embarazo

Mi primera eco

Hoy me hicieron mi primera eco. Estaba en el Registro de la Universidad echando unos papeles, y la secretaria tenía dudas sobre un documento de los cientaitantos que le había entregado, y llamó a su superior: un señor adusto y trajeado de unos sesenta años. Dio el okey a dicho escrito y se quedó pasando mis documentos burocráticamente hasta parar abrupto en un folio tintado de negro con una suerte de habichuelita blanca en el medio. Me miró por encima de sus gafas, le miré con cara de yo no he sido, me miró la barriga, me la acaricié intuitivamente y pensé: primero que “qué hago” y segundo que “me estoy poniendo bonico, hoy salgo a correr”.

“Esto es suyo, supongo, enhorabuena”, me dijo alargándome la fotocopia de la ecografía. Me salió darle las gracias, a veces soy demasiado cortés, pero seguidamente le devolví el papel diciendo que no era mío. “Estaba con sus papeles”, y me lo volvía a dar. “Sí, lo he traído yo, pero no…” Me interrumpió: que me lo llevara, que él ya tenía tres y una edad, me suelta. Entonces me acordé de la chica rubia con barriga incipiente, que estaba a mi lado en la fotocopiadora, y de que le llevaría a su marido un título de periodismo. Estaba resignado, a veces hay que aceptar lo que te viene, sin más; agarré la ecografía de las manos de aquel secretario jefe y salía, torero, abrazado a ella, cuando en la puerta, la primera secretaria, sonriendo: “¿Niño o niña?” “Son mellizos, señora”, le respondí, ya dispuestos al disparate. Total: ahora hasta dudo de si en unos meses me examinaré de unas oposiciones o me fumaré, nerviosérrimo, un cigarrillo tras otro en la puerta del paritorio.

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