Crítica: Nos vemos en esta vida o en la otra. Manuel Jabois

Nos encontramos ante una historia que pedía a gritos ser contada; era necesario su conocimiento. La suerte es, que estos hechos, fundamentales para comprender como se fraguó el mayor atentado terrorista en España, hayan ido a parar a manos de Manuel Jabois: magnífico narrador que hace fácil lo complejo. El relato de estos acontecimientos sirven para desmentir algunas teorías conspiranoides que a día de hoy algunos periodistas (y no periodistas) sostienen; en las que se le atribuye el atentado de Atocha a la banda terrorista ETA, y se relacionan con los comicios generales que se celebrarían tres días después.

Como suele decirse, muchas veces la realidad supera la ficción: he aquí una prueba más de ello: el guión es inimaginable. ¿Quién iba a ser capaz de relacionar el atentado del 11 M con unos chavales asturianos de mala vida? Lo relatado estremece, te atrapa y no te suelta hasta llegar al fin. Sí es verdad que hay un fragmento en el que se hace complicado seguir los sucesos por la aparición simultánea de muchos actores; especialmente uno puede entrar en un embrollo con los nombres árabes. Al final del libro se presenta el dramatis personae donde se describe a cada uno de los actores de la crónica (Jabois: ya la podías haber puesto al principio, o al menos avisar de su existencia al inicio).

La pluma de Jabois se nota; esa manera tan fresca, cercana y ágil de narrar los hechos, ayuda (y mucho) al seguimiento de los acontecimientos. No me sorprende tanto la supuesta asepsia del autor del libro, que no valora directamente lo acontecido; como la complicidad o empatía que uno llega a desarrollar con el pilar de esta obra: Gabriel Montoya (también conocido con El Gitanillo o Baby). Quizás la antes mencionada asepsia del autor no es tal, ya que aunque sea un mero transmisor, el enfoque y el punto de inicio y final de la narración despiertan sentimientos empáticos hacia el joven interlocutor – que no protagonista-. No hay que olvidar que la opinión es un componente intrínseco de la crónica.

Afirma el autor en una entrevista que Gabriel Baby no es el protagonista de lo narrado: y así es. Para localizar al protagonista de toda historia, basta con preguntarse: ¿quién es el que quiere conseguir algo? (ese algo es el objetivo principal del relato). En este caso son los islamistas radicalizados los que tienen como objetivo atentar contra los ‘pecadores occidentales’ por un supuesto y equívoco designio divino de Alá. Otra cosa es que El Gitanillo sea el personaje que más aparece en la crónica junto a Emilio Trashorras (un cocainómano desequilibrado); algo lógico, ya que es él (Baby) quién se confiesa al periodista en la entrevista que fructifica en este libro.

Parece increíble que un relato que da comienzo con uno grupo de chavalitos porreros en su barrio del norte de España perdiendo el tiempo…, desemboque en la matanza del 11M. Al presentar este cuadro inicial, invita a pensar cómo se tendrán que retorcer los hechos para que estos jovencitos barriobajeros acaben relacionados con los yihadistas responsables del atentado.

Salvando las distancias, la manera en que el autor narra lo inenarrable, y la sangre fría de los protagonistas recuerda a la obra más conocida de Truman Capote. Como sucedió con ‘A sangre fría’ este relato tiene muchas papeletas para ser trasladado a la gran o pequeña pantalla. 

Cabe destacar dos momentos sobrecogedores de la crónica: la profanación del cadáver del agente de policía asesinado en la inmolación de los terroristas en Leganés; hecho poco conocido, y que resulta brutalmente trágico y tétrico. El propio autor explica en el libro el posible porqué de la no relevancia en los medios y su no traslado a la opinión pública. Otro momento conmovedor, que supone un giro brutal en el relato, es el capítulo que comienza con la historia del hijo de uno de los terroristas cuando acude el propio 11 de marzo de 2004 a su colegio y pasa por delante del lugar de autos, se cruza con ese océano proepiléptico de sirenas en la gran ciudad paralizada y atónita; llega a clase, y como un superviviente más de la masacre es aplaudido por sus compañeros. Paradojas, casualidades. Él es inocente.

Antes de finalizar, quiero dejar una doble cuestión: ¿Sucedió todo tal y como se narra en el libro? ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de mentira en lo que Baby le cuenta a su interlocutor?

