tonto

Hay más tontos que botellines (recuperado)

Así es, como decía el periodista Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, en España “hay más tontos que botellines”, a lo que el comunicador Carlos Herrera, añadiría: “De tontos que hay, entra uno por La Coruña y se cae otro al mar por Almería”. Entiéndase ‘tonto’ por su primera (falto o escaso de entendimiento o razón) y/o cuarta acepción en la RAE (dicho de una persona pesada, molesta). Un ejemplo claro de estos tontos a los que me vengo a referir es Alvaro Ojeda, sí, ‘el cateto de los videos’.

Este ‘señor’, se define en su web personal como “periodista, comunicador, publicista, polemista y showman”. Los dos últimos calificativos (polemista y showman), hace honor a ellos, con creces. A los que somos comunicadores y periodistas, nos hace un flaco favor definiéndose como tal. A los publicistas más de lo mismo. ¡Qué manera de arrojar a la basura y desprestigiar nuestro oficio! Ojeda, entérese bien lo que se entiende por periodista (o comunicador o publicista), y verá que discierne mucho de su repugnante labor. Por cierto ¿Dónde está su título de graduado o licenciado en Ciencias de la Comunicación?, ¿Y el de Publicidad? Por favor, no arrastre más nuestro oficio, que ya muy pisoteado y prostituido está. Autodenomínese eso, simplemente showman y polemista, que no precisan de carrera, o simplemente tonto, a secas.

A ‘Alvarito’, le vendría como anillo al dedo el dicho aquel de: “dele a un tonto un silbato, y verá usted el ruido que hace”. Aplicado a su terreno y actualizado quedaría tal que así: Dele herramientas de comunicación, como redes sociales, y el ruido que hará, será ensordecedor. Eso sí, un tonto no es nadie, si no tiene otros que le escuchen y difundan sus peripecias y sus sandeces. Por desgracia, y como lleva por título este artículo, en nuestro país, hay más tontos que botellines (de cerveza se sobreentiende); de ahí la fama y repercusión que alcanzan personajes como éste o muchos otros ejemplos que no pienso citar, llegando a convertirse en auténticos fenómenos de masas.

Y dirán; “pues vaya tío más imbécil el que escribe”, “sí precisamente está dándole bola al que tan a gusto denomina tonto”, “sí está entrando al trapo”… Todo tiene su explicación: No es que yo le siga, es que él me persigue allá donde vaya (redes sociales, televisión, prensa, eventos, boca a boca…). No escribo estos párrafos por envidia, o por no tener de que hablar, o simplemente por criticar. Cada uno es libre de expresarse, y si a este señor, la procedencia (que no la providencia), le ha concedido poca o nula inteligencia, y quiere hacer gala de ella, adelante, yo no me meto. ‘Amigo’, usted es libre de pensamiento y acción, lo que no sé, es si sabrá aquello mil veces repetido de que su libertad acaba donde empieza la de los demás. Y usted, ha traspasado esa delgada línea. Por ello, escribo estas líneas a modo de alerta, de denuncia si cabe. ¿Y denunciar el qué?

Pues denunciar su falta de ética personal, la cual hace pública mediante sus vídeos y difusiones, en los que hace acopio de un lenguaje chabacano y corrosivo. Denunciar el innumerable número (valga la redundancia) de colectivos a los que degrada y denigra constantemente y se mofa de ellos en tono burlón. A las mujeres, las veja cual machito que se ampara en leyes de siglos pasados. A los que no comparten su ideología política -no definida pero cercana al totalitarismo y con tintes falangistas-, los pisotea y recurre a agravios y ofensas personales. Llega incluso a dar muestras de discriminaciones étnicas. No contento con ello, en sus vídeos, humilla constantemente a personas anónimas que tienen la mala suerte de encontrarse en el lugar y a la hora equivocada. Hasta algún animal que otro ha tenido que ser blanco de su peculiar sentido del humor.

Eso sí, todo esto maquillado por una máscara de buena persona. Se cree que por sacar de vez en cuando a algún pobre desgraciado en sus videos y hacer alarde de que el contribuye a su causa, va a ser redimido. Pues claro que no, señor Ojeda. incoherente con sus principios -los que ya no preconiza-, maquilló también su aspecto y tono, atrás dejó las pintas de señorito jerezano, de patilla y camisa Espagnolo; ahora viste ‘modernito’, que eso de parecer un ‘fachoide’ vistiendo da mala imagen. Ya no va despotricando a diestra y siniestra contra el gaditano y el Cádiz Club de Fútbol, no, ahora es fan, que le dan de comer en Radio Marca.

Sin más, espero que sirva de algo; ya sea para cambiar la atención y opinión de sus seguidores, o quién sabe si incluso moderar las apariciones del propio Ojeda (pobre utópico de mí). Y por cierto, vaya imagen que da de nuestra Andalucía… así cualquiera nos quita el sambenito.

Ojeda con dos cojones (en defensa de la incorrección política)

Hace casi dos años que escribí un artículo, “Hay más tontos que botellines”(mi blog cerró, aquí lo recuperé) bastante crítico con Álvaro Ojeda, del cual a día de hoy no me arrepiento (hay etapas) pese a que haya cambiado mi percepción del sujeto. En las siguientes líneas pretendo desmontar mi propia opinión pasada y defender, en la medida de lo posible, a Álvaro Ojeda.

