medios

“Últimamente se muere tol’ mundo”

Reconforta saber que la gente sigue muriendo. Supone un alivio abrir el periódico por la página de las necrológicas y comprobar que la vida continúa su curso natural, pese a que el resto de noticias parezcan anunciar un cataclismo, una inminente implosión del mundo.  

En una esquela, como en una croqueta de abuela, cabe de todo. Desde un poema hasta un artículo de opinión, pasando por un anuncio publicitario: como aquella que pedía una oración por el alma del finado y a continuación aprovechaba para vender “Seat Ibiza rojo, seminuevo”. Que están muy caras las esquelas y hay que aprovecharlas. 

Mi amigo y maestro José Manuel envió siete veces al diario local una carta crítica contra el alcalde y no se la publicaban, ya que el regidor movía los hilos del rotativo. Harto, se presentó en el despacho del director y zanjó el asunto siguiendo un código mafioso propio de la mismísima ‘Ndrangheta: Puso 150 mil pesetas sobre la mesa para que le publicasen una esquela a toda página en el periódico. El mensaje era claro, una cruz y debajo el nombre del alcalde, además de desearle descanso con todos sus muertos. Dos semanas después dejaba la alcaldía. 

Lo de mi tía abuela María parece puro morbo macabro, pero no es más que fruto de su carácter beaturrón y cumplidor. Ella, desde hace 30 años, lo primero que hace al levantarse es abrir el periódico por las necrológicas. A la manera que hoy Facebook nos recuerda los cumpleaños, a ella el papel le avisa de si tiene que darle a algún conocido sus condolencias. En una ocasión leyó el nombre de su mejor amiga, Josefa García García, e inmediatamente llamó a su casa: la propia y supuesta finada le cogió el teléfono, y mi tía le dijo que la echaría de menos y que le pasara con su marido para acompañarle en el sentimiento. 

Desde que he redescubierto la prensa en papel, estoy deslumbrado con este género periodístico: tanto que ya no quiero ser columnista, sino esquelista. La muerte es un tema muy interesante y que nunca se agota, porque como dijo mi amigo Tony cuando falleció Rita Barberá: “últimamente se muere tol’ mundo”. 

Anuncios

Tormenta sobre el naranjal

De Albert Rivera dirán que mató a Kennedy. Que no es Albert, sino Chiquetete. Que, como Luis Enrique, es hijo de Amunike. Que es un lagarto de V (cosa que ya se ha dicho). Que está liado con Chabelita. Y, que tuvo la culpa de la ruptura de la mejor pareja de cómicos patrios, Bertín y Paco Arévalo.  

El diario Púbico abrirá en portada con la exclusiva de que Ciudadanos se financia sus campañas electorales con la venta de ‘rebujito’ en las Tres Mil Viviendas. El diario.es, de Preescolarito,  publicará que “Un estudio psicológico revela que La Manada votaría a Ciudadanos”. La Sinrazón sacará a la luz unos documentos en los que se certifica que el líder de C’s pagó al dentista en negro por la última muela que le empastaron. Y, OkInda sacará a la luz un vídeo en el que Inés Arrimadas aparece robando un chicle en un quiosco de Jerez cuando tenía 9 años. Escándalos que obligaran a Ferreras, por orden de Soraya, a retomar los estimulantes para aguantar al volante las 24 horas de Le Mans. 

Digo esto porque se vienen elecciones, y el acoso y derribo al partido favorito en las encuestas, C’s, se va no a redoblar, sino a centuplicar. Las primeras, salvo que Mariano salga de la catalepsia y siempre que Su Peronísima (Carlos Mármol dixit) agite el abanico, serán las Andaluzas, en marzo de 2019. Las Catalanas ni las cuento, porque ya hay que llamarlas por su apellido: trimestrales. Luego, en mayo, vendrá la triada: Europeas, Municipales y Autonómicas. Y, cuando esa especie de berberecho que aparece en los mítines (Losantos dixit), el plasmarote (ídem) de Marianico el corto quiera, habrá Elecciones Generales.  

Resistan, no traguen: las invectivas y las inventivas vendrán por tierra mar y aire. Van a por Ciudadanos. Se avecina tormenta sobre el naranjal… Esperemos que cuando pase, el cultivo no haya quedado anegado, y el sol salga nuevo y naranja. 