Plaga de gñus

Tras el Cola Cao y la habitual tostada con virgen extra, lo primero que hice esta mañana fue dirigirme al quiosco a por un ejemplar de El Jueves: mi tacto necesitaba sentir que la portada de la discordia era real, que no era fruto del engaño digital, del Photoshop. Ruborizado y apocado pedí a la amable quiosquera la revista con la esperanza de que me respondiese que no la tenían porque el número había sido secuestrado (pobre iluso de mí, con lo contento que hubiese vuelto a casa con EL MUNDO o el ABC bajo el brazo); ella me debió entender mal, ya que me miró con cierta compasión y me dijo:

-Sí hijo, sí, hoy es jueves.- Yo pensé: <<No, señora, no he pronunciado esa perogrullada, soy simple, pero no tanto>>.

-No, no, que digo que quería la revista El Jueves.-logré expresarme por fin con claridad.

-Ah, sí. Son dos con cincuenta.

Una vez con la revista en mis manos me quedé mirando la portada fijamente, analizando cada detalle (he de decir que me costaba mantener la mirada ante tal dechado de obscenidad). Lo que mas me irritó de la portada fue la inclusión de Rivera y Rajoy en acción de apoyo manifiesto al neonazismo walkingdeico que protagoniza el polémico número. Siendo serios, ¿qué puñetera relación tienen el líder de Ciudadanos y el del PP con la ultraderecha? (Absténganse podemitas al efímero error de la coalición con Libertas. Que como nos pongamos a hablar de fallos pasados…) Esta inclusión de los dos líderes políticos tachándolos de nacionalsocialistas es más que denunciable.

Luego, ¿qué necesidad hay de sacar a colación un tema tan jodidamente serio como es el cáncer: la puta peste del nuevo siglo?  Yo, ni a mi peor enemigo le deseo cualquier tipo de enfermedad, y menos aún que sufra de cáncer. Esto que expresan aquí los responsables del infortunio tiene un nombre: ODIO. Están ‘jugando’ con las mismas armas que los nazis. Aparte, por qué incluir a un infante en esta mierda…

Observando entre la plaga de zombis neonazis calvos, estrábicos y desdentados, hay dos de ellos que se expresan de manera encriptada y onomatopéyica: uno dice <<urgle>>, otro <<gñu>>. Tras una escueta investigación googleliana he concluido que con urgle hace referencia a Nurgle: personaje de fantasía considerado señor de la pestilencia y de las moscas, gran corruptor y amo de la plaga. Con gñu he de suponer que se refieren al mamífero artiodáctilo. Con estas revelaciones saquen conclusiones…

La portada podría haber sido correcta (aunque paradojicamente una revista satírica tal persiga la incorrección), incluso notable, si los señores responsables se hubieran limitado a dibujar la horda de neonazis, simplemente apoyada por el enunciado principal que reza: <<Plaga de nazis. La ultraderecha crece en Europa>>. Me sobra Rivera, me sobra Rajoy, me sobra el niño, me sobra la madre y me sobra el cáncer. Soy de la opinión de que un humorista gráfico cuantas menos palabras tenga que usar para explicar su obra, mejor.

No quiero mojarme en relación a la agresión sufrida por la directora de la publicación Mayte Quílez…, pero como estamos en periodo lluvioso, de perdidos al río. Desde luego que no es justificable ningún acto de violencia: ni física, ni psíquica, ni verbal. El puñetazo es violento; la portada es violenta. Una cosa no justifica la otra, pero la señora máxima responsable se expone a ello en el momento que decide publicar esto. Toca asumir las consecuencias de que uno de tus monstruitos nazis haya trascendido del papel a la vida real. Acción, reacción. Si no hay portada, no hay puñetazo. ¿Y tampoco hay entonces libertad de expresión? Claro que la hay, pero suele tener un precio a pagar, y más cuando se cruzan determinadas líneas.

Siguiendo con mi relato: ya que me había gastado dos con cincuenta en el ejemplar, aproveché y pasé algunas páginas. En el editorial titulado <<Europa apesta a facha>> me llamó la atención el siguiente texto: Todas las modas vuelven. Incluso las más asquerosas… Poco a poco estos desgraciados se han ido colando en los parlamentos europeos. Hablan de frente. Buscan enemigos cercanos. Proponen soluciones fáciles (populismo). Y todo lo que dicen es pura mierda. La cuestión es que la demagogia tiene éxito… Mmm me recuerda a algo cercano… En este fragmento de texto podemos evocar ejemplos patrios (y helénicos) actuales.

