Kichi

El Capitán Kichittino o el Padrecito Patera

Además de sentirse un elegido, José María González, ‘Kichi’, es de los que pretenden anteponer su moral a nuestras leyes. De ahí, que su compromiso como alcalde no se limite a la multita de caca de perro, a la pintura de carriles bicis y al aporte de carbón y chirigota en la barbacoa. Kichi tiene un compromiso con la Historia, con el Mundo y con la Vía Láctea.

Pero no se dejen engañar por la palabrería y la mayúscula de este Padrecito Patera: el primer compromiso del Alcalde de Cádiz es consigo mismo. Se podría entender que Kichi es, “en el buen sentido de la palabra, bueno”. Pero, siento contarles que lo suyo es pura retórica y, que este regidor es, en el mal sentido de la palabra, listo. Y digo listo, porque cuando juega a la geopolítica en Twitter desde una silla de playa en Los Caños de Meca, bien sabe que lo que pide al “Estimado Presidente” es imposible (seamos oportunistas, “pidamos lo imposible”.) Y, precisamente, por eso lo exige en su cartita de Reyes Magos con prosa infame de Galeano: cero riesgos, todo ventajas.

Esta actitud del Alcalde Sol me recuerda al “sujétame que lo mato”, o sea, a esa valentía de boquilla del peleador cobarde que sabe que no va a enfrentarse al problema porque está separado y agarrado. En este caso, lo que permite a Kichi mostrar su Bondad, su Generosidad y su Todo son las leyes que, por fortuna para él y para todos, sujetan a este insensato capitán Ahab en busca de su ballena Dignidad, cebada como su ego.

Me imagino a González Kichi (“Cádiz nunca será el destino final de quien viene a buscarse la vida”) como un capitán Schettino al timón de su Costa Concordia (léase Open Arms) encallando el barco en las piedras de La Caleta y huyendo en su barquita de mojarra con su deber moral cumplido y dejando el marrón y los negros a los adultos.

Kichittino ya tiene su TT y su murito pintado de corazones, y en Cádiz no atracará el Open Arms. Jugada maestra, ¡enhorabuena!

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Kichín Pamplina, cantautor de Plaza Mina

Arrugué mi camisa y salí de casa. La cita era a las 7, como en Las Ventas. 

Volvía Kichi a torear en su plaza, la de Mina. Aquella en la que pegaba megafonazos como liberado sindical, cuando desertaba de la que le correspondía en Tabernas. Pero no estuvo solo. Hasta seis teloneros, ¡seis!, le calentaron la silla. 

Alberto Garzón (rayo que no cesa) se cayó del cartel, a Pablo Iglesias le amenazaron con cortarle la coleta si la asomaba por aquí. Miguel Urbán, “becerro”, vino como único embajador de la Corte y Villa; aunque se dedicó a dar lecciones de Europa, como si a Cádiz no hubiera llegado el adsl o siguiéramos con la peseta. No comprendía el eurodiputado que, de él, la audiencia solo aceptaría recomendaciones de dónde comer los mejores gofres en Bruselas. 

Los adelantados habían tomado para sus juegos el ruedo central de la plaza de Mina, entre sol y sombra, privando a los niños de sus políticas de cada tarde (aunque alguno se coló por allí correteando para darle un aire de madurez al acto). La cosa, como era de esperar no empezó hasta las 7 y 25, y se alargó casi hasta las 9 por culpa del lenguaje inclusivo.  

A la hora que comenzó a hablar Lola Cazalilla, no se registraba ni media entrada al coso: cuatro amigotes de la comparsa, dos viejos sindicalistas y los privilegiados del kichismo en barrera de sombra; o sea: Paco Cano (aka Sinmu, aka Sinver), Barcia y demás camelos.  

No le sentó bien a Cazalilla que un tal Ernesto Alba, portagrito de IU en Andalucía, despotricara de “los bienvestidos de Ciudadanos” siendo ella la candidata de Cs por Adelante Kichi. Reivindicó la futura concejala la dignidad y a Ana Camelo, que es como reivindicar la cultura y a Álvaro Ojeda. Añadió que Cádiz necesita vitamina K, “de Kichi”, mientras nos ofrecía la K de kursi. Terminaba leyendo un popurrí de Juan Carlos Aragón, y cuando iba por la mitad ponía cara de que mejor hubiera sido un cuplé, aunque rematase con sacada de nabo. 

Cuando tomó la palabra la otra concejalable, Eva Tubío, sobrevolaban el ruedo las cotorritas argentinas aclimatadas al sudapopulismo del acto; sus graznidos se confundían con los de la Tubío, poniéndole un punto de coherencia al discurso. 

