Albert Rivera

Liberales en un 207

Tanto parecía aquello un bautizo pijo, que cuando llegué al lugar realmente pensaba que lo era: felicité a los padres, le pellizqué un cachete al niño y pregunté dónde era lo de Rivera

No era precisamente un crío al que se consagraba en la pileta bautismal del Atlántico, sino más bien una señora que cumplía 207 años, ¡Felicidades Pepa! Un número, 207, que evoca cierto modelo de Peugeot, coche en el cual hoy día, y como dice el ingenio, seguirían cabiendo los genuinos liberales españoles. Uno de ellos es José Ramón Bauzá, expresidente balear, quien ya sin portar la alianza del PP venía soltero acompañando a Rivera en su ya tradicional ofrenda floral, como rito iniciático de la primavera, a la Constitución gaditana. 

Decía que Albert se acompañó del boticario balear para que vendiera las recetas de su farmacopea anti(pan)catalanista. Parecía Bauzá, entre conde y matador, con su patrico y sus ricitos en la nuca, el mar de fondo, navegar en un catamarán en las aguas de Menorca. 

El escenario del coloquio, el Parador Atlántico, era el mismo en el que hace justo 7 años, en la celebración del Bicentenario de la Constitución, se tomaron las fotos de José Mari Aznar, otro dizque liberal, saliendo a hacer running de buena mañana, Federico en los cascos y sus machacas detrás.

Distraído de la trivial tertulia, captó poderosamente mi atención un grupo de jóvenes, como de nuevas generaciones naranjitas, formados en pelotón tras el coloquial escenario, que parecían los liberales de Torrijos, muchos años después, esperando a ser fusilados. Aunque los únicos disparos fueran los flashes de las cámaras, y ellos más que dispuestos a morir por la Libertad parecieran convencidos a hacerlo por un quinto puesto en una lista de provincias.  

Acabo Albert su speech con un “¡Viva Cai, viva La Pepa y Viva España!” Le faltó darle un viva a Malú.  

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La Vida Moderna

Al grito de “¡Moderno, que eres un moderno!” recibieron ayer los taxistas a Albert Rivera en la puerta de Atocha. Me evocó las entradas de David Broncano al plató de ‘La Resistencia’: “¡animal, mastodonte, intrépido!” El periodista John Müller, finísimo, dijo en lo de Alsina que ese “moderno” era el “¡Vivan las caenas!” de hoy.  

Lo del taxi tiene difícil solución, porque el enemigo no es Cabify, ni Uber, ni siquiera Ciudadanos, “es el mercado, amigo”, que diría R.R. Lo apuntó con acierto Iñaki Gabilondo en la SER: “Con las luces largas, es evidente que se enfrentan [los taxistas] a un rival al que no se puede vencer, un cambio de página de la historia, al que hay que adaptarse. Inexorablemente”. 

Mientras, el propio Rivera defendía en lo de Herrera el “derecho a elegir de los ciudadanos en el siglo XXI”. Comparto su tesis, y añado que no se puede anteponer el bien de un sector laboral al de la sociedad; o, mejor dicho, frenar el avance social con fueros, monopolios y llantas apiladas en llamas. Como si los periodistas en su momento hubiesen saboteado la conexión a internet para obligar al lector a pasar por el quiosco. 

Es justa y necesaria, sí, una legislación de iguales para los competidores.  Lo que ya no sé, es si hay razón en las peticiones a escala de los taxistas. Si la hubiera, desde luego, la pierden con las formas. Y es que estos taxistas, de tanto escucharlo, se han convertido en Jiménez Losantos, miles de Federicos al grito de “¡Muera la libertad!”. 

Aparecerán, al tiempo, mesiánicos, Iglesias y Abascales para desconectar los caballos de los Prius y tirar personalísimamente de ellos. Abanderar la marcha absolutista de los ‘gilets jaunes’ castizos, “¡Mueran los negros!” 

La rebelión de los palos selfies y David Gistau

Eran el día (domingo) y la hora (11,30) de misa. Si fuera un mitin del PP allí no iba ni Dios, literalmente. Pero era Ciudadanos el que casi abarrotaba la antigua fábrica de tabacos de Cádiz, aunque eso sí, con más militancia que ‘votancia’.