He de decir que también despertó mi atención una columna escrita por una caricatura de Sostres que después leeré, aunque no creo que el texto sea más caricaturesco que lo que haya escrito hoy en ABC.

Cierro el artículo. Pero no como Jabois (cambiándome calzoncillos por bragas para poner el colofón), que no creo que me haya quedado tan bien. Pero al menos me he quedado a gusto y el entretenimiento está asegurado. Por si acaso etiquetaré el nombre de Cristiano Ronaldo, y el de Pedroche…, y ya de paso Podemos, Sálvame y homeopatía… Que parece que si no utilizas estos tags no existes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Secta y La Sinrazón

La Secta y La Sinrazón son grandes y (no presuntos) culpables de los dos males epidémicos que sufre España: Podemos y el Partido Popular; de los que derivan el resto.

La Secta y La Sinrazón han creado dos monstruos que ríen cínicamente, mientras se suicida nuestra enajenada nación: Pablo Iglesias Turrión y Mariano Rajoy Brey.

La Secta y La Sinrazón tienen un denominador común: están financiadas por el Gobierno, personificado en Soraya Sáez de Santamaría, que maneja los hilos de Atresmedia. Beneficiarios directos de unas nuevas elecciones que les reportarán más plata por share y más sobres dentro del cristal.

La Secta y La Sinrazón son la alienación del pensamiento, el pastoreo del redil y el toreo del eral, el circo del pueril populacho nacional; escasamente culturizado y ampliamente manipulado. El Plasma de 36” y la estantería vacía. El que se piensa que el argumento central de El Quijote versa en torno a los molinos, pero que te recita en verso la lista de los depositarios panameños.

La Secta y La Sinrazón suponen el retorno al ‘Españolito’ machadiano. Es el neoguerracivilismo. El maniqueísmo: rojos y azules. La jibarización de la política. La erradicación de la primavera y del otoño. La capullización de la rosa y del azahar.

La Secta es García Ferreras y es Wyoming: el comunismo en yate y traje de chaqueta y las continuas lecciones de moralidad farisaicas. Es la degradación del zapaterismo. La Secta ha sido el trampolín del chavismo patrio personificado en la coleta y la camisa de leñador. La secta es la promotora de la telecracia parlamentaria. La Secta es el azote pactado del y por el Partido Popular. La Secta es “Telecorrupción, ¿digame?” Es la pasarela redentora del hacha y la serpiente.

La Sinrazón es un panfleto que no vende tres ejemplares y se sustenta por el interés político. Regala dvd’s los domingos para justificar su trabajo, para blanquear sus ingresos. La Sinrazón es Marhuenda, la personificación de la tertulia, la adhesión inquebrantable a la gaviota, el escarnio del periodismo que es arrastrado, en pos de billetes y vanagloria, por los platos televisivos y estudios radiofónicos. La ubicuidad mediática falaz. La continua felación gubernamental.

Obviamente, La Secta y la Sinrazón tienen un objetivo común: la defenestración y aniquilación del Partido Socialista, y de paso llevarse por delante a Ciudadanos y al que se oponga a su catódica teatralización política.

48 horas con Snapchat

Me sentía como si alguien me hubiese lanzado el guante; quizás yo mismo, o la sociedad, o la juventud. Tenía que recogerlo y aceptar el reto de intentar hacerme con Snapchat en un tiempo determinado: 48 horas. Suele decirse que uno se siente mayor cuando va por la calle y los muchachos le llaman señor y le tratan de usted. Yo me sentí mayor cuando los adolescentes hablaban de Snapchat y yo arrugaba el gesto y les miraba con cara de “¿esto qué es lo qué es?”

Tenía que poner rauda solución a mi obsolescencia. Me puse manos a la obra, me dirigí al Store y descargué la aplicación del fantasmita. Una vez pasé el registro previo y elección de nombre de usuario, foto de perfil (dinámica por cierto) y demás; me encontré con el objetivo de la cámara apuntándome, y mi cara reflejada en la pantalla del dispositivo. Me dije que me había equivocado y que por error había accedido a la cámara del móvil. Pronto descubrí que no: aquello era mucho más complejo que una simple app fotográfica.

