rajoy en acción de apoyo manifiesto al neonazismo walkingdeico que protagoniza el polémico número. Siendo serios, ¿qué puñetera relación tienen el líder de Ciudadanos y el del PP con la ultraderecha? (Absténganse podemitas al efímero error de la coalición con Libertas. Que como nos pongamos a hablar de fallos pasados…) Esta inclusión de los dos líderes políticos tachándolos de nacionalsocialistas es más que denunciable.

Luego, ¿qué necesidad hay de sacar a colación un tema tan jodidamente serio como es el cáncer: la puta peste del nuevo siglo?  Yo, ni a mi peor enemigo le deseo cualquier tipo de enfermedad, y menos aún que sufra de cáncer. Esto que expresan aquí los responsables del infortunio tiene un nombre: ODIO. Están ‘jugando’ con las mismas armas que los nazis. Aparte, por qué incluir a un infante en esta mierda…

Observando entre la plaga de zombis neonazis calvos, estrábicos y desdentados, hay dos de ellos que se expresan de manera encriptada y onomatopéyica: uno dice <<urgle>>, otro <<gñu>>. Tras una escueta investigación googleliana he concluido que con urgle hace referencia a Nurgle: personaje de fantasía considerado señor de la pestilencia y de las moscas, gran corruptor y amo de la plaga. Con gñu he de suponer que se refieren al mamífero artiodáctilo. Con estas revelaciones saquen conclusiones…

La portada podría haber sido correcta (aunque paradojicamente una revista satírica tal persiga la incorrección), incluso notable, si los señores responsables se hubieran limitado a dibujar la horda de neonazis, simplemente apoyada por el enunciado principal que reza: <<Plaga de nazis. La ultraderecha crece en Europa>>. Me sobra Rivera, me sobra Rajoy, me sobra el niño, me sobra la madre y me sobra el cáncer. Soy de la opinión de que un humorista gráfico cuantas menos palabras tenga que usar para explicar su obra, mejor.

No quiero mojarme en relación a la agresión sufrida por la directora de la publicación Mayte Quílez…, pero como estamos en periodo lluvioso, de perdidos al río. Desde luego que no es justificable ningún acto de violencia: ni física, ni psíquica, ni verbal. El puñetazo es violento; la portada es violenta. Una cosa no justifica la otra, pero la señora máxima responsable se expone a ello en el momento que decide publicar esto. Toca asumir las consecuencias de que uno de tus monstruitos nazis haya trascendido del papel a la vida real. Acción, reacción. Si no hay portada, no hay puñetazo. ¿Y tampoco hay entonces libertad de expresión? Claro que la hay, pero suele tener un precio a pagar, y más cuando se cruzan determinadas líneas.

Siguiendo con mi relato: ya que me había gastado dos con cincuenta en el ejemplar, aproveché y pasé algunas páginas. En el editorial titulado <<Europa apesta a facha>> me llamó la atención el siguiente texto: Todas las modas vuelven. Incluso las más asquerosas… Poco a poco estos desgraciados se han ido colando en los parlamentos europeos. Hablan de frente. Buscan enemigos cercanos. Proponen soluciones fáciles (populismo). Y todo lo que dicen es pura mierda. La cuestión es que la demagogia tiene éxito… Mmm me recuerda a algo cercano… En este fragmento de texto podemos evocar ejemplos patrios (y helénicos) actuales.

He de decir que también despertó mi atención una columna escrita por una caricatura de Sostres que después leeré, aunque no creo que el texto sea más caricaturesco que lo que haya escrito hoy en ABC.

Cierro el artículo. Pero no como Jabois (cambiándome calzoncillos por bragas para poner el colofón), que no creo que me haya quedado tan bien. Pero al menos me he quedado a gusto y el entretenimiento está asegurado. Por si acaso etiquetaré el nombre de Cristiano Ronaldo, y el de Pedroche…, y ya de paso Podemos, Sálvame y homeopatía… Que parece que si no utilizas estos tags no existes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Secta y La Sinrazón

La Secta y La Sinrazón son grandes y (no presuntos) culpables de los dos males epidémicos que sufre España: Podemos y el Partido Popular; de los que derivan el resto.

La Secta y La Sinrazón han creado dos monstruos que ríen cínicamente, mientras se suicida nuestra enajenada nación: Pablo Iglesias Turrión y Mariano Rajoy Brey.

La Secta y La Sinrazón tienen un denominador común: están financiadas por el Gobierno, personificado en Soraya Sáez de Santamaría, que maneja los hilos de Atresmedia. Beneficiarios directos de unas nuevas elecciones que les reportarán más plata por share y más sobres dentro del cristal.

La Secta y La Sinrazón son la alienación del pensamiento, el pastoreo del redil y el toreo del eral, el circo del pueril populacho nacional; escasamente culturizado y ampliamente manipulado. El Plasma de 36” y la estantería vacía. El que se piensa que el argumento central de El Quijote versa en torno a los molinos, pero que te recita en verso la lista de los depositarios panameños.

La Secta y La Sinrazón suponen el retorno al ‘Españolito’ machadiano. Es el neoguerracivilismo. El maniqueísmo: rojos y azules. La jibarización de la política. La erradicación de la primavera y del otoño. La capullización de la rosa y del azahar.

La Secta es García Ferreras y es Wyoming: el comunismo en yate y traje de chaqueta y las continuas lecciones de moralidad farisaicas. Es la degradación del zapaterismo. La Secta ha sido el trampolín del chavismo patrio personificado en la coleta y la camisa de leñador. La secta es la promotora de la telecracia parlamentaria. La Secta es el azote pactado del y por el Partido Popular. La Secta es “Telecorrupción, ¿digame?” Es la pasarela redentora del hacha y la serpiente.

La Sinrazón es un panfleto que no vende tres ejemplares y se sustenta por el interés político. Regala dvd’s los domingos para justificar su trabajo, para blanquear sus ingresos. La Sinrazón es Marhuenda, la personificación de la tertulia, la adhesión inquebrantable a la gaviota, el escarnio del periodismo que es arrastrado, en pos de billetes y vanagloria, por los platos televisivos y estudios radiofónicos. La ubicuidad mediática falaz. La continua felación gubernamental.

Obviamente, La Secta y la Sinrazón tienen un objetivo común: la defenestración y aniquilación del Partido Socialista, y de paso llevarse por delante a Ciudadanos y al que se oponga a su catódica teatralización política.