Sur

Almudenas

Almudena no ha vuelto a leer a Almudena desde aquella tarde. 

Tomaba el tren a Málaga para conocer a su admirada escritora, Almudena Grandes. Con la ilusión virgen y el libro ‘Los besos en el pan’ bajo el brazo, se apeó en María Zambrano. Ya en La Térmica cayó en que se había dejado la novela en la mesilla del hotel. No importaba. Compraría otro ejemplar allí mismo. 

Almudena se enganchó a la prosa de su tocaya en el prólogo de la década de los noventa, con novelas como ‘Las edades de Lulú’ y ‘Malena es nombre de tango’. Luego vinieron ‘Atlas de geografía humana’, ‘Los aires difíciles’ y ‘El corazón helado’. Se podría decir que, hasta esa tarde, era lo más parecido a un ídolo que tenía. 

Vestida de emoción, como es ella, se acercó tras la conferencia a que la Grandes le besara el ejemplar recién horneado. Y, de paso, entregarle un manuscrito autobiográfico que llevaba años confeccionando. Le firmó maquinalmente y tomó la carpetilla, en la que Almudena le confiaba su vida, como quien coge un folleto publicitario en la calle.  

A su lado estaba Eduardo Mendicutti, que la vio triste, y que incluso le invitó a pasar a la sala de escritores. Una vez allí, entre vino y canapés, Almudena tuvo el honor de conocer y entablar amistad con otra escritora sin libros, María del Mar. A ella le dedica Antonio Soler su última y magna novela, ‘Sur’: “María del Mar, /sur, norte, este, oeste. / Rosa de los vientos/” 

Por más que una se apellide Grandes, la Almudena grande es la Sampalo, mi madre.

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