Sintióse mi persona como cualquiera de nuestros mayores cuando falto de contrincante le colocabas el mando de la Playstation entre las manos y lo ponías a jugar contigo al Pro Evolution; este pulsaba todos los botones del mando sin ton ni son en busca de cualquier combinación efectiva. Yo igual: presionaba con el índice en la pantalla, deslizaba el dedo hacia arriba, abajo, a la derecha; ora hacia atrás, ora regreso a la pantalla inicial… Involuntariamente logré sacarme cuatro o cinco selfies. Descubrí la opción de añadir texto a la foto y a uno de esos autorretratos no deseados lo bauticé con un “probando esta app tan rara”. Seguidamente, y no me pregunten cómo lo conseguí, compartí el logro en lo que se suponía que era mi perfil.

Caí en la cuenta de que no le había llegado a nadie, no tenía amigos… Me sentía frustrado; nadie iba a poder ser partícipe de mi consecución. Mis sensaciones debían ser parecidas a las del niño que llega el colegio nuevo durante la hora del recreo: ¡necesitaba encontrar amigos (en Snapchat)! Tras seguir un par de tutoriales en la web, conocí las vías para agregar amistades a tu perfil. Recurrí a mi agenda de Whatsapp, donde apenas encontré ocho contactos compatibles; la mayoría de ellos primos adolescentes o hermanos pequeños de amigos. Los míos no estaban: demasiado viejos. En fin, agregué a los que pude y mandé algún mensaje a modo de prueba y con el fin de dejar constancia de mi existencia en aquel universo pueril gobernado por la efebocracia.

Había leído y oído acerca de una de las funciones más populares de Snapchat, los filtros fotográficos. En su prueba y experimento, me puse a trastear con la cámara y pasé un rato divertido prestando el contorno de mi cara al rostro de amigos y familiares de los que guardaba fotos en la galería. También me disfrace de cánido, de zombi, de hawaiana…

Deslizando la pantalla dos veces a la derecha descubrí Discover (valga la redundancia); un apartado que llamó mi atención como periodista. Allí pude localizar distintos medios internacionales como CNN, MTV o National Geographic. Lógicamente accedí a ellos y descubrí un novedoso formato multimedia por el que exponer el contenido diario. Se me pasó por la cabeza que el futuro de los medios nacionales -en pos de conquistar al público más joven- pasaba por allí; me pareció muy atractivo la combinación en la misma pantalla de vídeo, audio, imagen y texto. Además el contenido resultaba ameno, atractivo por lo llamativo y fresco, y exento de distracciones. Creo que pronto veremos a EL PAÍS, a El Huffintong Post o a Neox con su propio canal en Discover.

Casualmente, en el informativo de la tarde, Antena 3 Noticias anunciaba su presencia en Snapchat; no como canal en Discover, sino como cuenta. En pos de ver su actividad en el medio traté de agregar esta cuenta a mis contactos. Tuve que remover cielo y tierra para conseguir el nombre de usuario de la cuenta de A3Noticias, ya que no he logrado descifrar aún el algoritmo del Snapcódigo (agregación de usuarios por medio de una suerte de código QR). Tras antena 3, engrosé mi escuálida lista de contactos con RTVE y Sefútbol. Comprobé que tanto A3 como TVE ofrecían de manera precaria el contenido que hay detrás de ‘bambalinas’, lo que no se ve en la tele. La Selección nacional, no publicó nada. Podemos considerar que estos medios se encuentran en fase beta, están explorando las posibilidades de Snapchat.

Una vez finalizaron las 48 horas decidí desinstalar la aplicación de mi móvil, presionado por el poco espacio que dispongo en el dispositivo. Pienso que actualmente no me es útil ni me resulta interesante la app, pero de aquí a un tiempo retornaré; cuando el periodismo (los medios) tengan mucho más presente a Snapchat. Por ahora se queda en una red para que los adolescentes jugueteen. Es complejo comprender su funcionamiento, hace falta tiempo y cierta pericia para hacerse con esta app, que no sigue un único camino recto, sino que se bifurca conformándose una suerte de espacio social con diferentes compartimentos estancos.

 

 

 

Instagram y el fotopendoneo

Basta con que abra usted en su smartphone la aplicación Instagram y se de un paseito por el muro de las publicaciones -o de las lamentaciones- y será conocedor con celeridad del percal. Ya si accede usted a la sección de recomendados, a la lupa junto a la casita, y echa un ojo, ¡para temblar! ¿A dónde estamos llegado?

