Carla Simón

Los cambiapieles

Hay unos personajes de Juego de Tronos denominados los cambiapieles, que representan, literalmente, el ideal de la empatía: ponerse en la piel del otro: en su caso de un animal.

Es conocida la afición de Pablo Iglesias por esta serie fantástica (en sus dos sentidos). Puede que en estos seres de fantasía se haya inspirado el líder de Unidos Podemos para la última propuesta parlamentaria que su partido ha presentado. Se trata de la inclusión como materia obligatoria en en las aulas de una asignatura de empatía animal: o sea, que los chavales se pongan en la piel de los animales con el fin de lograr una mejor empatía, no animal, sino humana.

La película ‘Verano 1993’, que representará al cine español en los Óscar, te somete durante hora y media a un ejercicio de empatía intenso, de emociones fuertes y a flor de piel. Siente uno el desamparo, la rabia, la nostalgia, la pena y la alegría de Frida, la protagonista, una niña huérfana de apenas siete años. No es difícil justificar sus malas acciones porque lo hace el propio contexto. Igual que justifica uno las suyas propias.

El final de la película te deja un nudo en la garganta y el llanto contenido. Es un corte abrupto en el momento de mayor intensidad emocional; como esas etapas de La Vuelta que tras un terreno quebradizo acaban con la subida a un muro de un kilómetro al 22% de pendiente.

Creo que esta, el hacernos empatizar con el protagonista de una película o novela, es la pretensión máxima de un autor. La directora Carla Simón consigue con creces que por un rato nos convirtamos en Frida. Que nos mudemos a su piel.

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