Albert Rivera se dejó las muletas en casa, por lo que me chafó el gran inicio de crónica que tenía preparado; lo que no es óbice para que os lo suelte igualmente:

La imagen del Presidente de Cs encaramándose al escenario del ahora Palacio de Congresos, ayudado por dos muletas, supone una metáfora potentísima de lo que es hoy el partido naranja o, al menos, de lo que pretende ser:

Una formación que quiere dejar de servir de muleta del bipartidismo para ser el que se apoya en ellos para gobernar, ya sea con la izquierda o la derecha. A eso aspira Cs en Andalucía, a liderar la Junta apoyándose en el PP. Y por qué no, si fuera posible, en el PSOE, o incluso en los dos a la vez. Como Rivera subiendo los escalones con sus soportes: ora derecha, ora izquierda.

El partido “liberal-progresista” quiere culminar de una vez el proceso freudiano de matar al padre, y hacerse con el volante del coche familiar, relegando al progenitor al asiento de copiloto, quien apenas podrá dar consejos de seguridad, “no corras”.

Pero bajemos de las metáforas pseudopolitológicas al barro de lo tangible.

Nada más entrar en el salón de actos me encuentro en la fila de prensa a mi admirado David Gistau repanchigado en la butaca, con una chupa de motero y aires de púgil entre round y round. Me siento detrás de él y abro el cuaderno para copiarle la crónica que creo que está escribiendo en el móvil. Luego pienso que es mejor ir de legal y pedirle que al acabar el acto, como si fuera un partido amistoso, intercambiemos crónicas. “Sales ganando, David”, le diría. Pero para mi sorpresa y gozo, no escribe, sino que repasa en el iphone los resultados de la Liga 1|2|3.

Sergio Romero, el primero de Cs por Cádiz, actúa de telonero. Gistau, al verle, se vuelve y me comenta que “todos se parecen a Rivera”, le respondo que “sí, el partido de los guapitos”. “Menos Juan Marín”, coincidimos ambos entre risas. Mientras, el político sanluqueño larga el topicazo del “vagón de cola”, se pone rotundo para afirmar que “A partir del día 2 de diciembre se separan los caminos de PSOE y Andalucía”, ¡ja! Acaba con una cursi metáfora de un faro, una luz y unos espejos.

Turno de la valiente Inés Arrimadas, que en esta larga campaña está haciendo del puente aéreo BCN-XRY un cercanías. La lideresa critica la relación de monopolio que pretende Susana Díaz (La reína del peronismo rociero, Carlos Mármol dixit) con el acento andaluz. Pero no es Inés la más apropiada para hablar de acentos: ella que en el Parlament parla como si fuera de El Masnou de toda la vida y cuando baja por aquí, recupera el acento jerezano por ensalmo. DG se gira de nuevo para comentarme que “está repitiendo lo de ayer en Sevilla, calcao”. Ay, si Inés fuera la candidata, suspirarán muchos.

Sube al ‘speaker’s corner’ el candidato Juan Marín entre gritos de “¡Presidente!”, mientras a mi espalda una señora disgustada le comenta a su marido: “Anda hombre, presidente… si luego le das los votos a los socialistas. Yo lo he votado y lo voy a volver a votar, pero con la nariz… (y se tapa la suya, como cuando huele mal)”. Amén, señora, le diría si estuviéramos en misa. Como buen joyero, Marín se guarda el collar de perlas cultivadas para sacarlo al final: “Yo quiero liderar un gobierno con el apoyo del PP”.

Pone el colofón al acto el líder, Albert Rivera, que como es habitual en Cádiz hace referencia a los “valientes liberales que hace 206 años pusieron la primera piedra del liberalismo europeo”. Habla en clave nacional, con críticas feraces y feroces al PSOE de Sánchez y a los nacionalismos. Reivindica Alsasua frente Atsasu y a Nicolás Redondo Terreros frente a Ánder Gil, “que llamó perros a las víctimas”. Se refiere además a la relación bipartidista PPSOE como “los pimpinela”, que fingen enfadarse mientras pactan los miembros del CGPJ.

Tiene Carlos Herrera un espacio de opinión en OK Diario titulado ‘No sin mi palo selfie’. Pues eso pensarán los líderes de Cs, no cerramos el acto sin nuestro palo selfie, que como en el spot de campaña Juan Marín toma en su mano ambidiestra y retrata a los mandatarios en el escenario con los ciudadanos (y ciudadanas) de fondo: “¡Na-ran-ja!”