Supongo que habrá percibido la cuantiosa presencia de un redil de jovencitas retratadas en posiciones de “dámelo todo papito” dejando poco a la imaginación: pecheras al aire, ceñidos leggins marcando el culamen y el ‘escudo del Sporting’ (término acuñado por un veterano amigo para referirse sutil y jocosamente a lo que ustedes imaginan). Eso sí, siempre acompañada y edulcorada por la frase bonita de turno que deben de sacarla de la taza de Mr.Wonderful en la que toman el Cola Cao.

Cierto es que También hay jóvenes ¿varones? dejando ver sus Armani apretaditos y su torso desnudo y sin un pelo de listo, fruto de muchas horas de gimnasio y pocas o ninguna de lectura. Pero estos últimos son los menos, casos anecdóticos y no epidémicos; aquí la reina del mambo es la fémina ‘requetefiltrada’ y ‘multialabada’.

Sinceramente, no sé que buscan estas señoritas; si reconocimiento, si aumentar su ego, si esconder sus debilidades, si autoafirmarse dentro de esta sociedad demasiado exigente con el conteniente y despreciadora del contenido… no lo sé. El otro día, una conocida me dio una pista, me habló de la ‘enfermedad del like’: todo por un like. Como si un me gusta tuviese algún valor, se buscan los likes como se buscaba antaño febrilmente el oro en las cuencas de los ríos. Esclavas, obsesas; esclavos, obsesos del like.

No ganan nada con ello, solo un like. ¿Cuánto vale un like? Pues salvo para excepciones muy remotas, modelos y blogueras; NADA.

Como antes decía, son ellas las reinas del mambo en Instagram. Son ellas las que más seguidores tienen en la red. Son ellas las que más comentarios, piropos y burradas reciben. Son ellas las que se labran fotito a fotito una reputación de guarra -¡sin circunloquios, ahí!-. Obviamente entre tanto seguidor habrá algún burro que sometido su corto raciocinio a sus básicos instintos de animal le suelte el piropo fuera de tono. Y bien merecido que se lo tienen las fotopendonas, si es este su fin único y último.

No, no se equivoquen, no son mis crudas, ásperas y burdas palabras las que hacen apología del machismo; no, contrariamente estoy denunciando, sacando a la palestra una situación autovejatoria de la mujer. Venderse como un mero trozo de carne, ¿en que situación deja al genero femenino? La rebeldía, la libertad y la progresía de la mujer ya no está en el destape; eso quedó muy atrás, en el ‘landismo’. Ahora la lucha de la mujer es precisamente la de hacerse valer por cualidades ajenas (muy ajenas) a tener un buen culo o dos buenas tetas.

 

 

 

 

Joven periodista: ¿oxímoron?

No descubro América si afirmo que hoy en día el periodismo no es viable, ¿verdad? Los jóvenes no podemos vivir de su usufructo, salvo en contadísimas excepciones. Hace 20, 30 o 40 años el periodista -o abogado, o médico, o economista…- finalizaba la carrera y seguidamente ingresaba en una radio, en un periódico o en una televisión con contrato vitalicio. Eso sí era un periodismo seguro, un medio de vida digno. Hoy en día un elevadísimo porcentaje de los estudiantes de periodismo salen de la carrera directos a la gestión del vacío; toca buscarse la vida en otros menesteres. Las soluciones: otra carrera, unas oposiciones, trabajar de lo que surja -en casa o en el extranjero-, saltar al vacío y emprender… ¿Cuántos buenos periodistas se están perdiendo? ¿Cuántos han tenido que renunciar a su vocación en pro de buscarse un futuro tangible? ¿Qué estamos haciendo? ¿Cuántos saurios -con o sin título de periodista- engrosan las plantillas de los medios cobrando un pastizal, realizando una labor mediocre fruto de la acomodación y la inmovilidad, no dando oportunidad a las nuevas generaciones? Repito, ¿qué estamos haciendo? Mejor dicho, ¿qué nos están haciendo? Cuánto talento derrochado, madre mía… Hace falta un puñetazo en la mesa ya. Habría que aprovechar este paradigma cambiante fruto de la digitalización de los medios para pillar en fuera de juego a la gerontocracia y hacernos con las riendas de nuestro presente y futuro.

