chirigota

La lengua mordidita

La lupa mediática nacional ya no hay quien la aparte del Teatro Falla hasta que acabe el Concurso. Toca convivir (cantar) con esa presión añadida. Mas dudo que los autores de carnaval se amilanen ante esta situación de perenne vigilancia mediático-social; es más, en las sucesivas fases arreciarán, seguro, las letras críticas contra esta inquisición extramuros y a favor de la libertad de expresión.

Cuesta creer que la amenaza con los juzgados pueda atemorizar a los autores, parapetados tras el ‘animus iocandi’ (intención de broma) y confiados en una justicia local conocedora de la fiesta. Aunque cabe resaltar que el ‘animus iocandi’ hay que tomarlo como lo que es, un amortiguador y contextualizador de la posible ofensa; no un justificante de un delito de odio: no todo vale, y sí es delito encubrir el odio dentro del humor.

Pero como sucedía con la Ley Fraga, la censura más eficaz, que puede acallar a los autores, es la propia: la temida autocensura. Escribir con cortapisas, llenar el papel de borrones o teclear con el dedo corazón diestro acariciando sobre la flecha de retroceso, son los síntomas más evidentes de esta práctica abortista. Por desgracia, ya es una realidad que la pluma de los autores carnavaleros sucumbe ante la inquisición digital de lo políticamente correctísimo: o sea, los tuiteros insomnes que fiscalizan hasta la letra más inocua de la última comparsa. No vaya a ser que llamen parienta a la mujer, suegra a la suegra, o negro al negro.

 

 

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¡Selu, fascista!

Me siento triste e indignado: a todos los carnavaleros de verdad se nos ha caído un mito.

Sepan ustedes que el Selu y su chirigota han actuado en el acto de cierre de campaña, a las elecciones catalanas, del partido político fascista Ciudadanos. Algo que no tiene defensa ninguna, por más que el autor justifique que lo hacen por motivos económicos (y no de afinidad ideológica) y recurra por Twitter a rastreros argumentos emocionales como que el componente de su agrupación Jose Mari le hace falta el dinerito para los reyes de su niña. O que también cantaron en su momento para Nuestro Partido, el único que defiende la democracia, Podemos. No hay justificación posible, Selu, no te lo perdonaremos jamás.

El carnaval de Cádiz siempre ha sido patrimonio de la izquierda, y es una alta traición que un carnavalero reconocido se venda a la extrema derecha. ¿Qué buen demócrata en su sano juicio no preferiría dejar a sus niños sin regalos de reyes antes que ponerle el culo a la oligarquía tirana del Ibex35 y del artículo 155? La coherencia debe estar por encima de todo, incluso hasta del pan de tus hijos. Si hay que pasar hambre, se pasa.

Y, es que, es una verdadera incoherencia que un supuesto defensor de la libertad de expresión como José Luis García Cossío (José Luis García Vendío, desde ahora) colabore en la recogida de votos con un partido tan reaccionario que defiende la muerte digna, el aborto regulado, la supresión de los privilegios carlistas, el matrimonio homosexual, la regulación de la prostitución o la legalización de la marihuana entre otros planteamientos propios del siglo XIX. Un partido heredero del franquismo (movimiento que silenció la voz del carnaval durante 40 años), cuyo líder Albert Rivera, un reconocido consumidor de cocaína, casi comparte apellido con el fundador del movimiento falangista José Antonio Primo de Rivera. Y cuya lideresa catalana, esa “mala puta” (Albà dixit) de Inés Arrimadas ¡es jerezana! ¿Desde cuándo uno de “Cadi Cadi” apoyando a alguien de Jerez?

Desde aquí, compañeras y compañeros, ciudadanas y ciudadanos de Cádiz, propongo un boicot a la chirigota del Selu. No comprad entradas para el día que actúe en el Concurso o fuera de él, abucheadles y escracheadles cada vez que los veáis por la calle. Decir NO al Selu es decir NO al fascismo, y, por tanto, decir SÍ a la democracia y a la libertad de expresión.

Firmado: un votante de Ciudadanos, hijo de una jerezana.

 

Pemán y Vera Luque

A raíz de la actuación de la chirigota de Vera Luque, “Los del Planeta rojo, pero rojo, rojo”, en la que el autor (he de suponer que los otros once comulgan con su ideario) se señala políticamente sin ambages, me viene a la mente lo siguiente:

El pasado concurso, tras el pase de cuartos de la comparsa de Bienvenido, “La Comunidad”, en la que sacaron una bandera republicana a escena, tuve una discusión con otro carnavalero sobre la política en el carnaval. Yo me negué a escuchar más aquella comparsa, a la que taché de sectaria y radical: resucitadora de viejos odios. La otra parte de la discusión, más de la cuerda de Bienvenido, me argumentó coherentemente que si no separaba en el carnaval lo político de lo artístico poco me iba a gustar del concurso.

Él, decía que aunque se encontraba en las antípodas ideológicas de Pardo y Rivero, intentaba disfrutar de las agrupaciones de ambos autores mediante la asepsia política. Pero claro, “así cualquiera”, pensé yo; de ochenta agrupaciones aguantar dos autores con los que no comulgas ideológicamente es fácil, lo difícil es lo contrario. Acabas explotando. Pero el veneno del carnaval no se va, por lo que tienes que cabalgar esa contradicción: ser carnavalero y de derechas (que por cierto, no es ningún pecado).

Desafortunadamente, no tengo esa capacidad de la que me hablaba mi interlocutor: estirpar la ideología de la obra y quedarte con lo meramente artístico. Yo concibo la obra, en este caso concreto el repertorio, como un todo. Fuera del ámbito carnavalero me pasó también con Neruda, a quién dejé de leer tras toparme con su poema “A Miguel Hernández”, en el que llora la muerte del poeta alicantino y canta esperanzado a un futuro liderado por Stalin y Mao: estadísticamente, los mayores asesinos del siglo XX.

Pero, ¿y si le damos la vuelta a la tortilla? Pongamos por caso a José María Pemán, autor proscrito pese a ser el mejor escritor gaditano del siglo XX y uno de los grandes y más prolijos a nivel nacional: ¿Cuántos han rechazado acercarse a su obra por el perfil político de este? ¿Cuánto le ha negado Cádiz y el carnaval a Pemán? Otro proscrito es Muñoz Seca, magnífico dramaturgo portuense fusilado en Paracuellos y padre de Don Mendo. ¿Pensaría Bienvenido cuando saco “Los Mendas Lerendas” que la raíz del personaje viene de ahí y no de El Peña?

El caso es, que yo pretendía hacer una suerte de crónica de la sesión cuarta, pero me salió esta reflexión tan ego-ista. En definitiva, lo que vengo a expresar es que no soy capaz de valorar la obra de Vera Luque, plato fuerte de la noche, y que posiblemente sea de una notable calidad artística. Si hoy buscan crónicas, les invito a leer a mis compañeros.