Cuando desperté, Gistau ya no estaba allí.

gistaau

David Gistau reflexiona

Apuntes en sucio sobre la patria

Dijo von Rilke que la patria es la infancia, y yo, desde aquí, le digo que eso es una soberana cursilería. Estas son las dos definiciones que ofrece la RAE sobre el término ‘patria’: 

  1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que sesiente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
  2. f. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido.

Bien, en ningún momento se dice que la patria sea la infancia, o la sonrisa de tu madre o el jodido olor de los churros los domingos en la plaza. Eso son bobadas, cursilerías propias del terrorismo por escrito que practicaron entre otros Eduardo Galeano, y que tantas cabezas ha carcomido. 

(…) 

Han arreciado recientemente las críticas a Ciudadanos, y a Rivera, por la exhibición patriotera del otro día. Sí, digo patriotera, porque como dice de nuevo la Rae, fue un alarde excesivo e inoportuno de sentimiento patrio. Sentimentaloide. Entiendo el fondo de lo que el partido naranja pretendía y pretende con la nueva plataforma ‘España Ciudadana’: Que no es otra cosa que normalizar a España, lo español y su simbología. Pero para ello, en este país corrompido por la alianza eterna de los pútridos nacionalismos con la progresía biempensante, hace falta una labor de fondo, pedagogía frente a demagogia, que puede llevar varias décadas. Rivera acierta en la intención, pero se precipita en su ejecución. 

Se dice del populismo que propone soluciones fáciles para problemas difíciles: pues eso es, precisamente lo que presentó Ciudadanos el último domingo. Y como guinda, el pijerío ñoño de Marta Sánchez. Solo faltaron Taburete y José Manuel Soto de teloneros. Hala, todo sea para cebar más el prejuicio de que C’s es un partido de pijos: ¿Si lo votan 5 o 6 millones de españoles en las próximas generales, se puede decir que hay tantos pijos en España? 

El caso es que, he podido comprobar que la progresía (anti)española solo critica a los nacionalismos periféricos como daño colateral, en comparación, de la ofensiva directa contra eso que ellos llaman “nacionalismo español” o “españolismo”. A ver, no existe tal nacionalismo español; os lo explicaré fácil, mis queridos progres: 

Cuando nación coincide con estado y, por tanto, con nacionalidad: ¡no puede haber anhelo alguno de nación, de patria!: No se lucha por un objetivo (constituirse como estado), porque ya lo es. Solo se defiende la patria, la nuestra, de los ataques de quienes quieren dinamitarla, descuartizarla. 

Me produce, además, mucha rabia la hipocresía de estos progres, que por besar nuestra bandera o pronunciar “España” con la cabeza alta y sin complejos, nos llamas nacionalistas, fachas, etcétera. Ellos, por un lado, ubican su patria, como ya dije antes, en algo abstracto y cursi: las arrugas de las manos de su abuela, el capullo del azahar abriéndose, la peca de la espalda de su novia… Pero, por el otro, se abrazan fervorosamente a otra bandera que representa una comunidad autónoma o vetustas y efímeras repúblicas. Les da urticaria lo rojigualda, pero no dudan en sus mítines en lucir la verdiblanca en un deseo de patria imposible propio del peor nazionalismo. O llevan su chapita de la republicana en la mochila. Y, recordad: ¡Cuánto más pequeño es el territorio, más estrechas son las ideas y peor el nacionalismo! 

 

Tormenta sobre el naranjal

De Albert Rivera dirán que mató a Kennedy. Que no es Albert, sino Chiquetete. Que, como Luis Enrique, es hijo de Amunike. Que es un lagarto de V (cosa que ya se ha dicho). Que está liado con Chabelita. Y, que tuvo la culpa de la ruptura de la mejor pareja de cómicos patrios, Bertín y Paco Arévalo.  

El diario Púbico abrirá en portada con la exclusiva de que Ciudadanos se financia sus campañas electorales con la venta de ‘rebujito’ en las Tres Mil Viviendas. El diario.es, de Preescolarito,  publicará que “Un estudio psicológico revela que La Manada votaría a Ciudadanos”. La Sinrazón sacará a la luz unos documentos en los que se certifica que el líder de C’s pagó al dentista en negro por la última muela que le empastaron. Y, OkInda sacará a la luz un vídeo en el que Inés Arrimadas aparece robando un chicle en un quiosco de Jerez cuando tenía 9 años. Escándalos que obligaran a Ferreras, por orden de Soraya, a retomar los estimulantes para aguantar al volante las 24 horas de Le Mans. 