La preeminencia femenina

Mi Lolita:

Hablemos de la preeminencia, definida por tus vetustos académicos como “privilegio, exención, ventaja o preferencia que goza alguien respecto de otra persona por razón o mérito especial”; en el caso que nos requiere, de género.

Sí, la mujer ocupa un lugar preeminente, respecto al hombre, en ese terreno ponzoñoso que podemos definir como pre-sexual; es decir, en el ligue, el flirteo, el coqueteo. Es en este proceso primario (en su amplia acepción, entiéndeme) en el que vuestra superioridad natural respecto al varón es palmaria. Algunas sois viperinas, os valéis de y apoyáis en esta ventaja para jugar, exprimir y aprovecharos de vuestras víctimas de orden fálico. Otras, jugáis desarmadas, en pos de esa quimérica “Igualdad real”.

Bajemos, pues, al barro de lo concreto, para que me entiendas (y no me acuses de ‘mansplaining’, que sabes que me entra la risa):

Un hombre común, para ligar, -salvo los de estómago generoso-, debe trabajárselo mucho, y, aun así, no se asegura el pan al final de la jornada noctámbula. Un varón poco agraciado tiene que dejarse la piel, la vergüenza y hasta la cartera, si quiere, al menos, participar de la rifa (no te irrites, es una metáfora). Y ya, ese hombre tímido, carente de labia, tiene que esperar, como mínimo, una alineación astral.

A vosotras, con vuestro vestidito estampado de flores y vuestros labios teñidos carmesí, incluso sin labia, incluso sin atractivo, os basta poneros en medio de la pista o apoyar un codo sobre la barra para tener a siete ejemplares del sexo opuesto revoloteando cual moscardones en derredor vuestra. Y, entiendo, que esto os puede resultar agobiante. Y a ellos, humillante.

Pero la realidad del coqueteo, en definitiva, es de preeminencia femenina. ¡Atenta al verbo!: Una mujer liga cuando quiere, un hombre, cuando puede. Hay tanto en ese camino verbal: por ejemplo, la explicación a muchos actos indebidos del varón frente a la fémina (apoyados en la preeminencia física de este). Acciones sucias, violentas, injustificables, condenables, execrables, …pero comprensibles (repito que no justificables) desde este lado de la inferioridad masculina.

¿Acaso el derecho a importunar del hombre no se justifica por esta preeminencia femenina?

Permíteme retomar e introducir el bisturí en una idea anterior: Acordamos que vosotras, por lo común, sois buenas conocedoras de vuestras potentes armas. Algunas sois señoras, compañeras, que de verdad pretendéis una igualdad, y que generosamente renunciáis a vuestra naturaleza para entregaros al juego desarmadas. Pero, también estáis las que no dudáis en valeros de esa preeminencia para instrumentalizar al hombre. Para jugar con él como un perrito: el palito y la zanahoria, sin daros cuenta que lo estáis destrozando, joder. Conozco alguna que incluso no paga una copa.

¿Acaso, como varón, os pido que renunciéis a este privilegio natural? No, ¡en absoluto! Para prohibir, para remontar la naturaleza, ya está vuestra querida izquierda: populista, radical y digital. Solo defiendo el derecho a importunar del pobre hombre, por cierto, también natural.

Ahora, Lo, lánzame la primera piedra.

M.

La Resistencia

Cuando ganamos la Guerra en el 39… 

No, hombre, no. No quería ir por ahí porque luego en el 45 nos la devolvieron. 

El caso es que quiero hablar de Humor, porque le debo una grande a La Resistencia, a David Broncano y compañía (puto Grison), que tan buenas siestas me están haciendo pasar. Desde Induráin… 

Decía Spengler que un pelotón de soldados siempre acababa por salvar la civilización. A lo que Paco Arévalo añadía que “los enanitos tienen una pierna así en el medio”. Pero volviendo a Spengler, parafraseándolo, me atrevo a decir que es el humor lo que siempre acaba por salvar al mundo. Mientras haya un átomo de humor, resistiremos. 

