machismo

El perro andalú

Vayan estos tres relatos a la atención del Instituto Andaluz de la Mujer, a la de la Junta:

Con apenas dieciocho año recuerdo salir de juerga por El Puerto a finales de verano. Callejeando, un amigo y yo, nos desviamos del resto en busca de una esquina tranquila donde cambiarle el agua al canario. Un par de puretonas (tendrían 15 años más que nosotros) iban riendo detrás nuestra, y una de ellas agarró las nalgas de mi amigo. La reacción de este fue inmejorable, “¿puedo yo también?”, preguntó amablemente. Y ¡pum!, palmadita de vuelta en el pompis de la pureta. La cosa quedó empatada.

Me contó mi padre que, también con dieciocho años, salía de casa tras las uvas para dirigirse a su primer cotillón. Caminaba por las calles del centro de Granada cuando un par de jóvenes exaltadas de su edad empezaron a gritarle desde una ventana próxima “¡tío bueno!” y de ahí para arriba. Él, nervioso y distraído, chocó contra una farola y se hizo una brecha en la frente.

En mi colegio cada año se celebraba (y se celebra, supongo) un torneo de fútbol del que participaban todas las clases de secundaria y bachillerato. La final de este era el gran evento de la fiesta de la escuela. Al partido asistían principalmente niñas con los nombres del guapito o chulito de turno pintados en ciertas partes de su cuerpo. Apoyaban a este o a otro jugador con gritos y cánticos tales como “¡Pepe, guapo!”, “Juanito, buenorrooo” y aún más “Paco, capullo, queremos un hijo tuyo”.

Y me pregunto: ¿Son estas mujeres unas cerdas por gritar barbaridades?, ¿son gallitas por “opinar libremente sobre nuestro aspecto físico”?, ¿son pulpas por palpar traseros? ¿son buitras, son búhas, son gorrionas?

Yo creo que no.

Si consideramos que todo hombre es un potencial acosador o violador, y toda mujer una posible víctima, el pacto por la igualdad está roto: lo rompen ustedes mismos al dividirnos en agresores y víctimas, en animales y mujeres. Lo único que van a conseguir por ese camino es desnaturalizar las relaciones entre mujeres y hombres y agrandar la brecha entre los dos géneros.

#NoSeasAnimal

Machísmo

El Granada es un equipo machísta (que no machista). O sea, no se confundan, que su machísmo no es una “actitud de prepotencia de los varones frente a las mujeres” (RAE), nada más lejos; sino una dependencia de Darwin Machís.

Sí, el Granada a día de hoy sufre (o goza, según se mire) de machísdependencia, aceptémoslo. Y es que, sin el jugador venezolano en el césped el equipo apenas genera peligro ofensivo. En los tres partidos ligueros que no ha disputado Machís (el último frente al Reus el pasado sábado), se ha demostrado que el Granada de Oltra -sin él- es como un buen cuchillo sin afilar; con un mango firme, elegante y bien tallado, y una hoja fabricada con un metal de calidad, pero que ni corta, ni pincha: solo sirve para untar mantequilla o sobrasada. Acuérdense por ejemplo del partido contra el Sevilla Atlético en casa: tampoco estuvo presente el extremo venezolano.

El jugador suramericano ha participado en las ocho victorias del Granada. En los tres partidos que no ha disputado, por sanción o lesión, el equipo ha empatado en dos ocasiones y perdido en una. Además, siempre que este ha marcado, el Granada ha obtenido los tres puntos: Córdoba (2 goles), Hoya Lorca (3), Huesca (1) y Almería (1).

Cuando Machís está en el campo, el equipo le busca continuamente para que sea él quien desborde por la banda izquierda y genere la ocasión de gol. Cada vez que el ‘once’ tiene el balón se intuye el peligro para el rival. Y hace bien el contrario en alarmarse cuando el extremo conduce la bola en sus pies: Machís es el segundo máximo goleador del equipo (7), y solo le supera Joselu, que lleva ocho tantos en su haber. Además, ha dado hasta la fecha cinco asistencias de gol, el que más del Granada y el cuarto de la Liga 1|2|3 (lo cual invalida las acusaciones de individualista o chupón: y es que como todo crack que se precie, gusta de hacer alguna filigrana innecesaria).

El extremo zurdo hace mejor al equipo. El rendimiento ofensivo del Granada no solo mejora por Machís, sino que lo hace con Machís: es decir, que este con su sola presencia en el campo aumenta la efectividad del rendimiento en ataque de sus compañeros: probablemente más confiados y atrevidos. Especialmente Joselu funciona de maravilla cuando el tucupiteño está en el once.

Pero, al igual que el otro extremo, Pedro Sánchez (seis goles y tres asistencias), Darwin Machís (que ha marcado sus ocho goles en Los Cármenes) muestra un rendimiento muy desigual en casa y fuera. En muchos de los encuentros como visitantes se ha visto mermada notablemente la capacidad de ambos jugadores: esto en buena medida ha sido el motivo por el que el equipo solo ha obtenido dos victorias fuera (Alcorcón y Soria).

Pese a este último apunte, no cabe duda de que Machís es la única pieza irreemplazable en el puzle de Oltra. No nos queda otra, a los granadinistas, que ser machístas.