Digo esto porque se vienen elecciones, y el acoso y derribo al partido favorito en las encuestas, C’s, se va no a redoblar, sino a centuplicar. Las primeras, salvo que Mariano salga de la catalepsia y siempre que Su Peronísima (Carlos Mármol dixit) agite el abanico, serán las Andaluzas, en marzo de 2019. Las Catalanas ni las cuento, porque ya hay que llamarlas por su apellido: trimestrales. Luego, en mayo, vendrá la triada: Europeas, Municipales y Autonómicas. Y, cuando esa especie de berberecho que aparece en los mítines (Losantos dixit), el plasmarote (ídem) de Marianico el corto quiera, habrá Elecciones Generales.  

Resistan, no traguen: las invectivas y las inventivas vendrán por tierra mar y aire. Van a por Ciudadanos. Se avecina tormenta sobre el naranjal… Esperemos que cuando pase, el cultivo no haya quedado anegado, y el sol salga nuevo y naranja. 

Contra Ciudadanos

Como votante declarado de Ciudadanos, hay multitud de puntos (llamémoslo así) de este partido que no me gustan, con los que estoy en desacuerdo. Creo que la autocrítica es fundamental , como se suele decir, para la salud democrática de una formación política. También es un ejercicio positivo pararse a razonar y recordarse a uno mismo que el partido al que votas no es tu equipo de fútbol; es decir, yo soy votante de C’s, no un hincha del partido naranja (“y cada día el de más gente”). Mañana, por lo que sea, puede que vote al PSOE, y pasado alomejor al Partido X, que me convence más. En cambio, jamás apoyaré a otro equipo que no sea el mío, el Granada: y es que en este caso no juega la razón, sino el sentimiento. Sí, estoy hablando de la cláusula emocional; innegociable, como la rescisión del contrato de Messi. Los puntos son los siguientes:

  1. El bandazo ideológico: De C’s me desagradó mucho su cambio ideológico en 2017 de la noche a la mañana, como si la ideología fuera un eslogan, o mejor, un peinado: “ayer me acosté socialdemócrata y hoy me he levantado liberal-progresista”. ¿Esto es serio? ¿Es una declaración de intenciones del partido de hacer residuales las políticas sociales?
  2. Tránsfugas y arribistas: A nivel regional, provincial y municipal C’s no se ha preocupado de crear unas estructuras sólidas y de confianza. La formación naranja se lanzó con mucha prisa a presentarse a las municipales y regionales de 2015 con unos cuadros políticos compuestos en buena parte por arribistas, tránsfugas y personajes de toda calaña.
  3. Más susanistas que Susana: ¿Qué hace el partido apoyando en Andalucía al PSOE más corrupto? ¿Por qué el elegido para liderar a C’s en Andalucía es Juan Marín, quintacolumnista del peronismo rociero, lacayo de Susana Díaz?
  4. El Losantismo y el neoliberalismo: Si el partido atrae votantes procedentes de la órbita de Jiménez Losantos, o sea, la extrema derecha neoliberal y desalmada, es que algo se está haciendo (muy) mal. O bien, si resulta que el objetivo de C’s es llegar a ser un partido faústico que vende su alma al mercado. Quizás la renuncia, a lo social por lo liberal, antemencionada vaya por ese camino.
  5. El asquito andaluz: Hay ocasiones (contadas) en las que Albert Rivera presume de su origen andaluz por parte materna; pero parece que lo hace cuando le interesa y en beneficio propio. No hay que ser un lince para darse cuenta de que parece hablar a (y de) los andaluces con condescendencia (en el mal sentido de la palabra). Recuerdo aquello que dijo en un mitin para las autonómicas de que había que “enseñar a los andaluces a pescar”. Y en este sentido es llamativo también que Inés Arrimadas en el Parlament camufle su acento andaluz, de Jerez de la Frontera; como si este fuera un residuo indeseable de tiempos oscuros. En cambio, bien que recurre al acento, lo fuerza, cuando le interesa electoralmente.

Pese a lo expuesto, a día de hoy, no tengo intención de cambiar mi voto. Ciudadanos, entre lo malo, es lo menos malo. Y de momento, en la balanza naranja, pesa más lo positivo.