Caigo en el topicazo, pero ya sabemos que detrás del tópico subyace cierta verdad, de que la mayor inteligencia se demuestra con el humor. No sería capaz de mantener una relación, salvo interés o sangre, con una persona sin sentido del humor. Me siento una persona altamente humorística, en el sentido que pienso constantemente en clave de humor. Hago mía la máxima de Julio Camba “no me tome ni demasiado en serio, ni demasiado en broma”. Pero tengo un problema, y es que ese humor desde el que percibo el mundo, y que continuamente produzco mentalmente, no sé expresarlo; no soy buen comunicador humorístico. Por eso, admiro tanto a esos genios que directamente te matan con un gesto. Mi amigo Evaristo Rivieccio, a priori es un tipo muy serio y callado, es un puto genio de la narración humorística. Con nadie me he reído más. 

El Humor, el bueno, no tiene por qué producirte la carcajada. Que también, de vez en cuando. Considero que el buen Humor es el que te deja, mientras dura, la sonrisa perenne de bobalicón, como cuando piensas en la chica que te gusta. En su presentación en la Cope hablaba, con acierto, Carlos Herrera de que “hay cada triste por ahí que te dan unas ganas horrorosas de llorar. También es verdad que hay tíos jocundos y señoras jocundas que creen que todo es un chiste. Y luego, otros muchos que saben guardar los equilibrios imprescindibles y necesarios”. Por eso cuando hablo de Humor no me refiero a ese espécimen ojediano tan frecuente por estas latitudes, ‘el grasioso’. Aquí abajo, lejos de la gracia fácil y gilipollas, tenemos dos maestros del humor, Yuyu y Selu. 

Anteayer, escuche al genial humorista Ingatius Farray, aka José Ignacio, citando a Bertrand Rusell en defensa de la libertad humorística, de la expansión de sus límites y del derecho a transgredir y errar. Venía a decir que hay determinadas profesiones a las que tácitamente se les concede el bulo o el privilegio de poder realizar ciertas acciones que serían reprobadas en cualquier otro ciudadano, como el cartero de Rusell, quien podía llamar a todos los telefonillos de los portales sin reprimenda o castigo a alguno.  

Porque el Humor, y especialmente este humor posmoderno (o millenial), que cultivamos y recibimos ahora, debe ser transgresor o no será. El programa de Movistar, (beso en la solapa) La Resistencia, cumple con creces el objetivo de la transgresión. Paradigma, punta de lanza, de este nuevo y magnífico humor que se está produciendo en nuestro país (LVM, Pantomima Full, Miguel Noguera…), el programa de Broncano, como acertadamente dijo un invitado, es diferente. Tiene un no sé qué, inexplicable, inefable, que te engancha y te devuelve la esperanza en la civilización spenglariana: que se salva gracias a un pelotón de humoristas. La Resistencia.  

¿Quién coño son Amaia y Alfred?

(Perdonen el exabrupto del título, pero no hago más que parafrasear a ese gran mafioso yodado, Jordi Pujol, que dijo aquello de “qué coño es esto de la UDEF”).

Con sinceridad, no tengo la más remota idea de quiénes son la tal Amaia y el tal Alfred, ni me interesa. Mas supongo que toca hablar de ellos si uno quiere estar en la conversación: ya que copan las tendencias nacionales en redes y coronan los rankings de noticias más leídas en diarios digitales; robándole protagonismo a la no-investidura del daliniano Puigdemont y al 50 cumpleaños del Borbón y su Toisón.

Esta fiebre por Amaia y Alfred, que empiezo a sospechar -gracias a mi gran olfato periodístico- que son concursantes de Operación Triunfo, me recuerda a un capítulo de Los Simpsons en el cual Homer aterriza en una remota isla pacífica como misionero. Los indígenas no dejan de hablarle a nuestro gordito amarillo sobre las bondades de Craig y Amy: yo me siento Homer repitiendo en tono burlón: “Alfred y Amaia, Amaia y Alfred, ¿por qué no os casáis con ellos?”.

Por mis exhaustivas pesquisas he concluido también que la doble A va a representar a España en Eurovisión. Y por ahí si que no paso: ¿¡teniendo a Puigdemont de gira por todo el continente vamos a enviar a esta pareja!? Manda puigdemones…

En fin, todo sea por que nos desintoxiquemos un poquito del Procés. Que, por cierto, tampoco sé de qué va el tema.