La palabra que más repetí, por activa y por pasiva, en mi citado y enlazado texto fue “tonto”. Sí, (des)califiqué a este tipo de tonto hacia arriba. Me equivoqué: ¿Cómo pude yo llamar a Ojeda tonto? Ojeda no tiene de tonto un pelo, que yo sepa nadie le ha dado nada hecho: todo lo que tiene (la influencia, la fama, el empleo-el dinero) se lo ha ganado él solito desde la nada. ¿Se puede (des)calificar de tonto a alguien que comenzó con una cámara barata, una silla y su palabra, se hizo viral, formó una legión de seguidores, y hoy colabora en un diario nacional cobrando lo que Inda no le pasa a sus niños y le publican y vende libros? Simplificando la cuestión, ¿es tonto alguien que de la nada ha logrado empleo, remuneración, fama e influencia (y no precisamente en cantidades exiguas)? Ahí dejo eso…

Mi artículo en cuestión fue muy aplaudido y recibí en el blog un número de visitas desorbitantes (para mis números habituales): en torno a 150mil usuarios pasaron por el post, cuando lo habitual es que no superase los 300 usuarios por entrada. Me pregunto cuál fue el secreto del éxito de dicha opinión vertida…, como una fórmula de la Cocacola lo busco y lo busco en pos de la receta del éxito (si hubiese tenido ese número de visitas por artículo otro gallo cantaría en mi carrera profesional como periodista). ¿Fueron las musas?, ¿la temática?, ¿el sitio y el momento?… Hay algo de lo que si tengo certeza que contribuyó a la buena acogida de la paliza verbal a Ojeda, y es la corrección política que utilicé en el texto, totalmente impropia de mí (huyo de ella, tengo pesadillas con ella). ¡Cuán fácil es criticar a Ojeda (políticamente incorrectísimo y controvertidísimo,… ah y de derechas) y que te aplaudan! Prueben a hacerlo con Jiménez Losantos o con Sostres, el resultado será similar. Eso sí, no se les ocurra meterle mano a Wyoming, al Follonero o a Preescolar.

Sigo, párrafo aparte, desmenuzando mi artículo y su política corrección. En este vine a decir que Ojeda era un intolerante que no respetaba las ideologías diferentes, que era un machista retrógrado, un fascista y un etcétera de calificativos sacados del manual de bolsillo de insultos de la nueva izquierda (y lo de cuñado porque aún no se llevaba…). Y es cierto que este señor sea algo machista, ¿y qué?, que tire la piedra el que no tenga su ramalacito machistoide; además no creo que Ojeda se enorgullezca de ello, ni hace apología de su machismo (al menos de forma [mal]intencionada). Que no tolera o respeta otras ideologías… él no pone la mordaza ni censura a nadie, simplemente da su opinión libre, natural, desnuda, puede que hasta sin pensarla. Critica a Podemos o al independentismo de manera, muchas veces, agresiva y desacertada: ¿Y? ¿Acaso Podemos no es un partido liderado por una cúpula endogámica, agresiva y desacertada (más en sus propuestas que en su análisis)? ¿No es el independentismo una agresión a España y un desacierto absoluto? Y aunque no lo fueran, este hombre (y tú) puede decir lo que le salga de los cojones: siempre ateniéndose a las consecuencias. Si no te gusta, no lo escuches. Y ¿qué tiene Ojeda de “falangista”? El color de la camisa, porque de los ideales primigenios de José Antonio Primo de Rivera (junto a Ruíz de Alda y cía.) a los que preconiza Ojeda hay siete galaxias.

Vale, Ojeda es bastante inculto, es cateto y es un patriotero: es verdad, pero ¿acaso no es así el españolito medio? ¿Qué tiene de malo? Es el quinto pecado capital, la Envidia (perdón por la mayúscula) la que lleva al redil a despellejarlo. ¿Cuántos periodistas (y no periodistas) como yo, desempleados, envidiamos un puesto como el de este hombre? A mí, me jode mucho poner Telecinco y ver el circo de colaboradores no-periodistas que están cobrando un pastizal en torno al periodismo rosa (por cierto, una rama periodística tan respetable como cualquier otra); también me jode ver que Ojeda, que no tiene título de Periodismo (como Carlos Herrera, como Wyoming, como Lama…) esté en la pomada precisamente del periodismo nacional. Me jode, pero me aguanto, porque es que es lo que hay, es el panorama que nosotros mismos hemos creado y alimentamos. Volviendo al artículo, en el que le ataqué por su ausencia de titulación periodística y el desprestigio de la profesión que estaba favoreciendo. Pero, ¿es que acaso está profesión no está por los suelos? ¿Cuán mínima será la cuota de culpabilidad de Ojeda?

“Ladran, luego cabalgamos”: Esta expresión o cita popular que se le atribuye erróneamente al Quijote de Cervantes, podría ser perfectamente el leitmotiv de Ojeda. Y es que si los fariseos custodios de la corrección política y de la moral hacen ruido es que Ojeda está cabalgando. Si hay decenas de páginas en redes sociales donde se agrupan odiadores profesionales de Ojeda, si el Jueves lo animaliza cada miércoles sin falta, si le conceden premios al “tonto”, al “cuñado”, al “gilipollas” del año… es que está haciendo daño; es que tiene influencia y está jodiendo. Ojeda le está haciendo mucha pupita a la autodeminada progresía; sin más armas que su palabra.

Posdata: No entiendan mi abrupto cambio de opinión como un ataque de bipolaridad o ausencia de criterio, tómenselo como lo que es, una maduración de la opinión de alguien que está en proceso de formación, abriendo los ojos. Yo ni lo sigo (a Ojeda), ni lo seguiré, porque ni me hace gracia ni me entretiene, pero lo respeto y desde aquí aplaudo su osadía, su naturalidad y su estoicismo. Pero sobre todo, aplaudo su Libertad (perdón de nuevo por la mayúscula).