David Gistau

La rebelión de los palos selfies y David Gistau

Eran el día (domingo) y la hora (11,30) de misa. Si fuera un mitin del PP allí no iba ni Dios, literalmente. Pero era Ciudadanos el que casi abarrotaba la antigua fábrica de tabacos de Cádiz, aunque eso sí, con más militancia que ‘votancia’.

Albert Rivera se dejó las muletas en casa, por lo que me chafó el gran inicio de crónica que tenía preparado; lo que no es óbice para que os lo suelte igualmente:

La imagen del Presidente de Cs encaramándose al escenario del ahora Palacio de Congresos, ayudado por dos muletas, supone una metáfora potentísima de lo que es hoy el partido naranja o, al menos, de lo que pretende ser:

Una formación que quiere dejar de servir de muleta del bipartidismo para ser el que se apoya en ellos para gobernar, ya sea con la izquierda o la derecha. A eso aspira Cs en Andalucía, a liderar la Junta apoyándose en el PP. Y por qué no, si fuera posible, en el PSOE, o incluso en los dos a la vez. Como Rivera subiendo los escalones con sus soportes: ora derecha, ora izquierda.

El partido “liberal-progresista” quiere culminar de una vez el proceso freudiano de matar al padre, y hacerse con el volante del coche familiar, relegando al progenitor al asiento de copiloto, quien apenas podrá dar consejos de seguridad, “no corras”.

Pero bajemos de las metáforas pseudopolitológicas al barro de lo tangible.

Nada más entrar en el salón de actos me encuentro en la fila de prensa a mi admirado David Gistau repanchigado en la butaca, con una chupa de motero y aires de púgil entre round y round. Me siento detrás de él y abro el cuaderno para copiarle la crónica que creo que está escribiendo en el móvil. Luego pienso que es mejor ir de legal y pedirle que al acabar el acto, como si fuera un partido amistoso, intercambiemos crónicas. “Sales ganando, David”, le diría. Pero para mi sorpresa y gozo, no escribe, sino que repasa en el iphone los resultados de la Liga 1|2|3.

Sergio Romero, el primero de Cs por Cádiz, actúa de telonero. Gistau, al verle, se vuelve y me comenta que “todos se parecen a Rivera”, le respondo que “sí, el partido de los guapitos”. “Menos Juan Marín”, coincidimos ambos entre risas. Mientras, el político sanluqueño larga el topicazo del “vagón de cola”, se pone rotundo para afirmar que “A partir del día 2 de diciembre se separan los caminos de PSOE y Andalucía”, ¡ja! Acaba con una cursi metáfora de un faro, una luz y unos espejos.

Turno de la valiente Inés Arrimadas, que en esta larga campaña está haciendo del puente aéreo BCN-XRY un cercanías. La lideresa critica la relación de monopolio que pretende Susana Díaz (La reína del peronismo rociero, Carlos Mármol dixit) con el acento andaluz. Pero no es Inés la más apropiada para hablar de acentos: ella que en el Parlament parla como si fuera de El Masnou de toda la vida y cuando baja por aquí, recupera el acento jerezano por ensalmo. DG se gira de nuevo para comentarme que “está repitiendo lo de ayer en Sevilla, calcao”. Ay, si Inés fuera la candidata, suspirarán muchos.

Sube al ‘speaker’s corner’ el candidato Juan Marín entre gritos de “¡Presidente!”, mientras a mi espalda una señora disgustada le comenta a su marido: “Anda hombre, presidente… si luego le das los votos a los socialistas. Yo lo he votado y lo voy a volver a votar, pero con la nariz… (y se tapa la suya, como cuando huele mal)”. Amén, señora, le diría si estuviéramos en misa. Como buen joyero, Marín se guarda el collar de perlas cultivadas para sacarlo al final: “Yo quiero liderar un gobierno con el apoyo del PP”.

Pone el colofón al acto el líder, Albert Rivera, que como es habitual en Cádiz hace referencia a los “valientes liberales que hace 206 años pusieron la primera piedra del liberalismo europeo”. Habla en clave nacional, con críticas feraces y feroces al PSOE de Sánchez y a los nacionalismos. Reivindica Alsasua frente Atsasu y a Nicolás Redondo Terreros frente a Ánder Gil, “que llamó perros a las víctimas”. Se refiere además a la relación bipartidista PPSOE como “los pimpinela”, que fingen enfadarse mientras pactan los miembros del CGPJ.

Tiene Carlos Herrera un espacio de opinión en OK Diario titulado ‘No sin mi palo selfie’. Pues eso pensarán los líderes de Cs, no cerramos el acto sin nuestro palo selfie, que como en el spot de campaña Juan Marín toma en su mano ambidiestra y retrata a los mandatarios en el escenario con los ciudadanos (y ciudadanas) de fondo: “¡Na-ran-ja!”

Cuando desperté, Gistau ya no estaba allí.

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David Gistau reflexiona

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Vivir como Mágico, escribir como Gistau

Si no se puede escribir como David Gistau, al menos uno intenta parecérsele. Para ello, es fundamental dejarse crecer la barba y la talega. Además, uno agrava su voz y afina su acento, y de manera automática al hablar colisiona una palabra con la otra, como un dominó, porque la mente le opera a una velocidad endemoniada. Y, si es necesario, se pone unos guantes de boxeo. 

De tanto leer a los buenos columnistas compulsivamente, no he aprendido a escribir como ellos, pero sí a vivir como ellos. Por consecuencia, he conocido que, para ser un prestigioso columnista, no hace falta escribir, sino vivir como tal. 

Hoy, sé que para ser columnista de éxito hay que cumplir con tres requisitos básicos: beber ordenadamente, vivir desordenadamente y escribir casi bien. Por ese orden, siendo el último prescindible. Por ejemplo: Un columnista serio no puede planificar más allá de la columna de mañana. El auténtico columnista ingenia sus mejores piezas en la resaca de un martes (las buenas columnas no las levanta el sacrificio, sino el vicio). El columnista fetén solo debe preocuparse por el dinero si no le llega para convidar a la siguiente cerveza o al próximo whisky: es entonces cuando este siente la necesidad de escribir (he aquí el motor de la columna).  

De ahí que, los maestros de la columna, como tiende a pensarse, no fueron ni González-Ruano, ni Umbral, ni siquiera Larra. El paradigma de gran columnista fue Mágico González: que no escribió ni una sola línea pero, con su ejemplo, sentó las bases de la ortodoxia vital de la canalla columnística. Así Jabois, por ejemplo, cuando quiere empaparse de estilo no bucea en las antologías de Camba, sino que se pone a ver en Youtube compilaciones de jugadas del ‘mago’, no con el Cádiz, sino en la noche de Cádiz.   

Yo, lo dicho: quiero ser Gistau. Para ello no pienso dejarme las retinas leyendo ni irme a cubrir una guerra, pudiendo quedarme en el sofá repanchingado viendo un partido del Mundial, atusándome la creciente barba, fumándome un Ducados tras otro, alternando con buches de cerveza. Mañana presumiré de talega en la playa y de columna en mi blog.