Hay un reducto heterogéneo, un porcentaje ínfimo de la juventud que consigue vivir, sobrevivir o malvivir del periodismo. Varios son los casos:

Está el becario sempiterno. Ese atontado egoísta que no hace favor ninguno a sus quinta de compañeros de profesión, aceptando trabajar por dos cochinas pesetas e incluso gratis y haciendo una labor esclava y multiusos en la redacción. Si tú te tiras cinco años trabajando por 300 euros al mes, laborando tanto o más como cualquier compañero de plantilla, ¿qué necesidad tiene el medio de cubrir esa vacante con un contrato digno? ¡Fuera!, no aceptes. Las becas son efímeras; 3, 6 meses, no más; el tiempo preciso para aprender el funcionamiento del oficio y establecer algún contacto con el mundo laboral. Hace poco la Federación de Asociaciones de la Prensa Española lanzaba una campaña en contra de la aceptación de estas prácticas vejatorias, a la cual me sumo y aplaudo desde aquí.

Otro caso es el del trepa, pelota, o dicho de forma vulgar (“con perdón de las damas”, como diría Maradona), el mamavergas: dícese de aquel que no le importa tres carajos a quién haya que pisotear para llegar donde se propone. Desvergonzado hasta el extremo, esa es su principal y única virtud; bueno, esa y la de agacharse bajo la mesa del director, ya sabéis a qué me refiero… De tanto pasearse por la redacción gastando saliva, le acaban concediendo el empleo deseado, por pesado y complaciente. Es como el político que llega a la cúspide del partido; mediocre y fiel a la consigna marcada (y con la lengua a prueba de ojetes). Luego, de ahí salen los Marhuenda o los Ojeda de turno. Este último caso es el del infiltrado que le cae en gracia a los poderosos; también lo incluimos dentro de este apartado.

Una manera heroica, aunque indignamente digna (oxímoron) de tratar de pervivir en el oficio y no renunciar al sueño (al acto de dormir sí renuncias), es la del multiempleado digital. Me refiero a quien trata de buscarse la vida emprendiendo y colaborando con 40 mil medios, pero que no llega a recaudar quinientos euros mensuales. Para él no hay respiro: Ahora crónica para X periódico deportivo, reseña para tal revista cultural, nueva entrada en su blog, grabación de un nuevo podcast para su programa radiofónico online, revisar en Google Analytics por donde se le están yendo las ventas de su empresa de ecommerce, finalizar la práctica del cursillo de herramientas digitales, implementar campaña SEM en redes sociales del nuevo magazine digital que acaba de fundar ¿Y dormir cuándo? ¿Y vivir?

Otro pilar (Rubio) importante del periodismo emergente de hoy en día, son las dos tetas. La tía más tonta de la carrera, si está buena y es un poquito zalamera, tiene el futuro asegurado. Al contrario, el número uno de tu clase, por muy genio que sea en el oficio del plumilla, lo tiene crudo. Siempre se ha dicho que “dos tetas tiran más que dos carretas”. En el caso del periodismo, se podría decir que dos tetas tiran más que una carrera, que dos másteres, que cinco idiomas… Ante las cámaras siempre va a ver sitio para la chica guapa y tonta. Ejemplos tenemos a patadas en la televisión: Carbonero, Pilar Rubio, la siesa del Intermedio, la de la pizarrita de La Sexta Noche, la Pedroche… No sé si calificar esta práctica generalizada de emplear a las dos tetas y la cara bonita como machista. Realmente no sé si la culpa es de quién contrata, del público que demanda a la buenorra de turno, o de ellas, que de sobra saben que no están capacitadas, o que hay compañeros con mucho más nivel para el puesto, y en cambio lo aceptan sin decir ni mu, sabiendo que están ahí por lo que están. Sonrisita y felación. Oye, pero que hay excepciones: ahí está Ana Pastor por ejemplo.

Pese al kafkiano panorama anteriormente expuesto, aun queda un pequeño rayo de esperanza en este cielo gris casi negro del periodismo. Ese haz luminoso lo integran los Jorge Bustos, los Hughes y los Jabois. Periodistas jóvenes que triunfan actualmente en medios nacionales y suponen un ejemplo para los que empezamos. Raras avis, románticos amantes de las letras clásicas, que han conseguido progresar mediante la meritocracia. Son ejemplo, paradigma de un nuevo periodismo que tiene sus referentes en un luminoso pasado que ellos han rescatado del olvido: en Camba, en Ruano, en Chaves Nogales, en Alcántara… Genios de la palabra que se han abierto un hueco entre los grandes porque se lo han ganado a pulso y han sido recompensados. Por que han leído hasta dejarse las retinas. Referentes motivacionales para los que estamos en ese punto de indecisión de tirar o no la toalla.