No fue el descubrimiento de la tarde la número cuatro de AK, Lorena Garrón, que solo hizo pelearse con el micro; el hallazgo fueron las perlas que dejó la juntaparlamentaria Ángela Aguilera, y que he tenido a bien recogerlas para su goce: “Los fascistas no vienen del cielo”, “Acordaos cuántas ruedas nos han puesto en el camino” o, mi favorita, “Cs lleva 40 años apuntalando el sistema bipartidista”.  

Cerró el acto el alcalde alcaldable, que siguiendo la tónica de sus compañeros se apropió de la figura de Juan Carlos Aragón, paz descanse, hasta titular su perorata “Cádiz resiste”. Este kichilicuatre, que guarda aspecto como de cantautor o de pedirte fuego, se acordó de las bondades de su mandato, tapando las vergüenzas como sus michelines; como quien vende un crecepelo efectivo, pero omitiendo que te deja estéril. Estuvo cumbre cuando afirmó rotundo que ellos no hacían populismo, para acto seguido marcarse un ejercicio impecable de dicha práctica: “El bastón de Salvoechea volverá a donde tiene que estar, en las manos del pueblo”. 

En fin, pamplinas. Y los niños, sin plaza.  

De la moral no se come

 
Me alarma la poca o nula reflexión que he observado en mi entorno, incluyo el mediático, respecto al terrible dilema –pan o paz- que supone la venta de instrumentos de guerra a Arabia Saudí. Pareciera que para ellos la colusión no existe, ni merece siquiera el mínimo debate moral, interno o externo. “Con el pan no se juega, y punto”, parecen decir.
 
Lo que más he captado han sido voces de crítica feroz al Gobierno por hacer tambalear unos negocios que supuestamente ya estaban cerrados. “Ineptos”, “populistas”, “ignorantes”, y otros ‘piropos’ irreproducibles -y no por ello desacertados-. Lo más parecido a un cuestionamiento moral que he llegado a escuchar por boca de alguien cercano ha sido una justificación vana: “No seamos tontos: si no se lo vendemos nosotros, ya lo hará otro.” Un ‘argumento’ cínico que se puede homologar con el del cantinero del viejo oeste: quien, ante la entrada en su cantina del vaquero, parroquiano y amigo, del que se pide la cabeza, bajo cuantiosa recompensa, decide sacar el revólver y descerrajarlo. Luego se justifica: “Total, para que lo mate otro, me llevo yo la plata”.
 
Puedo entender, incluso justificar, la falta de reflexión, de debate moral, de un trabajador de los Astilleros que, como el peón, no puede ver más allá de su casilla en este tablero de ajedrez geoestratégico, en el que es la mano invisible del Dinero y el Poder la que dispone las piezas para salvaguardar los intereses del Rey. Si este peón tiene que comerse al de enfrente para que coman sus hijos, lo hará sin duda ni remordimiento, y puede que con desconocimiento. Al trabajador, lógicamente, le importa engordar a sus hijos, no engordar su moral, que esta no da de comer. Para él, lo inmoral sería ver la olla de su casa vacía o a su familia en la cola del comedor social.
 
El único discurso sincero y valiente que he escuchado al respecto ha sido, sin que sirva de precedente, el del alcalde de Cádiz, Kichi, quien, en un brete ideológico, ha dicho lo único que podía decir: y, es que no le quedaba otra si no quería cavar su tumba política, y no solo política, en Cádiz. El regidor, ante la disyuntiva pan para los suyos, paz para los otros, elige la primera, pero se justifica y admite el dilema que le supone y la contradicción con la que tiene que cabalgar. No sabemos si en un ejercicio sincero, o de postureo ante su militancia más ideologizada -los estudiantes de Políticas y el tuiteriado- reconoce lo que le cuesta tomar esta posición, que enfrenta dos de los pilares fundamentales de la izquierda: el obrerismo y el pacifismo. Pero prima, y creo que justamente, el “derecho a que suene el pito de la olla”.
 
Lo dicho, la moral no engorda. Y nuestra sociedad está a dieta.
(*Fotografía tomada de Radio Cádiz).

Guárdame el sitio, que ahora vuelvo

“Guárdame el sitio, que ahora vuelvo”. Eso le dije ayer en la playa a un amigo cuando me levanté a dar el paseíto. Salí por la otra punta de la playa y me fui directo a casa a comer. Anoche recibí un whatsapp de este amigo en el que me decía “He cumplido, tu toalla sigue en su sitio”. Esta mañana, cuando he vuelto a bajar a la arena a recoger mi toalla con el escudo del Real Madrid me he encontrado con que un vagabundo dormitaba sobre ella. Me acerqué cautelosamente y le pregunté al señor si era del Madrid, a lo que me respondió con un gruñido en alemán. Entendí que sí y se la dejé.

“Guárdame el sitio, que ahora vuelvo” es también lo que le debió decir Mariano Rajoy al señor que ocuparía su cargo de registrador de la propiedad cuando este se metió en política. Hoy, por fin, más de tres décadas después, Mariano le dijo como el que ha ido al baño y ha vuelto: “Ya estoy aquí, gracias”. Informaba un periodista por Twitter que el expresidente llegaba 50 minutos tarde a su puesto de trabajo en el registro, Manuel Jabois le corregía: no, llega con 35 años y 50 minutos de retraso.

Y, es que, hay personas cuyo único empeño vital es dedicarse a lo que no son. Como el sucesor del propio Rajoy en la Moncloa, Pedro Sánchez, que teniendo todas las condiciones para ser jefe de planta de El Corte Inglés se empeñó, a toda costa, en ser Presidente del Gobierno. Y todo por poder hacer running, ante las cámaras, por los jardines monclovitas.

O Iñaki Undargarín que, nacido para el balonmano, quiso jugar a ser duque empalmado. Ayer, el diario El País, en una elocuente crónica, daba pistas de su posible vuelta al deporte de la pelota en la mano: “Sin otros presos en el módulo, sus actividades deportivas se limitarán a jugar al frontón en el patio”, decía la última frase.

Otro caso más provechoso es el de Antonio Escohotado, que pidió una excedencia de su puesto de funcionario en Madrid para irse a Ibiza y allí experimentar con las drogas y el sexo, fundar la mítica discoteca Amnesia y dar con sus huesos en la cárcel, para salir de allí con ‘Historia General de las Drogas’ escrito.

El alcalde de Cádiz, ‘Kichi’, es otro maestro de la excedencia. Al poco de obtener una plaza como profesor de Historia se dio de baja por depresión. Una baja que encadenó con una liberación en un sindicato de maestros. Se le acababa el cuento, y no se le ocurrió una cosa mejor que presentarse a la alcaldía de Cádiz. Todo fuera por no volver a las aulas.

Y no podían faltar en este catálogo de disfrazados la alcaldesa de Barcelona Ada Colau y la Presidenta de la Junta Susana Díaz. Nacida una, como dijo Felix de Azúa, para ser pescadera en La Boquería, y otra para regentar una charcutería en Triana.

En fin, como decía la popular copla: “Màxim Huerta si no sabes gestionar pa’ que te metes”.

Fisking a la epístola de ‘Kichi’ a Monedero (muy deficiente, profe)

Querido Juan Carlos,

[después de coma no va mayúscula] Hay cosas que es mejor decirlas porque de no decirlas [callarlas: por no repetir verbo y ahorrar en palabras] se enquistan y se vuelven cancerosas [aquí, al menos una coma o punto y coma] y no en un año, ni en dos, ni en diez, más tarde, cuando ya la memoria se ha librado de la carga y el corazón ya no recuerda la herida [¡cuántas mentes ha destrozado la cursilería de Galeano], te hacen un agujero negro que crece en cualquier parte del cuerpo,[dos puntos] en el estómago, en el pulmón, en la garganta o en la lengua. Y todo por no decirlo, por no hablar.

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Kichi antes de Kichi

En mi periodo práctico en Radio Cádiz hubo una época que semanalmente pasaba por la Plaza de Mina a recoger los gritos y cánticos de consigna de un grupo de profesores y monitores indignados. Se concentraban ante la delegación de Educación para protestar contra las exigencias que la consejería había impuesto a los monitores escolares para preservar su puesto.

De esta marea verde, cuya portavoz era la hermana del actual jefe de prensa destitulado del Alcalde, me llamaron la atención un par de jóvenes: ella por su peinado batasuno y su actividad vehemente, y él simplemente porque llevaba el megáfono y el bombo, vamos, que era lo que se conoce como “er tonto er sirbato”.

Recuerdo que cantaban un cuplé con música de las Momias de Güete: que empezaba diciendo que “desde las siete de la mañana/los monitores están dando la cara”, y terminaba con un demoledor “Pero como yo no soy monitor/ según el Luciano [Alonso]/ desde la cola del paro/ me cago en sus muertos tós”.

Tal gracia me hizo el cuplé que les pedí que lo repitieran un par de veces más para grabarlo completo y con más nitidez sonora. De manera indirecta estaba alentando el escrache al Consejero de Educación.

A mi jefe de redacción le gustó tanto el cuplé que lo emitimos íntegro (sin censura) en el informativo del mediodía.

Ellos se animaron tanto con sus cánticos que decidieron sacar un disco de villancicos reivindicativos. No sé si llegó a ver la luz, pero sería una delicia poder escucharlo.

Por cierto, unos meses después, la chica del peinado batasuno se convirtió en eurodiputada, y “er tonto er sirbato” en alcalde de Cádiz.